viernes, 20 de febrero de 2015

LA LEY Y EL BOSQUE

Cuenca del Río Magdalena, Colombia. Archivo personal del autor.
La constitución política colombiana, así como un gran número de leyes, decretos y otros acuerdos reglamentarios establecen un marco normativo bastante robusto y exhaustivo respecto al medio ambiente. En esta materia se puede considerar a Colombia como pionera, por lo menos en Latinoamérica; pues, el marco reglamentario es bastante atractivo en el papel. Y en este aspecto es importante resaltar el establecimiento del código de recursos naturales renovables desde hace 40 años, el cual es el mejor instrumento con el que cuentan las autoridades ambientales para proteger el patrimonio ambiental colombiano. Este fue el primer cuerpo normativo en lo que respecta al medio ambiente que se formuló en América latina y es un ejemplo de la confluencia de diferentes visiones y consensos entre sectores de interés nacional.

No cabe duda de que se han dado pasos importantes en materia de protección y regulación del medio ambiente, así como de clasificación y delimitación de zonas y áreas protegidas. Sin embargo, en la práctica todavía falta mucho trecho por recorrer para que se adopten y se instrumentalicen las medidas establecidas. La relación entre economía y medio ambiente aun no es lo suficientemente sana como para concluir que las normas han surtido el efecto esperado. La corrupción y el clientelismo administrativos sacan la cabeza en esta relación, pues el otorgamiento de licencias y demás permisos de corte ambiental aún se realiza por fuera de los cánones reglamentarios al mejor postor. El ejemplo más palpable de ello es la minería, la cual está dejando una gran estela de destrucción y contaminación hídrica y atmosférica además de un desbalance ecosistémico y destrucción boscosa.

Enfatizando en esto último, un aporte importante en materia de protección de bosques y masa forestales es el decreto ley 2811 de 1974 que contempla la ordenación, manejo y aprovechamiento forestal, además de otras disposiciones de carácter ambiental. La importancia de los bosques hoy es superlativa, especialmente en cuanto a la agitada carrera contra el calentamiento global y la protección de la biodiversidad. El que Colombia posea esta normativa es un avance para la salvaguarda de uno de los ecosistemas más críticos e importantes para el equilibrio climático del planeta, pero de no implementarlo en la práctica la reducción de su extensión en el país seguirá con su ritmo acelerado.

El gran servicio que prestan los bosques y las grandes masas forestales en general para el planeta es incalculable, desde el alojamiento de un gran número de especies, pasando por el aporte a los avances de la medicina, la regulación climática y la provisión maderera, hasta la fijación del dióxido de carbono, principal agente antrópico señalado, supuestamente, como determinante del incremento de temperatura global que nos asiste en la actualidad.
Deforestación en la selva Chocoana. Archivo Resista Semana

La deforestación a gran escala que sufren cuerpos forestales como la pluviselva amazónica o la selva chocoana atenta, además, con  la disponibilidad hídrica para comunidades que viven al interior de estos y ciudades enteras que se abastecen de ello. Los bosques juegan un papel fundamental en el ciclo hidrológico a través de la contención de las lluvias, la infiltración de agua en el suelo y la absorción por las raíces; así favorecen el control de la escorrentía superficial y blindan a poblaciones cercanas de inundaciones y deslizamientos. Incluso, en los dos ecosistemas mencionados la gran densidad forestal permite la generación de precipitaciones vía evapotranspiración. Por ejemplo, la selva amazónica produce aproximadamente el 50% de la precipitación caída en la cuenca, además del 20% del oxígeno de la tierra. Igualmente la influencia del bosque chocoano es determinante para que esa región del pacífico colombiano sea una de las más pluviométricas del mundo.

El sistema climático terrestre se encuentra en gran medida regulado por los bosques. Si la extensión de estos se sigue reduciendo posiblemente se darán cambios que impactaran negativamente el modo de vida confortable de muchos pobladores del planeta. 13 millones de hectáreas se pierden anualmente por deforestación en el mundo y mucho de esto es irrecuperable. Y Colombia hace, desafortunadamente, un aporte importante en esa problemática; la expansión urbanística, la extracción ilegal de madera, la minería, la expansión agrícola y de cultivos ilícitos, hacen mella en la extensión forestal del país bajo un desacato continuo de las leyes.

El que exista el decreto ley 2811 de 1974 en Colombia solo será significativo en la medida en que las disposiciones, reglamentaciones, recomendaciones y otros que allí se sustentan sean acatadas y respetadas. Algo que hoy brilla por su ausencia.

Nelson Vásquez Castellar 
metparatodos@gmail.com
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