martes, 14 de julio de 2009

Calentamiento global, ¿A que tememos?


Asociado a la teoría del calentamiento global encontramos el miedo a la catástrofe, a lo que está por venir, a las consecuencias derivadas del aumento progresivo de la temperatura global del planeta si la tendencia actual continúa su curso y las predicciones se concretan; o lo que es peor, si no se sigue haciendo nada para intentar revertir esa tendencia.

Tememos básicamente a que el clima cambie y con el se vea afectado el rendimiento agrícola en diferentes regiones del planeta y consecuentemente disminuya la producción de alimentos, a que se reduzcan los aportes de agua dulce, a que suba el nivel del mar y aumenten los desastres, a la proliferación de enfermedades fruto de la destrucción y el caos cuando se conjugan con pobreza y desatención; entre otras consecuencias más que disminuyen en su grado de priorización.

Pero cabe resaltar que esas circunstancias a las que les tememos gran parte de la población hoy, las han venido padeciendo durante mucho tiempo millones de personas en el mundo cuyo número en la actualidad antes que disminuir aumenta, quienes no han tenido que padecer los efectos de un cambio climático abrupto para hacerse a la herencia de la exclusión y la precariedad con sus más afamados caracterizadores: Insalubridad, desnutrición, desempleo, analfabetismo, etc. A estas masas desatendidas poco le interesan los efectos que se puedan originar del temido calentamiento global, pues ellos ya lo han padecido casi todo, ya saben de antemano que en la lucha contra este fenómeno ellos son los primeros en la línea de batalla aún cuando su contribución al problema haya sido casi nula; otros, sabemos que el problema no es tomado con la seriedad que se merece, sino, que es utilizado como comodín por muchos gobiernos para seguir desatendiendo problemas estructurales que golpean a la sociedad tanto como lo podría hacer en un futuro el calentamiento global; o, como justificación para no incorporarlos al desarrollo y seguir manteniendo los privilegios de las minorías en las cuales se concentra la riqueza.

¿Acaso el hambre no es el principal flagelo que asota a gran parte de los países africanos e innumerables regiones de Asia y América latina cuando en otros lugares hay abundancia de alimentos? ¿No son hoy los pobladores de zonas subnormales asentadas en la ribera de los ríos, en sitios aledaños al mar y las faldas de montañas las principales victimas de inundaciones, deslizamientos y otro tipo de desastres asociados a fenómenos meteorológicos? ¿No son victimas los pobladores de estas zonas de múltiples enfermedades curables que causan su muerte por falta de recursos y atención médica? ¿No son también victimas del no suministro de agua potable por falta de acueductos o por contaminación de fuentes naturales por parte de la industria? El calentamiento global es una realidad, una amenaza para las futuras generaciones, un problema que debe ser enfrentado con estrategias coherentes; pero no una excusa para desviar y derrochar recursos que podrían ser invertidos para mejorar realmente las condiciones de vida de muchos que hoy carecen de los medios más básicos de subsistencia.

Pero en el trasfondo de todo, por lo que realmente se teme es ir en dirección a la desposesión de los privilegios, excentricidades y comodidades con que cuentan los habitantes de países que por su grado de desarrollo hacen parte de las esferas de poder. Existe un miedo por ser despojados de su derrochadora forma de vivir que es, entre todas, la principal de las causas del daño ecológico y la contaminación en nuestro planeta, que en ultimas repercute como una amenaza tanto para los unos como para los otros. Existe la preocupación de que se esfumen los innumerables beneficios que han sido proporcionados por el tipo de desarrollo escogido, un desarrollo que se fundamenta en un absolutamente insostenible consumo de recursos.

En realidad quienes más tienen que perder son los países ricos, los llamados desarrollados, no solo porque son los que más ven amenazada su forma de vida; sino, por el gran impacto que tienen sus acciones en la vida del planeta. Por Ello son a quienes más corresponde actuar para conocer mejor el problema y para combatir sus efectos negativos.

Las estrategias a llevar a cabo para combatir el calentamiento global no eximen de la responsabilidad de instaurar y llevar a cabo políticas de inclusión de los más necesitados al desarrollo, un desarrollo que se fundamente en garantizar un nivel de vida digno para todos sin victimizar el medio ambiente, la sostenibilidad y el dinamismo de la vida en nuestro planeta.

Sea cual sea la fuente o la causa principal, el calentamiento global sigue progresando, pero no así el compromiso, salvo de unos pocos, de hacer lo posible por intentar revertir la tendencia hacia un nivel de incremento de la temperatura global que ocasione un cambio climático de considerables proporciones.

Si los temores fueran los que normalmente se esgrimen, entonces hoy, más allá de la simple retórica, lucharíamos conjuntamente contra la pobreza, el hambre y un mejor hábitat para todos.

Entonces, sería bueno preguntarnos ¿A que tememos realmente?



Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com
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