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miércoles, 3 de junio de 2015

DÉFICIT ACTUAL DE PRECIPITACIONES EN BARRANQUILLA

Ha terminado el mes de mayo y el saldo respecto al nivel promedio de precipitaciones que lo caracteriza es negativo por cuarto año consecutivo. Sin embargo, niveles tan bajos como el de este año no se habían experimentado desde 1997. En esa ocasión la cantidad de precipitación caída fue de 25,6 milímetros, bastante coincidente con la de este último año cuyo registro estuvo en 27,8. El mes de abril pasado también ha resultado ser uno de los más secos de la historia debido a que no se registró caída de lluvias. Para ambos meses las precipitaciones han experimentado una caída sostenida desde los últimos 4 años respecto al promedio climatológico 1981 – 2010 y de acuerdo a los datos suministrados por la estación meteorológica del IDEAM instalada en el aeropuerto Ernesto Cortissoz.

Fuente: El autor
Fuente: El autor
En los dos últimos años, el comportamiento de la precipitación en el mes de mayo ha sido característico de un mes árido de acuerdo al índice de aridez de Gaussen, aún a pesar de ser el mes con mayor nivel pluviométrico promedio normalmente del primer semestre con cantidades alrededor de los 118 milímetros. Abril, a pesar de ser un mes árido en esta zona, es normal que mantenga promedios del orden de 31 mm. Sin embargo, este año no presentó precipitaciones; configurándose uno de los abriles más secos de los últimos 25 años.

Este comportamiento presenta cierta ciclicidad. Factores como la presencia del fenómeno ENOS, la ZCIT, la actividad en El Caribe durante la temporada de huracanes y la oscilación del atlántico norte (NAO por sus siglas en inglés), entre otros, condicionan el régimen de las variables meteorológicas en la región, especialmente de las precipitaciones, las cuales tienen una marcada estacionalidad. Por lo tanto es muy probable que el comportamiento actual sea transitorio y nuevamente retome una tendencia alrededor a los promedios normales.

Más allá de lo que se evidencia en el momento, al hacer un análisis entre los promedios climatológicos de las series de tiempo 1971 – 2000 y 1981 – 2010, se puede observar un aumento en la precipitación anual promedio, especialmente desde junio a diciembre. Tal ha sido el aumento que el régimen pluviométrico con característica bimodal que presenta la ciudad está pasando a ser monomodal, principalmente debido al incremento de los promedios en los meses de junio, julio y agosto.

Fuente: El autor

Realizando un análisis de anomalías y tendencias de las precipitaciones en los meses de abril y mayo, utilizando una correlación polinómica para seis períodos, se prevé que, matemáticamente, para los próximos años debe darse un aumento en las cantidades de lluvia caída para ambos períodos.

Fuente: El autor

Fuente: El autor

Incorporando el índice de aridez de Gaussen al análisis de los datos se puede establecer que de acuerdo al comportamiento de la precipitación y la temperatura promedio, el mes de mayo se configuró como un mes árido más allá de que en condiciones normales no lo es. 

Observando los gráficos del índice señalado se puede evidenciar que los meses que entran según los promedios de la serie de tiempo 1981 – 2010 en la categoría de aridez (niveles por debajo de la línea roja) son diciembre, enero, febrero, marzo y abril. Junio, julio y noviembre se pueden considerar semiáridos, mientras que los catalogados como húmedos (niveles por encima de la línea verde) son mayo, agosto, septiembre y octubre.  

Fuente: El autor


El índice de aridez de Gaussen determina que:

En lo que va corrido de 2015, hasta mayo 31, la cantidad de precipitación caída ha sido de 69,6 milímetros. A esta fecha el nivel normal debe estar alrededor de 153 milímetros. Además de ello el mes en que más ha precipitado durante el año ha sido febrero (41 mm), algo inusual por cuanto este es un mes en donde normalmente se presenta escasa presencia de lluvias. Este comportamiento no debe ser motivo de alarma pues obedece a características propias de la variabilidad climática. 


Nelson Vásquez Castellar




martes, 24 de febrero de 2015

LOS MERCADOS ENERGÉTICOS Y EL RETO DE MASIFICAR LAS ENERGÍAS RENOVABLES

Una gran demanda de energía para calefacción existe por estos
días en Norteamérica debido a las bajas temperaturas que registran
los termómetros. Fotografía de Carina Vásquez
La carrera por los recursos naturales se hará más frenética en la medida en que se aplace la apuesta decidida hacia la masificación del uso de las energías renovables en detrimento de la energía fósil, ya en declive y altamente contaminante. Mientras más se tarde en dar este paso, la posibilidad de confrontaciones y sus flagelos derivados por el apropiamiento de los recursos naturales escasos será más palpable, por no hablar de las catástrofes ambientales, un tema ya bastante trillado, y sus impactos en las poblaciones más vulnerables. Los mercados energéticos deben reaccionar ante este desafío, el afán rentístico debe dar paso a la conciencia.

De acuerdo a la opinión de muchos analistas los recursos energéticos mundiales resultan suficientes para satisfacer la demanda actual y prevista en las próximas décadas, pero la disponibilidad de los mismos se prevé que será cada vez más costosa. Básicamente entran en juego factores como las tecnologías disponibles, la capacidad de almacenamiento, los canales de distribución, la democratización, la regulación para un acceso equitativo de agentes y sectores interesados, voluntad política y sobretodo, liderazgo. Un liderazgo apropiado para los momentos actuales y venideros; es decir, transparente y razonable, coherente con la ingente necesidad de dar un vuelco a esta carrera frenética hacia el abismo al que conducen el despilfarro energético y su estela de contaminación y degradación ambiental.

La comodidad provista por las fuentes fósiles introdujo a la humanidad en un gran letargo del que aún no logra escapar. El hecho de perforar extraer y quemar se arraigó tanto en la cultura industrial de la época que se convirtió en un símbolo característico del siglo XX y aún del XXI, en el motor del desarrollo, el impulso para superar los límites de la escasez, la movilidad, el hambre y la comunicación. El confort ha sido la obsesión perseguida desde que el acceso a las fuentes fósiles se convirtió en una actividad masiva y a la orden del día para los grandes inversores. La dependencia de la energía derivada de estás ha llegado a tales límites que no se visualiza aún la vida sin su fácil disponibilidad. Todavía la humanidad se aferra a su omnipresencia, no se resigna a su creciente escasez y a tener que abandonar su uso para volver a las fuentes renovables primarias. Lo paradójico es que todo ello ha llevado a un gran deterioro ambiental y al impulso, de acuerdo al IPCC, de un calentamiento atmosférico acelerado que pone en riesgo la estabilidad social y política mundial.

Es claro que es el momento propicio para dejar atrás progresiva y oportunamente la energía proveniente de las fuentes fósiles, de no hacerlo ahora las posibilidades de recuperar o restablecer ecosistemas en deterioro, especies en vía de extinción y desacelerar el ritmo del calentamiento, se reducen considerablemente; sin embargo, es necesario que para ello se establezcan acuerdos pertinentes sobre la base del bien común y de la integración. Además, se debe tener en cuenta que la oferta directa o indirecta de la energía solar, el viento y las mareas no son coincidentes con los tiempos de demanda del hombre, esta es variable con la latitud, con la estación, con el día y la noche; por lo tanto, el reto es como se integran, como se almacenan, como se hacen sistemas más baratos y ubicuos, económicamente alcanzables para todo el mundo.

El enfoque en la  generación de energías renovables debe superar el escollo de la desigualdad, propiciar el acceso libre de todos a un consumo mínimo sustentable sin dejar de lado que hoy en día el medio ambiente debe ser el condicionante principal de la tecnología energética.


Los mercados energéticos y sus subsectores son muy heterogéneos y las características de naturaleza geológica, técnica, geopolítica, de mercado, fiscal y de regulación, varían según el combustible, según la etapa de la cadena del combustible y según la región. Integrarlos para acudir al llamado del planeta y a la preservación y restauración ambiental es un reto que se debe acometer antes de que sea demasiado tarde.

Referencias:

Scarpellini, S., Aranda Usón, J. A., & Zabalza Bribián, I. (2008). Introducción a los mercados energéticos. Zaragoza, España: Universidad de Zaragoza.

Vásquez Castellar, N. (22 de Febrero de 2015). Biocombustibles, el remedio puede resultar peor que la enfermedad. Obtenido de El observador: http://elobservadorm.blogspot.com/

Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com

sábado, 21 de febrero de 2015

Biocombustibles, el remedio puede resultar peor que la enfermedad

Bahía Solano, en la selva Chocoana.
Fotografía tomada y cedida por Gloria Mosquera.
En busca de una alternativa para sustituir progresivamente la energía proveniente de fuentes fósiles por otras que se generen a partir de recursos naturales renovables y menos contaminantes, los biocombustibles se erigieron, desde hace aproximadamente una década, como la panacea ante el incremento de las emisiones desmedidas de dióxido de carbono (CO2) y su efecto en el sistema climático terrestre. El hecho de que pudieran obtenerse a partir de la biomasa daba por sentado su permanente disponibilidad sin pensar en agotamiento debido a que dependían de las bondades de la madre tierra, siempre presta a fructificar en favor de la humanidad. Sin embargo, cabría pensar en estos momentos si al incrementarse en mayor medida su consumo, dada la gran apuesta como negocio que representan ¿Se pondrá en peligro la seguridad alimentaria de algunas regiones vulnerables del planeta? ¿Será sostenible si la frontera agrícola se expande en desmedro del bosque? ¿Cuál es y será su efecto en las emisiones de carbono?

Aunque en la actualidad los biocombustibles representan solo el 2.5% dentro de la gama de fuentes energéticas, un aumento significativo, como se prevé a un futuro cercano, podría arrojar resultados contraproducentes. Se espera que para 2020 en Europa las energías renovables, especialmente los biocombustibles, representen el 10% de su combustible de transportación. Para Estados Unidos se espera que esté alrededor del 12% para el mismo horizonte de tiempo y de acuerdo a la Agencia Internacional de Energía Atómica, se espera que para mediados de siglo las necesidades de transportación sean cubiertas en un 27% a nivel mundial por la biomasa. Estas proyecciones pueden fortalecer el optimismo respecto a la sustitución paulatina de fuentes fósiles; sin embargo, en materia de impactos en el volumen de emisiones de CO2 y seguridad alimentaria, este puede no ser tan positivo.

Reviste gran preocupación que se destinen extensiones de terreno fértil para la producción de materia prima con el afán de suplir la necesidad que de biocombustibles demandan la industria del transporte, principalmente, y el sector energético, en menor medida, cuando las necesidades alimentarias de la población mundial van en aumento conforme se incrementa la densidad demográfica del planeta y la fertilidad de los suelos por factores de tipo climático, contaminación y sobrepastoreo, se reduce. Conforme aumente la demanda será mayor la disposición de terreno para suplirla y este no podrá ser destinado para la producción alimenticia.  

Además de lo anterior, el que se destine cada vez más terreno con fines agrícolas supone un cambio significativo en el uso de la tierra debido a la necesaria deforestación que ello acarrea. Quitarle más extensión al bosque y la selva, tal como se ha venido presentando en la Amazonía y en la selva del Chocó, por citar solo dos ejemplos, equivale a resentir el equilibrio ecosistémico, liberar carbono a la atmósfera reduciendo a la vez la capacidad de fijación del mismo por parte de la vegetación, atentar contra la biodiversidad y modificar la capacidad de reflexión de la radiación solar por parte del terreno (albedo superficial).

La liberación de carbono es un punto crítico a la hora de evaluar los beneficios de los biocombustibles; por ejemplo, el carbono que se almacena en los bosques o en los pastizales es liberado del suelo a través de la conversión del terreno para la producción de cultivos. Mientras algunos de estos cultivos pueden generar ahorros de gases de efecto invernadero, tal es el caso del maíz destinado para la producción de etanol y el pasto varilla con 1,8 y 8,6 toneladas de dióxido de carbono por hectárea al año respectivamente, la conversión de pastizales para llevar acabo estos cultivos emite alrededor de unas 300 toneladas por hectárea. Y más aún cuando la conversión es a expensas de tierras forestales, en cuyo caso la emisión se encuentra entre 600 y 1000 toneladas por hectárea (Fargione et al., 2008; The Royal Society, 2008; Searchinger, 2008). De acuerdo a esto, el argumento de la neutralidad de la bioenergía en términos de carbono sostenido sobre la base de que las plantas recuperan el CO2 del aire cuando crecen compensando la emisión de este por haberlas quemado como combustibles, pierde sustento. Destinar un pastizal, un campo de maíz o bosque para generar energía requiere desestimarlo para la producción alimenticia o para el almacenamiento de carbono.

Deben existir unos niveles críticos hasta donde la producción de biocombustibles sea favorable. Está claro que en la sustitución de fuentes fósiles hacen parte de un todo, de una miscelánea de alternativas que aglutina a la energía solar, la eólica, la geotérmica, nuclear, etc. Dejar todo el peso o una parte demasiada amplia de la sustitución sobre los biocombustibles es insostenible.

Nelson Vásquez Castellar

metparatodos@gmail.com

viernes, 20 de febrero de 2015

LA LEY Y EL BOSQUE

Cuenca del Río Magdalena, Colombia. Archivo personal del autor.
La constitución política colombiana, así como un gran número de leyes, decretos y otros acuerdos reglamentarios establecen un marco normativo bastante robusto y exhaustivo respecto al medio ambiente. En esta materia se puede considerar a Colombia como pionera, por lo menos en Latinoamérica; pues, el marco reglamentario es bastante atractivo en el papel. Y en este aspecto es importante resaltar el establecimiento del código de recursos naturales renovables desde hace 40 años, el cual es el mejor instrumento con el que cuentan las autoridades ambientales para proteger el patrimonio ambiental colombiano. Este fue el primer cuerpo normativo en lo que respecta al medio ambiente que se formuló en América latina y es un ejemplo de la confluencia de diferentes visiones y consensos entre sectores de interés nacional.

No cabe duda de que se han dado pasos importantes en materia de protección y regulación del medio ambiente, así como de clasificación y delimitación de zonas y áreas protegidas. Sin embargo, en la práctica todavía falta mucho trecho por recorrer para que se adopten y se instrumentalicen las medidas establecidas. La relación entre economía y medio ambiente aun no es lo suficientemente sana como para concluir que las normas han surtido el efecto esperado. La corrupción y el clientelismo administrativos sacan la cabeza en esta relación, pues el otorgamiento de licencias y demás permisos de corte ambiental aún se realiza por fuera de los cánones reglamentarios al mejor postor. El ejemplo más palpable de ello es la minería, la cual está dejando una gran estela de destrucción y contaminación hídrica y atmosférica además de un desbalance ecosistémico y destrucción boscosa.

Enfatizando en esto último, un aporte importante en materia de protección de bosques y masa forestales es el decreto ley 2811 de 1974 que contempla la ordenación, manejo y aprovechamiento forestal, además de otras disposiciones de carácter ambiental. La importancia de los bosques hoy es superlativa, especialmente en cuanto a la agitada carrera contra el calentamiento global y la protección de la biodiversidad. El que Colombia posea esta normativa es un avance para la salvaguarda de uno de los ecosistemas más críticos e importantes para el equilibrio climático del planeta, pero de no implementarlo en la práctica la reducción de su extensión en el país seguirá con su ritmo acelerado.

El gran servicio que prestan los bosques y las grandes masas forestales en general para el planeta es incalculable, desde el alojamiento de un gran número de especies, pasando por el aporte a los avances de la medicina, la regulación climática y la provisión maderera, hasta la fijación del dióxido de carbono, principal agente antrópico señalado, supuestamente, como determinante del incremento de temperatura global que nos asiste en la actualidad.
Deforestación en la selva Chocoana. Archivo Resista Semana

La deforestación a gran escala que sufren cuerpos forestales como la pluviselva amazónica o la selva chocoana atenta, además, con  la disponibilidad hídrica para comunidades que viven al interior de estos y ciudades enteras que se abastecen de ello. Los bosques juegan un papel fundamental en el ciclo hidrológico a través de la contención de las lluvias, la infiltración de agua en el suelo y la absorción por las raíces; así favorecen el control de la escorrentía superficial y blindan a poblaciones cercanas de inundaciones y deslizamientos. Incluso, en los dos ecosistemas mencionados la gran densidad forestal permite la generación de precipitaciones vía evapotranspiración. Por ejemplo, la selva amazónica produce aproximadamente el 50% de la precipitación caída en la cuenca, además del 20% del oxígeno de la tierra. Igualmente la influencia del bosque chocoano es determinante para que esa región del pacífico colombiano sea una de las más pluviométricas del mundo.

El sistema climático terrestre se encuentra en gran medida regulado por los bosques. Si la extensión de estos se sigue reduciendo posiblemente se darán cambios que impactaran negativamente el modo de vida confortable de muchos pobladores del planeta. 13 millones de hectáreas se pierden anualmente por deforestación en el mundo y mucho de esto es irrecuperable. Y Colombia hace, desafortunadamente, un aporte importante en esa problemática; la expansión urbanística, la extracción ilegal de madera, la minería, la expansión agrícola y de cultivos ilícitos, hacen mella en la extensión forestal del país bajo un desacato continuo de las leyes.

El que exista el decreto ley 2811 de 1974 en Colombia solo será significativo en la medida en que las disposiciones, reglamentaciones, recomendaciones y otros que allí se sustentan sean acatadas y respetadas. Algo que hoy brilla por su ausencia.

Nelson Vásquez Castellar 
metparatodos@gmail.com

domingo, 15 de febrero de 2015

Algo característico en las ciudades de hoy, la permanente bruma que acompaña al paisaje.

Bruma sobre la ciudad de Madrid, España.
Una atmósfera parda y opaca que se revela como señal inequívoca de la gran actividad industrial y doméstica, lo que algunos asimilarían como sinónimo de desarrollo, se ha hecho perenne en cualquier postal de cualquier gran ciudad en estos tiempos. Se podría considerar equivocadamente, por analogía, que a mayor contaminación mayor desarrollo. Y como desarrollo es sinónimo de bienestar, también se podría considerar absurdamente que habrá más bienestar cuanto mayor sea la contaminación. Esa es la gran ambigüedad en la que se mueve la humanidad: el desarrollo sustentado en la acumulación y el consumo.
Equivocadamente se ha creído en un desarrollo ligado a la maximización, ya sea del consumo, la riqueza, la rentabilidad, la producción, etc. Se constata hoy que ese no ha sido el camino correcto para encontrar el bienestar humano, ese que es inclusivo y que propende por la equidad. Los altos niveles de contaminación atmosférica, sin hacer mención de los demás, más que desarrollo, lo que suponen es un alto grado de derroche de recursos, miopía e indiferencia con el medio ambiente y la humanidad misma.
El modelo económico imperante en la actualidad de nada ayuda en la solución del problema. La contaminación del aire se acrecienta y se lleva cada vez más vidas sin que haya decisiones globales claras respecto al uso de los combustibles fósiles y el cambio hacia fuentes de energías renovables. Los adelantos son incipientes y requieren de más apoyo para paliar uno de los grandes problemas que tenemos en la actualidad.

Nelson Vásquez Castellar

jueves, 29 de enero de 2015

EL CALENTAMIENTO GLOBAL COMO PRETEXTO

Nevada producida por la tormenta de nieve Juno
a su paso  por el estado de Pensilvania EEUU.
Archivo personal de Carina Vásquez
Diferentes puntos de vista confluyen hoy en el reconocimiento del aumento de la temperatura media del planeta, fenómeno que se da a conocer como calentamiento global o, para algunos futuristas, cambio climático, dejando entrever con esta última denominación el carácter proyectivo y pesimista del término y la posición en torno al tema. Más allá de las discrepancias que existen en cuanto a la causa principal de este fenómeno, cada día se suman más posturas afines en derredor. Sin embargo, cabría preguntarse si en todas estas subyace el hilo conductor de la concientización u obedecen a otro tipo de intereses que requieren mimetizarse para esconder objetivos no tan transparentes o solidarios. ¿O es acaso una suerte de pescar en río revuelto? O más bien ¿este es el pretexto  oportunista para justificar la inercia ante las responsabilidades y la gestión que demandan temas de interés social prioritarios, o la negligencia para actuar ante problemáticas que requieren acción inmediata con el fin de garantizar el bienestar ciudadano a nivel local, regional o global? Este es un escenario variopinto, algo así como una miscelánea de intereses que no se caracterizan precisamente por tener en común como fundamento el convencimiento del problema.

Lo económico entra en juego de una manera determinante. En el trasfondo de todo, el rédito tiende a marcar la pauta, inclusive por encima de la escogencia de las mejores alternativas para paliar los efectos adversos que pueda tener el fenómeno en el bienestar de la sociedad; es decir, el riesgo económico supera al riesgo ambiental. Si la rentabilidad no se garantiza, la inversión no se genera, más allá de que la opción sea significativa en términos de mitigación o adaptabilidad. Esto es cierto a cualquier escala geográfica e independiente del origen de los fondos. Es la razón por la cual las voluntades no se encaminan de manera decidida y armónica hacia el apoyo a alternativas energéticas renovables para masificar su consumo reemplazando otras menos benéficas en términos climáticos y ambientales. Algo que se antoja lógico bajo la óptica  capitalista.

Pero el calentamiento global se ha convertido en una oportunidad de negocios y dado el carácter hegemónico del sistema económico y político imperante, su aprovechamiento está garantizado más allá de que los fines perseguidos por algunos actores del “mercado” vayan en contravía con la intención de dar pasos para desacelerar el ritmo de calentamiento y propender por la restitución y conservación ambiental. Aquellos que han sido y son agentes activos para propiciar el aumento de la problemática generando los que según la mayoría de estudios son sus factores desencadenantes, son los mismos que aprovechan el momento para presentarse como adalides de la conciencia ambiental y climática  utilizando eslóganes con terminología alusiva a la sostenibilidad. Situación que no sorprende, pues son los dueños de la chequera.

Los esfuerzos de los verdaderamente comprometidos con la causa se ven empañados por una telaraña de desinformación que induce a la población desprevenida y poco informada a tomar medidas erráticas o poco eficientes a la hora de generar un impacto positivo en la estabilización de los niveles de degradación de los sistemas vitales presentes en la naturaleza. Incluso algunos bien informados y con poder de decisión sucumben ante las dadivas y sobornos de esa mano invisible que se resiste a dar un viraje significativo acorde a lo que demanda el momento.

Tormenta sobre Barranquilla, Colombia.
Archivo personal del autor.
El calentamiento global se ha presentado como la tabla de salvación para gobernantes y líderes políticos en todo el orbe. Su ocurrencia ha propiciado la simplificación del discurso; pues ahora, todo es por culpa de dicho fenómeno. Todo se les ha facilitado al amparo de la nueva causa de todos los males. Las inquietudes sobre problemas de ejecución, control y malversación de fondos han encontrado la respuesta clave. La ineptitud y la corrupción han sumado al aliado que buscaban. Poco importa si los datos estadísticos y los análisis de series de tiempo de los elementos del clima no muestran anomalías significativas, si se da una afectación por algún fenómeno aislado de tipo meteorológico característico de la variabilidad natural del clima o si esta ocurre por la incidencia de un fenómeno natural de otra índole. No importa, la causa ya se conoce, la respuesta está servida: todo es culpa del calentamiento global, o mejor aún, del cambio climático.

Son comunes las declaraciones de los representantes de entidades competentes ante cualquier suceso natural adverso dar por hecho, en muchos casos, que la causa es el temido calentamiento del sistema climático sin antes evaluar antecedentes o verificar la naturaleza del fenómeno. Un ejemplo palpable se da en el caso de los deslizamientos de tierra (por lo menos en el caso colombiano), los cuales generalmente se producen porque ha tenido lugar previamente un proceso de deforestación no controlado, ilegal o no planificado que induce al movimiento del suelo por una pendiente de manera progresiva sobre todo cuando es permeado por la caída de la precipitación. Ante esta situación no se requieren cantidades de lluvia superiores a las normales para que dicho terreno en un momento dado pueda sucumbir; basta con que el peso del terreno por efecto de la infiltración y la falta de absorción y sostenimiento que brindan los arboles conspiren para que el evento ocurra. Cabe preguntar ¿será que la causa obedece a efectos del calentamiento global o es producto de la ausencia de controles para evitar una práctica tan nociva como la deforestación?

Algo similar se presenta cuando se permite la ubicación de asentamientos humanos en zonas de riesgo. Estos, por lo general, productos del déficit de planificación urbanística en los gobiernos locales se hacen invisibles o son poco tenidos en cuenta hasta que un día un evento meteorológico anómalo se los recuerda. Entonces, en dicho momento, se acusará al bendito calentamiento ocultando la realidad de una gestión administrativa y ambiental precaria.

Ejemplos de esta situación hay muchos, pero lo más preocupante es cuando son los supuestos entendidos del tema los que se acomodan al discurso del calentamiento en sus interpretaciones y explicaciones sobre las causas e implicaciones de eventos puntuales. Así, el análisis meteorológico pierde profundidad y la consecuencia directa de ello se refleja en la poca certeza de las predicciones.


El calentamiento del clima está siendo palpable con el paso del tiempo, así lo revelan los estudios. Sin embargo, es importante que las decisiones y las acciones producto de estas vayan encaminadas a combatir las causas reales del problema sin ambages y oportunismos.

Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com

martes, 9 de diciembre de 2014

LA AGITADA CARRERA CONTRA EL CALENTAMIENTO GLOBAL

Archivo fotográfico del autor. Cumbres nevadas, región
andina colombiana
Cada vez que surgen nuevos estudios relativos al comportamiento de las temperaturas en el planeta y de sus posibles efectos derivados, el panorama se torna más crítico y preocupante. Los hallazgos comprueban que el sistema climático, así como los diferentes ecosistemas del orbe, están respondiendo positivamente a un escenario global de progresivo calentamiento. Y en esta situación el hombre parece ser un actor principal incidiendo, de acuerdo a investigaciones, como nunca antes en la historia, en el derrotero del clima.

Es muy válido no estar de acuerdo con algunas posturas del IPCC en torno al análisis de los diferentes eventos de tipo climático, de la metodología empleada para abarcar el estudio de los diferentes elementos que lo caracterizan, de las conclusiones a las que llega luego de poner en marcha los estudios pertinentes e incluso de los factores que están propiciando la situación actual; pero más allá de posibles desacuerdos o posturas encontradas, el calentamiento del sistema climático es una realidad y en la medida en que las decisiones políticas no avancen, por lo menos, al mismo ritmo de este, el rezago se incrementará y las decisiones que se tomen poco impacto tendrán en la mitigación y en la adaptación a sus efectos.

Más allá de la influencia que puedan generar factores y mecanismos naturales, tanto internos como externos, en la configuración de ese conjunto de circunstancias en torno al clima actual y del panorama que se prevé, la aportación humana parecer ser decisiva; sobre todo en lo ateniente a las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio en el uso de la tierra, revistiendo especial importancia en esto último la expansión de la agricultura a expensas de la deforestación. A partir de aquí se desencadenan una serie de consecuencias que día a día se manifiestan generando impactos lamentables en la población a lo largo y ancho del planeta.

No es necesario exagerar, maquillar resultados para inducir decisiones o acuerdos o escenificar una catástrofe con el afán de predisponer a la comunidad para endilgar al calentamiento global la ocurrencia de cualquier tipo de fenómeno natural. Tampoco minimizar o dar por sentado que no está pasando nada, que todo sigue igual, que todo es mentira. Las evidencias saltan a la vista hoy y lo seguirán haciendo aun cuando intenten ocultarse o magnificarse. El calentamiento es inequívoco y a escala humana representa sin duda un gran desafío; por lo tanto, en la medida en que se demoran las decisiones la carrera por detenerlo o mitigarlo se pierde.

Por todo ello, urgen consensos, acuerdos racionales, principalmente entre aquellas sociedades que más contaminan, las que más consumen; pues en últimas, en el trasfondo de todo, el aporte humano a esta problemática se fundamenta en el consumo, tanto en forma como en cantidad. Aquellas sociedades que más demandan recursos deben asumir su responsabilidad.

Archivo fotográfico del autor. Un lugar de la costa
Caribe colombiana
Las conclusiones del quinto informe del IPCC acrecientan la preocupación y reafirman los hallazgos dados a conocer en informes anteriores. En este se sostiene que la influencia humana es clara y aumenta progresivamente y, además, sus impactos se observan en todos los continentes. El informe también expresa con una gran certidumbre, superior a informes anteriores, que las emisiones de gases de efecto invernadero y otros impulsores antropógenos han sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX. Thomas Stocker, Copresidente del Grupo de trabajo I del IPCC afirmó que la evaluación realizada concluye que la atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y las concentraciones de dióxido de carbono han aumentado hasta niveles sin precedentes desde hace, por lo menos, 800.000 años. 

El informe hace énfasis en que las emisiones continuadas de gases de efecto invernadero seguirán causando un mayor calentamiento y cambios perdurables en los diferentes componentes del sistema climático, con lo que inminentemente aumentará la probabilidad de impactos generalizados y profundos que afecten a todos los niveles de la sociedad y el mundo natural.

Esta información obliga a reevaluar el accionar en torno a la búsqueda por detener o minimizar los efectos del fenómeno en las condiciones de vida planetarias, no es posible obtener resultados contundentes si se sigue actuando por la misma vía. Si los gases de efecto invernadero son parte del problema, su emisión tiene que reducirse. Hay que dar marcha a procesos innovadores que propendan por este objetivo y que demuestren ser efectivos, no piezas de una estrategia en la que se amparen intereses egoístas de unos pocos gobiernos u organizaciones. Si la deforestación es otro factor que propicia esta problemática, se debe combatir de manera decidida creando mecanismos de control eficaces y ofreciendo planes alternativos a quienes viven de la agricultura para desincentivar su práctica.

Es necesario sensibilizar a la sociedad sobre la magnitud del problema para que tome acción en la carrera por desacelerar el ritmo de calentamiento, pero para ello es fundamental que se evidencien acciones transparentes y coherentes de parte de quienes ostentan el poder. Si ello no ocurre, si no existe un liderazgo que encause de manera veraz la lucha contra este fenómeno global, la actuación de la sociedad será dispersa y poco significativa.

No es cierto que el calentamiento global sea una mentira. Alrededor de este tema existen muchos intereses, principalmente económicos y políticos, que empañan la veracidad de su existencia. Intereses que navegan entre la negación y la exageración, que siembran la duda y obstaculizan la rápida respuesta para contrarrestar los efectos. Sin embargo, las evidencias seguirán saltando a la vista y por más que intenten maquillarse o negarse los impactos nos recordarán la realidad del problema.
                                       


Nelson Vásquez Castellar

Barranquilla, diciembre 9 de 2014.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Siguen aumentando las concentraciones de gas de efecto invernadero

La cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera alcanzó un nuevo máximo en 2010 desde la era preindustrial y el índice de aumento se ha acentuado, según el Boletín de la Organización Meteorológica Mundial sobre los gases de efecto invernadero. En él se hizo especial hincapié en el incremento de las concentraciones de óxido nitroso.

 Según el informe, entre 1990 y 2010 hubo un aumento del 29% en el forzamiento radiativo —el efecto calentamiento en nuestro sistema climático— provocado por los gases de efecto invernadero. El dióxido de carbono representó el 80% de este aumento.

“La carga atmosférica provocada por los gases de efecto invernadero debido al conjunto de actividades humanas ha alcanzado una vez más niveles sin precedentes desde la era preindustrial,” afirma Michel Jarraud, Secretario General de la OMM. “Aun si lográsemos hoy detener nuestras emisiones de gases de efecto invernadero —y esto dista mucho de ser una realidad— estas perdurarían en la atmósfera durante décadas por venir y, por lo tanto, seguirían afectando al equilibrio delicado de nuestro planeta vivo y nuestro clima.”

“Hoy más que nunca, debemos entender las interacciones complejas y, a veces, imprevistas entre los gases de efecto invernadero en la atmósfera, la biosfera terrestre y los océanos. Mediante su red de Vigilancia de la Atmósfera Global, la OMM seguirá reuniendo datos para ahondar en los conocimientos científicos en más de 50 países, en particular en las estaciones en altitud en los Andes o el Himalaya, las extensiones remotas de Alaska y el extremo sur del Pacífico,” afirmó.

Los gases de efecto invernadero atrapan las radiaciones en la atmósfera terrestre provocando el calentamiento de la misma. Las actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles y la agricultura, son emisores principales de gases de efecto invernadero, que son elementos impulsores del cambio climático. Después del vapor de agua, los tres principales gases de efecto invernadero de larga duración son el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.

El dióxido de carbono (CO2) es el gas de efecto invernadero presente en la atmósfera más importante provocado por la actividad humana y contribuye en un 64% al aumento total del forzamiento climático causado por los gases de efecto invernadero. Desde el inicio de la era industrial en 1750, su abundancia atmosférica ha aumentado en un 39% a 389 partes por millón (número de moléculas del gas por millón de moléculas de aire seco). Ello obedece principalmente a las emisiones de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y los cambios del uso de la tierra.

Entre 2009 y 2010, su abundancia atmosférica aumentó en 2,3 partes por millón, superior a la media en la década de los noventa (1,5 partes por millón) y en la pasada década (2,0 partes por millón).
Durante aproximadamente 10 000 años antes del inicio de la era industrial a mediados del siglo XVIII, el dióxido de carbono presente en la atmósfera se mantuvo prácticamente constante en aproximadamente 280 partes por millón.

Desde 1750, el metano (CH4) contribuye en un 18% al aumento general mundial del forzamiento radiativo y es el segundo gas de efecto invernadero más importante después del dióxido de carbono.
Antes del inicio de la era industrial, la concentración de metano en la atmósfera era de aproximadamente 700 partes por mil millones (número de moléculas del gas por mil millones de moléculas de aire seco). Desde 1750, ha aumentado el 158%, en gran parte debido a actividades tales como la cría de ganado, el cultivo de arroz, la explotación de combustibles fósiles y los vertederos. En la actualidad, el conjunto de actividades humanas representa el 60% de las emisiones de metano, y los recursos naturales, como los humedales, el 40% restante.

Tras un período de relativa estabilización temporal entre 1999 y 2006, el metano presente en la atmósfera ha vuelto a aumentar. Los científicos están investigando las razones de ello, en particular la posible función que cumple el deshielo del permafrost del hemisferio norte, rico en metano, y el incremento de las emisiones de los humedales tropicales.

Desde 1750, el óxido nitroso (N2O) contribuye en un 6% al aumento general mundial del forzamiento radiativo. El óxido nitroso se emite a la atmósfera desde fuentes naturales y artificiales, en particular los océanos, la combustión de biomasa, el uso de fertilizantes y distintos procesos industriales. Actualmente, es el tercer gas de efecto invernadero más importante.

En 2010, la carga atmosférica de óxido nitroso era 323,2 partes por mil millones, es decir, 20% más que en la era preindustrial. En los últimos diez años, la carga ha aumentado a una media de aproximadamente 0,75 partes por mil millones, principalmente debido al uso de fertilizantes que contienen nitrógeno, en particular el estiércol, lo que ha afectado marcadamente el ciclo global del nitrógeno.

En el transcurso de un período de 100 años, su impacto en el clima es 298 veces mayor a las emisiones equivalentes de dióxido de carbono. Además, cumple también una importante función en la destrucción de la capa de ozono de la estratosfera que nos protege de los rayos solares ultravioletas nocivos.

Otros gases de efecto invernadero. El forzamiento radiativo combinado causado por halocarbonos es del 12%. Algunos de estos halocarbonos, como los clorofluorocarbonos (CFC), que hace unos años se utilizaban como refrigerantes, propulsores de bombas de aerosol y solventes, están disminuyendo poco a poco gracias a las medidas adoptadas a escala internacional para preservar la capa de ozono que protege la Tierra.


Sin embargo, las concentraciones de otros gases, como los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) y los hidrofluorocarbonos (HFC), que se usan como sustitutos de los CFC ya que son menos dañinos para la capa de ozono, están aumentando rápidamente. Estos dos tipos de compuestos son gases de efecto invernadero muy potentes y permanecen mucho más tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono.

Programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global

Mediante su programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global, la OMM coordina las observaciones de los gases de efecto invernadero en la atmósfera a través de una red de estaciones ubicadas en más de 50 países. El Centro Mundial de Datos sobre Gases de Efecto Invernadero de la OMM, que alberga el Servicio Meteorológico de Japón (JMA), controla la calidad de los datos de medición, los archiva y los distribuye.

El Boletín de la OMM sobre los gases de efecto invernadero de 2010 es el séptimo número de una serie de boletines que comenzaron a publicarse en 2004. En el Boletín se comunican las cargas atmosféricas y los índices de los cambios de los gases de efecto invernadero de larga duración más importantes, a saber, el dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso, el CFC-12 y el CFC 11, y se ofrece un resumen de las contribuciones de gases menores.

Fuente: OMM

miércoles, 4 de mayo de 2011

Una carrera hacia el hambre


Por Bjørn Lomborg
Los biocombustibles suelen generar simpatía. Pero, ¿qué tan sensato es quemar millones de toneladas de comida para echar a andar los carros gringos?

El pasado febrero, los espectadores de la carrera Daytona 500, en Florida, recibieron banderas verdes a la entrada para que las agitaran durante la carrera, a manera de celebración porque los autos en competencia comenzarían a usar gasolina con un 15% de etanol a base de maíz.

Así comenzó una campaña televisiva que durará toda la temporada para promocionar las ventajas de los biocombustibles entre los norteamericanos.

Visto superficialmente, el autoproclamado “enverdecimiento de la Nascar” (Asociación Nacional de Carreras de Autos de Serie) es simplemente un ejercicio transparente (y, uno sospecha, desafortunado) de limpieza medioambiental para el deporte. Pero esta alianza entre un pasatiempo adorado por los estadounidenses y el lobby para los biocombustibles también marca el último intento por inclinar la opinión pública a favor de una política verdaderamente irresponsable.

Estados Unidos gasta unos 6.000 millones de dólares anuales en respaldo federal a la producción de etanol a través de créditos, aranceles y otros programas. Gracias a esta asistencia financiera, una sexta parte de la oferta de maíz del mundo se quema en autos norteamericanos. Es suficiente maíz para alimentar a 350 millones de personas durante un año entero.

El respaldo del gobierno al crecimiento de la producción de biocombustibles contribuyó a un desorden en la producción de alimentos. Como resultado de la política oficial de Estados Unidos y Europa, que incluye metas de producción agresivas, el biocombustible consumió más del 6.5% de la producción global de granos y el 8% del aceite vegetal del mundo en 2010, con respecto al 2% del suministro de granos y prácticamente ningún combustible vegetal en 2004.

Este año, después de una temporada de cosechas particularmente malas, vemos los resultados. Los precios globales de los alimentos son los más altos desde que la onu comenzó a llevar un registro en 1990, precisamente debido al aumento en el costo del maíz. A pesar de las medidas que se tomaron recientemente contra la desnutrición, las cifras de personas mal alimentadas superarán por varios millones a las que se habrían presentado en ausencia del respaldo oficial a los biocombustibles.

Ya habíamos pasado por esto. En 2007 y 2008, el rápido aumento de la producción de biocombustibles causó una crisis de alimentos que trajo consigo inestabilidad política y fomentó la desnutrición. Los países desarrollados no aprendieron la lección. Desde 2008, la producción de etanol aumentó el 33%.

Los biocombustibles inicialmente fueron defendidos por los activistas medioambientales como una solución inmediata contra el calentamiento global. Pero empezaron a cambiar de opinión cuando un grupo de investigadores demostró que los biocombustibles obtenidos a partir de la mayoría de los cultivos de alimentos no reducían significativamente las emisiones de gases de invernadero –y, en muchos casos, causaban la destrucción de bosques para abrir más terrenos cultivables, generando así más emisiones netas de dióxido de carbono que los combustibles fósiles–.

Algunos activistas verdes respaldaron los mandatos a favor de los biocombustibles, con la esperanza de que abrirían el camino para el etanol de próxima generación, que utilizaría plantas no alimenticias. Esto no sucedió.

Hoy, es difícil encontrar un solo ambientalista que siga respaldando la política. Hasta el ex vicepresidente de Estados Unidos y Premio Nobel, Al Gore –que alguna vez hizo alarde de haber emitido el voto decisivo para el respaldo del etanol–, dice que la política es “un error”. Ahora admite que la respaldó porque “tenía cierto afecto por los productores de maíz del estado de Iowa” –que, no por casualidad, fueron cruciales para su candidatura presidencial de 2000–.

Es reconfortante que Gore haya cambiado de opinión dada la evidencia. Pero existe una lección más amplia. Un coro de voces de izquierda y derecha se pronuncia en contra del respaldo gubernamental a los biocombustibles. El problema, como ha dicho Gore, es que “resulta difícil, una vez que se implementa un programa de esta naturaleza, lidiar con los grupos interesados que lo mantienen en pie”.

Los políticos no pueden frenar este tipo de comportamiento ávido de regalías. Pero pueden diseñar políticas bien pensadas que maximicen el bienestar social. Desafortunadamente, cuando logran hacer ver estas políticas como un freno al calentamiento global, como protección del medio ambiente o generación de “empleos verdes”, existe una tendencia a tomar decisiones apresuradas.

El respaldo del gobierno a los biocombustibles es solo un ejemplo de una política “verde” de reacción automática que crea oportunidades lucrativas para un grupo de empresas en defensa de sus propios intereses, pero que hace muy poco para ayudar al planeta. Consideremos el respaldo financiero que se les brindó a las empresas de energía renovable de primera generación. Alemania estuvo a la cabeza a la hora de instalar páneles solares, financiados por 75.000 millones de dólares en subsidios. ¿El resultado? Una tecnología solar ineficiente y poco competitiva instalada en los techos de un país que suele estar bastante nublado, que suplió un irrisorio 0.1% de la demanda total de energía de Alemania y que pospuso siete horas los efectos del calentamiento global en 2010.

Dadas las apuestas financieras, no sorprende que las empresas de energía alternativa, las firmas de inversión “verde” y los productores de biocombustibles estén respaldando fuertemente las peticiones de una mayor generosidad gubernamental, y que estén presentando su causa directamente ante la población, al resaltar sus supuestos beneficios para el medio ambiente, la seguridad energética y hasta el empleo –ninguno de los cuales resiste un escrutinio–. “El acuerdo con Nascar llevará el etanol estadounidense a la estratosfera”, declaró Tom Buis, máximo responsable ejecutivo de Growth Energy, la asociación de comercio de etanol.

Al menos la decisión de un grupo ya está tomada: los contendientes presidenciales. En Iowa, el posible candidato republicano Newt Gingrich se mofó de los “ataques de las grandes ciudades” por los subsidios al etanol. Y, en lo que debe ser música para los oídos de la industria, un funcionario de la administración Obama declaró que, incluso en medio de los precios más altos de los alimentos que el mundo haya visto hasta la fecha, “no existe ninguna razón para levantar el pie del acelerador” en cuanto a los biocombustibles.

En realidad, existen millones de razones –todas ellas sufriendo innecesariamente– por quienes se deberían aplicar los frenos.

Fuente: El Malpensante.com

martes, 10 de agosto de 2010

Barranquilla, entre tormentas y tornados: una aproximación a la comprensión de su formación en la ciudad.


Por Nelson Vásquez Castellar
Observador Meteorológico
Email: nevacas2004@gmail.com


Es normal que en temporadas de lluvia los habitantes de la ciudad de Barranquilla sean testigos de la ocurrencia de espectaculares tormentas eléctricas acompañadas de precipitaciones torrenciales que causan algunos traumatismos en la cotidianidad de esta urbe. No es nada extraño si se tiene en cuenta que la ubicación geográfica en la que se sitúa es propicia para este tipo de formaciones meteorológicas: superávit de energía térmica por la abundante radiación electromagnética proveniente del sol, alta proporción de vapor de agua por ser zona costera, altos niveles de convección (movimientos verticales ascendentes) y evaporación, incidencia de la zona de confluencia intertropical (ZCIT), entre otras; son las principales causas del variado mosaico de fenómenos atmosféricos que la caracterizan. Se podría decir que la teoría científica y los postulados que sustentan la ciencia meteorológica en lo que atañe a los fenómenos de tiempo convectivo en las regiones tropicales, son suficientemente certeros si se mira específicamente el caso de Barranquilla.

Sin embargo, es necesario resaltar que durante los últimos 15 años, aproximadamente, se han hecho presentes, asociados a las ya mencionadas tormentas, otros fenómenos que por su gran capacidad de destrucción y por su amenazante configuración han traído pánico a la población y daños a la infraestructura física de la ciudad y su área metropolitana: los tornados y las trombas. Estos, característicos de latitudes medias (entre la línea imaginaria de los trópicos y los círculos polares de ambos hemisferios), hacen su aparición cada vez con mayor frecuencia en estas zonas, donde teóricamente no deberían presentarse, ante la mirada perpleja de los incrédulos y la impotencia de muchos entendidos para explicar las razones de su formación. Y no es para más, si aún en zonas templadas los meteorólogos tienen ciertas discrepancias alrededor de su génesis; mucho más acá donde el fenómeno es relativamente nuevo.

Como un aporte para la comprensión de los fenómenos reseñados se intentará dar una explicación de cómo de forman y demás situaciones que acompañan su ocurrencia.

Tormentas eléctricas

Imagen 1. Tormenta sobre Barranquilla. Fuente elheraldo.com


-->Aunque existen diferentes clases de tormentas de acuerdo a su mecanismo de formación (de calor, frontales, supercélulas, líneas de inestabilidad, etc.), aquí se tomará como referencia el modelo conceptual de una tormenta ordinaria, tal como es normal que ocurra en esta área del país.
Las tormentas se generan por los desequilibrios térmicos en la atmósfera, como respuesta violenta de la transferencia de calor vertical o convección. Es quizá uno de los meteoros más amenazantes de cuantos se originan en la atmósfera terrestre. El aspecto tenebroso de las nubes que las generan, los llamados cumulonimbos, los rayos y los truenos como elementos fundamentales (si no se producen rayos o relámpagos y truenos, no podemos denominar este fenómeno como tal), además de las torrenciales lluvias y ráfagas de vientos que suelen acompañarlas, son sus rasgos más conocidos.

Para que se forme una tormenta es necesaria la existencia de varios elementos. El primero, gran inestabilidad atmosférica, es decir; abundantes movimientos ascendentes del aire a través de dos mecanismos de transferencia de calor que en esta parte de la costa son bastante significativos: la convección y la evaporación, activados principalmente por la permanente incidencia de la radiación solar sobre la superficie terrestre. El segundo, una gran dosis de humedad, es decir; un gran aporte de vapor de agua; gas más que abundante en Barranquilla producto de la cercanía al mar y al río magdalena, además del gran flujo de calor latente de vaporización aportado por los mismos. El tercero, la disminución de presión atmosférica, la cual potencia aún más los movimientos verticales del aire y por ende la inestabilidad. Y por último, la existencia de partículas higroscópicas sobre las cuales pueda condensarse el vapor de agua contenido en las masas de aire ascendentes. Estas partículas, llamadas también núcleos de condensación, están representadas por los aerosoles suspendidos en la atmósfera o llevados a niveles altos por los vientos o corrientes verticales de aire, tales como humos industriales y naturales, las sales marinas, el polvo, la arena, el polen, entre otros abundantes también en la ciudad dada la importante presencia de empresas industriales, el suelo arenoso, la presencia de aguas salinas y el constante flujo de vientos locales.

Se estima que más de 16 millones de tormentas se forman cada año en el planeta, y es probable que cada hora se estén formando cerca de 2000 en distintas partes de la superficie. Cabe resaltar que su distribución no es uniforme, pues por encima de los 60° de latitud son poco frecuentes, mientras que hacia el ecuador tienden a incrementarse; es reducido su nivel de ocurrencia sobre superficies oceánicas frías o en regiones de alta estabilidad atmosférica, como en áreas anticiclónicas, tal es el caso de Barranquilla en los meses de enero, febrero y parte de marzo, fechas en las cuales predominan los movimientos horizontales (vientos alisios de marcada intensidad) y descendentes del aire en detrimento de los ascensionales. En líneas generales se produce una mayor actividad de tormentas en las áreas continentales que en las oceánicas, y mayor en las zonas ecuatoriales que en las latitudes medias y polares.

En Barranquilla y su área metropolitana ocurren durante las dos temporadas de lluvias que normalmente se presentan. Una en el primer semestre, que abarca los meses de abril, mayo, junio y julio; siendo mayo el mes históricamente más lluvioso y generalmente el de mayor número de tormentas de los cuatro. La otra, en el segundo semestre, desde mediados de agosto a principios de diciembre, teniendo a octubre no solamente como el mes más lluvioso de esa temporada, sino de todo el año según las estadísticas. Es durante la segunda temporada en la que se presenta en mayor número la ocurrencia de tormentas eléctricas, especialmente en los meses de septiembre y octubre. Este régimen bimodal de precipitaciones, aunque con leves diferencias, predomina en los municipios que hacen parte del área metropolitana de la ciudad.

Generalmente estos dos períodos o temporadas de precipitaciones van asociados con el paso por esta región de la Zona de Confluencia Intertropical (ZCIT), la cual es una estrecha banda zonal de gran actividad convectiva que se manifiesta por la vigorosa formación de grandes nubes de desarrollo vertical, señalando así la convergencia de los vientos alisios de noreste y los del sureste.


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Imagen 2. Imagen infraroja. Centro nacional de huracanes de EE.UU

La ZCIT se mueve latitudinalmente hacia el hemisferio en el cual es verano, siguiendo el movimiento aparente del sol con algún tiempo de retraso de aproximadamente dos meses. El flujo convergente de vientos unido a la evaporación suministrada por el mar, proveen el calor latente necesario para mantener la convección y el campo de presiones ideales para la formación de tormentas y los fenómenos que se le asocian.

Otro factor que hay que considerar al hablar de tormentas en el caribe son las ondas tropicales del este, frecuentes también en la temporada lluviosa de esta región y en la temporada de huracanes en el océano atlántico, ambas coincidentes en gran medida.

Estas ondas son perturbaciones de tipo ciclónico cuya importancia radica en que durante su paso sobre un lugar producen alteraciones del estado del tiempo con un deterioro progresivo. Aunque estas perturbaciones poco se intensifican, son el primer eslabón en la formación de un huracán. Tienen espesores de 6 a 8 kilómetros, en promedio unos 2000 kilómetros de longitud y se desplazan a velocidades de 15 a 20 k/h. Durante lo que va corrido del año han transitado por la región un número importante de estas ondulaciones, ocasionando la proliferación de tormentas, copiosas lluvias que han elevado los niveles pluviométricos normales para la época y hasta la formación de vórtices nubosos que en algunos días se han convertido en tornados.

Ciclo de v ida de una tormenta

La estructura de una tormenta se compone de uno o varios centros activos denominados células, que tienen un ciclo de vida corto, de media a dos horas, en el que es posible diferenciar tres fases: fase de desarrollo o cúmulo, madurez y disipación, tal como se representa en la figura.


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Figura 2. Modelo de ciclo de vida de una tormenta. Fuente: Revista RAM.

Fase de desarrollo o cúmulo: es la fase inicial de desarrollo de una nube convectiva. En esta fase se puede apreciar la formación de un cúmulo de poco desarrollo vertical, tal como es característico en la ciudad y sus alrededores en horas de mediodía y posteriores antes del ocaso. En esta etapa predominan las corrientes ascendentes al interior de la nube con velocidades en su base de 3 a 5 m/s, con un progresivo aumento hacia la cima donde llegan a superar los 10 m/s. La inestabilidad se mantiene debido al continuo aporte de calor latente de condensación que contribuye a dar más energía cinética a las ascendencias, y se mantiene mientras la temperatura al interior de la nube sea superior al del aire que lo rodea. El continuo movimiento vertical propicia el crecimiento de las gotas de agua y las eleva por encima del nivel de 0°C dando paso a la formación de cristales de hielo, la precipitación no se da por la presencia de poderosas ráfagas ascendentes que lo impiden. Desde este instante hasta que alcanza su estado de madurez transcurren alrededor de 15 minutos, en cuyo intervalo pueden crecer hasta los 8000 y 9000 metros de altitud. Es en ese momento cuando observamos una nube oscura de gran extensión que impide el paso de los rayos solares, ocasiona una disminución de temperatura que en ocasiones puede ser de hasta 2°C, e incluso es posible que se produzcan algunas descargas eléctricas y se escuchen los primeros truenos.

Fase de madurez: se inicia con las primeras lluvias y es la de mayor actividad y turbulencia de la tormenta. La nube sigue creciendo verticalmente a velocidades que sobrepasan los 30 m/s, creando imponentes protuberancias de color blanco brillante en la cima, pero de un cada vez más amenazador gris en la base. El peso de las gotas de agua y de las partículas de hielo llega a superar las fuerzas que los mantienen en suspensión y empieza a precipitar torrencialmente con proliferación de truenos y relámpagos, además de corrientes descendentes provocadas por el efecto de arrastre de las gotas de agua. Asociadas a estas corrientes se producen los aguaceros más intensos y la mayor rafagosidad del viento. Es a esa rafagosidad del viento, en ocasiones con velocidades tan significativas que causan destrozos en las viviendas y en la infraestructura de la ciudad, a la que popularmente se le llama vendaval. Las disminuciones de temperatura pueden llegar a 5°C con un consecuente aumento de la presión del orden de 2 a 4 hectopascales provocado por la mayor densidad del aire frío descendente. La nube o célula de tormenta alcanza en esta etapa su mayor altitud (en esta zona se expande hasta los niveles de la tropopausa, es decir, entre 16 o 18 Km. de altitud) y su máxima anchura (unos 8 Km. de diámetro). En niveles altos, los fuertes vientos distorsionan la nube dándole la apariencia de un yunque que se expande varias decenas de kilómetros en el sentido del flujo de vientos dominantes.

Fase de disipación: se caracteriza porque predominan las corrientes descendentes y se interrumpe el suministro de aire calido y húmedo que alimenta a la tormenta. A medida que la célula va perdiendo humedad, van cesando los movimientos ascendentes y entra en fase de desaparición. En ese momento de disipación la precipitación se debilita progresivamente y con ella los movimientos descendentes, con lo cual el cumulonimbo se desvanece, permaneciendo solo los restos de nubes altocúmulos, altostratos y cirrus en niveles altos. En ocasiones los residuos de nubes altostratos producen una llovizna ligera que tiende a perdurar por largas horas luego de cesada la tormenta.

Las tormentas tienden a tener poco tiempo de vida. Las que se presentan en la ciudad a lo suma permanecen por dos horas en las cuales pueden recorrer entre 10 a 20 kilómetros, sobre los cuales se desarrolla, precipita torrencialmente y cesa, dejando en ocasiones el cielo claro mientras el sonido de los truenos y los destellos de los relámpagos desaparecen en el horizonte.

Este panorama, bastante familiar para el habitante de la ciudad y sus alrededores, presenta desde hace algunos años un nuevo elemento: la presencia de vórtices nubosos que han deparado en tornados y trombas en numerosas ocasiones, y que han alarmado a la ciudad por el significativo poder de destrucción del que han hecho participe a la ciudadanía. A continuación se intentará dar una breve explicación de las causas que los propician.

Tornados y trombas

-->Imagen 3. Tornado en la ciudad de Barranquilla. Fuente: elheraldo.com
El tornado es el fenómeno más violento y de mayor capacidad destructiva de los conocidos en el mundo meteorológico. Es un vórtice primario que puede ser definido como una rotación ciclónica en forma de embudo o cono invertido que se extiende desde la base de una nube cumulonimbo (la misma de la cual se producen las tormentas) hasta llegar al suelo. Esta rotación desciende de la base de la nube cuando se desarrolla y retorna a ella cuando se disipa. El estado del tiempo que precede a la formación de un tornado es el mismo que precede a la formación de una tormenta, se podría decir que aquel es un derivado de ésta, razón por la cual ocurren cuando conjuntamente, o tras su paso se dan fuertes lluvias acompañadas de gran actividad eléctrica. El color del embudo es generalmente oscuro o negro a causa de la humedad, el polvo y escombros que son levantados por las fuertes corrientes ascendentes que lo caracterizan.

Los tornados generalmente son de corta duración, su diámetro no sobrepasa normalmente los 100 metros y el viento puede alcanzar hasta 400 Km/h (aunque los supertornados estadounidenses han alcanzado más velocidades), lo que es coherente con su capacidad devastadora. La presión atmosférica en su centro es marcadamente inferior a la de el aire que lo rodea (la diferencia puede llegar a ser hasta más de 100 hectopascales), razón por la cual durante su recorrido alrededor de edificaciones que se encuentren cerradas, éstas explotan en el sentido estricto de la palabra, por la acusada e intempestiva diferencia de presiones entre su interior y el exterior.

El tornado se mueve acorde al movimiento de la nube madre que lo genera, la trayectoria que sigue a menudo es errática. Cuando la rotación no alcanza al suelo, al vórtice se le denomina nube de embudo (funnel cloud) o manga, el nombre de tornado solo lo toma cuando impacta la superficie. Si se da sobre superficie marítima recibe el nombre de tromba marina, ésta por lo general es de menores proporciones que el tornado.

Tipos de tornados


Según la TORRO (Organización de Investigaciones de Tormentas y Tornados del Reino Unido) existen dos tipos de vórtices primarios o tornados: Los tornados supercelulares (ST) y los tornados no supercelulares (NST), dependiendo del tipo de formación convectiva de la que se desprende o se generan. Dentro de los tornados no supercelulares se destacan dos tipos: los Landspouts/Waterspouts y los gustnados.

Los tornados supercelulares (ST) son engendrados por tormentas rotatorias o supercélulas. Son a los que mayor poder destructivo se les atribuye, característicos de latitudes medias debido a que su formación solo se da en zonas de marcado contraste entre masas de aire con características térmicas y barométricas diferentes. A éstos se les asocian el mayor número de muertes en los Estados Unidos por causa de tornados, aunque son los menos frecuentes. No se tienen indicios de que un tornado de estas características haya azotado un área ubicada por debajo de los 20° de latitud. Se pueden identificar por el hecho de que la porción de la bese del cumulonimbo del cual desciende el vórtice (mesociclón) rota al unísono con este.

-->Imagen 4. Tornado supercelular con mesociclón. Fuente: cazatormentas
Los tornados no supercelulares (NST) obedecen a las características de los que se presentan en la ciudad de Barranquilla, son producidos por tormentas que no rotan (no poseen mesociclón). Es el tipo de tornados más comunes y además de presentarse en latitudes medias, también se presentan esporádicamente en zonas tropicales muy localizadas, tal es el caso de esta ciudad. Tienen una vida mucho más corta que los supercelulares y en comparación son mucho más débiles, aunque en ocasiones suelen llegar a tener una capacidad de destrucción capaz de causar daños a las estructuras y cobrar víctimas humanas (el tristemente recordado tornado del 15 de septiembre de 2006 dió a conocer la gran fuerza destructiva que puede llegar a alcanzar este tipo de tornados). Son capaces de desarrollarse en diversas circunstancias y pueden adoptar formas diferentes; no son fáciles de detectar por radar, lo que los hace imposible de pronosticar en nuestro entorno, no solo por las dificultades anexas al fenómeno, sino porque se carece de medios tecnológicos para intentarlo.

Dentro de los dos tipos de tornados no supercelulares que existen, los Landspouts son los que más se ajustan al modelo barranquillero; si descartar que sea probable que algunos eventos atribuidos a las ráfagas de vientos, microrreventones o vendavales que se han dado en el pasado en realidad obedezcan a los denominados Gustnados.

Acorde con la definición que de ellos hacen la revista RAM de España y la TORRO, los Landspouts se forman cuando circulaciones horizontales de aire son embestidas y elevadas hacia arriba por una tormenta en desarrollo. Se observan asociados a cúmulos de gran desarrollo vertical antes de que la precipitación sea visible en el radar. Son bastante visibles y muchos tienen un embudo estrecho o en forma de cuerda que se prolonga de la base de la nube hasta el suelo. Cuando este se desliza por un extenso cuerpo de agua se le denomina waterspout.


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Imagen 6. Landspout. Fuente: meteored.com


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Imagen 7. Waterspout. Fuente: atlas.snet.gob.sv


Los Gustnados son el tipo de tornados no supercelulares más comunes, este término fue acuñado por los cazatormentas para referirse al desarrollo de vórtices a pequeña escala que se sitúan a lo largo del frente de rachas de una tormenta. Como todos los tornados, se les asocia una peligrosidad potencial tanto para la infraestructura como para las personas. Por lo general no sobrepasan la categoría F1 según la escala Fujita, es decir, alcanzan velocidades hasta de 177 Km/h. Normalmente no presentan embudo u otro tipo de conexión visible con la nube de tormenta, son muy difíciles de identificar, en ocasiones aparecen como un remolino de polvo y desechos.

Por la dificultad de identificarlos y, por ende, de documentarlos, se desconoce si estos se han presentado con regularidad en la ciudad de Barranquilla y su área metropolitana. Sin embargo, se han presentado tantos eventos en donde el poder destructivo de fuertes vientos asociados a tormentas han causado destrozos, los cuales no han sido asociados a los temibles vórtices, que no se descarta que en vez de ser causa de los tradicionales vendavales o rachas de vientos, que azotan a la ciudad en tiempos de inestabilidad atmosférica, sean en realidad los denominados Gustnados.

De ahora en adelante tocará hacer seguimiento para caracterizar los diferentes fenómenos que por estos días impactan la tranquilidad de la ciudad. De ello dependerá el que a futuro se puedan tomar las decisiones de educación, prevención y adaptación de la población a un nuevo escenario de tiempo atmosférico en la región.

Escalas de tornados

Hacia mediados de la década de los 70 del siglo anterior, fue adoptada como herramienta para medir la intensidad de los tornados la escala elaborada por Tetsuya Fujita y Allan Pearson de la Universidad de Chicago, por parte del National Weather Service de los Estados Unidos.

La escala elaborada por Fujita y Pearson se fundamentaba en fusión de otras dos escalas: la escala Beaufort de vientos y la escala Match de velocidad. El metodo utilizado fue dividir la diferencia entre ambas escalas hasta un punto determinado; Match 1.0 (la velocidad del sonido) y Beaufort 12 (73 mph ó Km/h) en 12 categorías o incrementos, de F0 a F12, conocida en nuestros días como la escala Fujita – Pearson o simplemente las escala Fujita. Tal como se aprecia en la figura.


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Figura 3. Escala de interrelación que originó la Escala Fujita. Fuente, Wikipedia vía RAM.

De las trece categorías que contiene esta escala, todos los tornados que se han presentado hasta la fecha no sobrepasan las seis primeras (F0 a F5). Junto con cada intervalo de la escala también se describió el tipo de daño causado una vez el tornado pasara por una zona determinada. Ante la dificultad de medirlos en tiempo real, la escala realmente se basa en la destrucción causada por éstos a las infraestructuras y a los elementos naturales y no al tamaño y a la velocidad efectivamente medidas. La categorización se hace luego de la evaluación de los daños causados, una vez se tenga especificado el tipo de daño, este se correlaciona con la tabla y de acuerdo a ello se hace una estimación de la velocidad.

Los daños asociados a los primeros seis intervalos se especifican en la siguiente figura. (pulsa aquí)


--> En la ciudad de Barranquilla la gran mayoría de tornados que han hecho presencia se encuentran ubicados entre las categoría cero (F0) y uno (F1), con excepción del ocurrido el 15 de septiembre de 2006, el cual se ubica en la categoría F2. Situación que guarda relación con el tipo de tornados que se han señalado como propios del tipo de formación convectiva característica de la región.
En algunas ocasiones, por apresuramientos o por escepticismo, se ha exagerado en la nominación y caracterización de los fenómenos ocurridos, o por el contrario, se han subestimado los efectos que estos pueden causar en la población.

Urge tomar medidas ante la manifestación de los tornados como fenómenos ya propios de la ciudad y sus alrededores, su frecuente ocurrencia y su inigualable manifestación, así lo comprueban. El mayor conocimiento que se tenga de éstos en cuanto a frecuencias, tiempos de duración, lugares de manifestación, mecanismos de formación, condiciones, intensidades y formas, conllevará a un fortalecimiento en la toma de decisiones respecto a la prevención y alertas a la ciudadanía. Y además en el establecimiento de planes de fortalecimiento y reubicación de zonas expuestas a los desastres que estos fenómenos pudieran causar.

Ante las discrepancias en torno a la eficiencia y operatividad de la escala Fujita se creó una nueva escala, llamada escala mejorada de Fujita. Además, existe la escala TORRO que se fundamenta también en la escala Beaufort de viento y que ha sido reconocida desde 1975 por Sociedad Meteorológica Real. Se deja como información la descripción de ambas escalas para en una futura entrega correlacionarlas entre sí y junto a la escala Fujita tradicional, en aras de sacar nuevas conclusiones alrededor de los tornados que se originan en la ciudad de Barranquilla y su entorno.
(pulsar aquí)

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

• Cuadrat José María y Pita María Fernanda (2006). CLIMATOLOGÍA. Editorial Cátedra.
• IDEAM (2005). Atlas climatológico de Colombia. Imprenta Nacional de Colombia. ISBN 958-8067-14-6
• Emilio Rey, aka CumulusHumilis, Equipo SSW (www.tiemposevero.es) 2007. La nueva escala mejorada de Fujita.
• Supercell. RAM (2002). Tipos de tornados.
• TORRO - The Tornado & Storm Research Organisation. www.torro.org.uk . Escala TORRO.
• Nelson Vásquez Castellar (2006). Tornados, se encienden las alarmas. www.elobservadorm.blogspot.com
• Joseba Aureitio Piedra. www.divulgameteo.es . Rayos y Tormentas.
• José Jaime Capel Molina (2002). Tormentas y tornados en la península ibérica. Meteoros adversos extremos que le caracterizan. Nimbus, 9 – 10, PAGS 5 -16.
• Augusto T. Arcimis Wehrle. RAM (2003). Tornados y trombas. Centenario de la muerte de Arcimis.



Barranquilla, agosto 10 de 2010.