jueves, 29 de enero de 2015

EL CALENTAMIENTO GLOBAL COMO PRETEXTO

Nevada producida por la tormenta de nieve Juno
a su paso  por el estado de Pensilvania EEUU.
Archivo personal de Carina Vásquez
Diferentes puntos de vista confluyen hoy en el reconocimiento del aumento de la temperatura media del planeta, fenómeno que se da a conocer como calentamiento global o, para algunos futuristas, cambio climático, dejando entrever con esta última denominación el carácter proyectivo y pesimista del término y la posición en torno al tema. Más allá de las discrepancias que existen en cuanto a la causa principal de este fenómeno, cada día se suman más posturas afines en derredor. Sin embargo, cabría preguntarse si en todas estas subyace el hilo conductor de la concientización u obedecen a otro tipo de intereses que requieren mimetizarse para esconder objetivos no tan transparentes o solidarios. ¿O es acaso una suerte de pescar en río revuelto? O más bien ¿este es el pretexto  oportunista para justificar la inercia ante las responsabilidades y la gestión que demandan temas de interés social prioritarios, o la negligencia para actuar ante problemáticas que requieren acción inmediata con el fin de garantizar el bienestar ciudadano a nivel local, regional o global? Este es un escenario variopinto, algo así como una miscelánea de intereses que no se caracterizan precisamente por tener en común como fundamento el convencimiento del problema.

Lo económico entra en juego de una manera determinante. En el trasfondo de todo, el rédito tiende a marcar la pauta, inclusive por encima de la escogencia de las mejores alternativas para paliar los efectos adversos que pueda tener el fenómeno en el bienestar de la sociedad; es decir, el riesgo económico supera al riesgo ambiental. Si la rentabilidad no se garantiza, la inversión no se genera, más allá de que la opción sea significativa en términos de mitigación o adaptabilidad. Esto es cierto a cualquier escala geográfica e independiente del origen de los fondos. Es la razón por la cual las voluntades no se encaminan de manera decidida y armónica hacia el apoyo a alternativas energéticas renovables para masificar su consumo reemplazando otras menos benéficas en términos climáticos y ambientales. Algo que se antoja lógico bajo la óptica  capitalista.

Pero el calentamiento global se ha convertido en una oportunidad de negocios y dado el carácter hegemónico del sistema económico y político imperante, su aprovechamiento está garantizado más allá de que los fines perseguidos por algunos actores del “mercado” vayan en contravía con la intención de dar pasos para desacelerar el ritmo de calentamiento y propender por la restitución y conservación ambiental. Aquellos que han sido y son agentes activos para propiciar el aumento de la problemática generando los que según la mayoría de estudios son sus factores desencadenantes, son los mismos que aprovechan el momento para presentarse como adalides de la conciencia ambiental y climática  utilizando eslóganes con terminología alusiva a la sostenibilidad. Situación que no sorprende, pues son los dueños de la chequera.

Los esfuerzos de los verdaderamente comprometidos con la causa se ven empañados por una telaraña de desinformación que induce a la población desprevenida y poco informada a tomar medidas erráticas o poco eficientes a la hora de generar un impacto positivo en la estabilización de los niveles de degradación de los sistemas vitales presentes en la naturaleza. Incluso algunos bien informados y con poder de decisión sucumben ante las dadivas y sobornos de esa mano invisible que se resiste a dar un viraje significativo acorde a lo que demanda el momento.

Tormenta sobre Barranquilla, Colombia.
Archivo personal del autor.
El calentamiento global se ha presentado como la tabla de salvación para gobernantes y líderes políticos en todo el orbe. Su ocurrencia ha propiciado la simplificación del discurso; pues ahora, todo es por culpa de dicho fenómeno. Todo se les ha facilitado al amparo de la nueva causa de todos los males. Las inquietudes sobre problemas de ejecución, control y malversación de fondos han encontrado la respuesta clave. La ineptitud y la corrupción han sumado al aliado que buscaban. Poco importa si los datos estadísticos y los análisis de series de tiempo de los elementos del clima no muestran anomalías significativas, si se da una afectación por algún fenómeno aislado de tipo meteorológico característico de la variabilidad natural del clima o si esta ocurre por la incidencia de un fenómeno natural de otra índole. No importa, la causa ya se conoce, la respuesta está servida: todo es culpa del calentamiento global, o mejor aún, del cambio climático.

Son comunes las declaraciones de los representantes de entidades competentes ante cualquier suceso natural adverso dar por hecho, en muchos casos, que la causa es el temido calentamiento del sistema climático sin antes evaluar antecedentes o verificar la naturaleza del fenómeno. Un ejemplo palpable se da en el caso de los deslizamientos de tierra (por lo menos en el caso colombiano), los cuales generalmente se producen porque ha tenido lugar previamente un proceso de deforestación no controlado, ilegal o no planificado que induce al movimiento del suelo por una pendiente de manera progresiva sobre todo cuando es permeado por la caída de la precipitación. Ante esta situación no se requieren cantidades de lluvia superiores a las normales para que dicho terreno en un momento dado pueda sucumbir; basta con que el peso del terreno por efecto de la infiltración y la falta de absorción y sostenimiento que brindan los arboles conspiren para que el evento ocurra. Cabe preguntar ¿será que la causa obedece a efectos del calentamiento global o es producto de la ausencia de controles para evitar una práctica tan nociva como la deforestación?

Algo similar se presenta cuando se permite la ubicación de asentamientos humanos en zonas de riesgo. Estos, por lo general, productos del déficit de planificación urbanística en los gobiernos locales se hacen invisibles o son poco tenidos en cuenta hasta que un día un evento meteorológico anómalo se los recuerda. Entonces, en dicho momento, se acusará al bendito calentamiento ocultando la realidad de una gestión administrativa y ambiental precaria.

Ejemplos de esta situación hay muchos, pero lo más preocupante es cuando son los supuestos entendidos del tema los que se acomodan al discurso del calentamiento en sus interpretaciones y explicaciones sobre las causas e implicaciones de eventos puntuales. Así, el análisis meteorológico pierde profundidad y la consecuencia directa de ello se refleja en la poca certeza de las predicciones.


El calentamiento del clima está siendo palpable con el paso del tiempo, así lo revelan los estudios. Sin embargo, es importante que las decisiones y las acciones producto de estas vayan encaminadas a combatir las causas reales del problema sin ambages y oportunismos.

Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com

martes, 9 de diciembre de 2014

LA AGITADA CARRERA CONTRA EL CALENTAMIENTO GLOBAL

Archivo fotográfico del autor. Cumbres nevadas, región
andina colombiana
Cada vez que surgen nuevos estudios relativos al comportamiento de las temperaturas en el planeta y de sus posibles efectos derivados, el panorama se torna más crítico y preocupante. Los hallazgos comprueban que el sistema climático, así como los diferentes ecosistemas del orbe, están respondiendo positivamente a un escenario global de progresivo calentamiento. Y en esta situación el hombre parece ser un actor principal incidiendo, de acuerdo a investigaciones, como nunca antes en la historia, en el derrotero del clima.

Es muy válido no estar de acuerdo con algunas posturas del IPCC en torno al análisis de los diferentes eventos de tipo climático, de la metodología empleada para abarcar el estudio de los diferentes elementos que lo caracterizan, de las conclusiones a las que llega luego de poner en marcha los estudios pertinentes e incluso de los factores que están propiciando la situación actual; pero más allá de posibles desacuerdos o posturas encontradas, el calentamiento del sistema climático es una realidad y en la medida en que las decisiones políticas no avancen, por lo menos, al mismo ritmo de este, el rezago se incrementará y las decisiones que se tomen poco impacto tendrán en la mitigación y en la adaptación a sus efectos.

Más allá de la influencia que puedan generar factores y mecanismos naturales, tanto internos como externos, en la configuración de ese conjunto de circunstancias en torno al clima actual y del panorama que se prevé, la aportación humana parecer ser decisiva; sobre todo en lo ateniente a las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio en el uso de la tierra, revistiendo especial importancia en esto último la expansión de la agricultura a expensas de la deforestación. A partir de aquí se desencadenan una serie de consecuencias que día a día se manifiestan generando impactos lamentables en la población a lo largo y ancho del planeta.

No es necesario exagerar, maquillar resultados para inducir decisiones o acuerdos o escenificar una catástrofe con el afán de predisponer a la comunidad para endilgar al calentamiento global la ocurrencia de cualquier tipo de fenómeno natural. Tampoco minimizar o dar por sentado que no está pasando nada, que todo sigue igual, que todo es mentira. Las evidencias saltan a la vista hoy y lo seguirán haciendo aun cuando intenten ocultarse o magnificarse. El calentamiento es inequívoco y a escala humana representa sin duda un gran desafío; por lo tanto, en la medida en que se demoran las decisiones la carrera por detenerlo o mitigarlo se pierde.

Por todo ello, urgen consensos, acuerdos racionales, principalmente entre aquellas sociedades que más contaminan, las que más consumen; pues en últimas, en el trasfondo de todo, el aporte humano a esta problemática se fundamenta en el consumo, tanto en forma como en cantidad. Aquellas sociedades que más demandan recursos deben asumir su responsabilidad.

Archivo fotográfico del autor. Un lugar de la costa
Caribe colombiana
Las conclusiones del quinto informe del IPCC acrecientan la preocupación y reafirman los hallazgos dados a conocer en informes anteriores. En este se sostiene que la influencia humana es clara y aumenta progresivamente y, además, sus impactos se observan en todos los continentes. El informe también expresa con una gran certidumbre, superior a informes anteriores, que las emisiones de gases de efecto invernadero y otros impulsores antropógenos han sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX. Thomas Stocker, Copresidente del Grupo de trabajo I del IPCC afirmó que la evaluación realizada concluye que la atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y las concentraciones de dióxido de carbono han aumentado hasta niveles sin precedentes desde hace, por lo menos, 800.000 años. 

El informe hace énfasis en que las emisiones continuadas de gases de efecto invernadero seguirán causando un mayor calentamiento y cambios perdurables en los diferentes componentes del sistema climático, con lo que inminentemente aumentará la probabilidad de impactos generalizados y profundos que afecten a todos los niveles de la sociedad y el mundo natural.

Esta información obliga a reevaluar el accionar en torno a la búsqueda por detener o minimizar los efectos del fenómeno en las condiciones de vida planetarias, no es posible obtener resultados contundentes si se sigue actuando por la misma vía. Si los gases de efecto invernadero son parte del problema, su emisión tiene que reducirse. Hay que dar marcha a procesos innovadores que propendan por este objetivo y que demuestren ser efectivos, no piezas de una estrategia en la que se amparen intereses egoístas de unos pocos gobiernos u organizaciones. Si la deforestación es otro factor que propicia esta problemática, se debe combatir de manera decidida creando mecanismos de control eficaces y ofreciendo planes alternativos a quienes viven de la agricultura para desincentivar su práctica.

Es necesario sensibilizar a la sociedad sobre la magnitud del problema para que tome acción en la carrera por desacelerar el ritmo de calentamiento, pero para ello es fundamental que se evidencien acciones transparentes y coherentes de parte de quienes ostentan el poder. Si ello no ocurre, si no existe un liderazgo que encause de manera veraz la lucha contra este fenómeno global, la actuación de la sociedad será dispersa y poco significativa.

No es cierto que el calentamiento global sea una mentira. Alrededor de este tema existen muchos intereses, principalmente económicos y políticos, que empañan la veracidad de su existencia. Intereses que navegan entre la negación y la exageración, que siembran la duda y obstaculizan la rápida respuesta para contrarrestar los efectos. Sin embargo, las evidencias seguirán saltando a la vista y por más que intenten maquillarse o negarse los impactos nos recordarán la realidad del problema.
                                       


Nelson Vásquez Castellar

Barranquilla, diciembre 9 de 2014.

jueves, 30 de octubre de 2014

EL VALOR PRECIADO DE LAS NUBES


Tímidas o amenazantes, altas o bajas, grandes o pequeñas, las hay para todos los gustos. Hacen parte de la vida cotidiana aun cuando pueden pasar desapercibidas al sistema sensorial humano por lapsos breves, e incluso largos, de tiempo. A ratos se admira su belleza, se plasman en pinturas y canciones, se les contempla o se les teme. Pero mucho más, con demasiada frecuencia, se omite su valor vital.  

Las nubes, esa importante interfaz en el ciclo hidrológico terrestre, esa aglomeración de partículas acuosas sólidas y líquidas, representan mucho más de lo que se tiene, por lo general, en consideración. Su función en el equilibrio climático planetario va más allá de la generación de precipitación en cualquiera de sus variadas formas, ya sea lluvia, llovizna, chubascos, granizo, nieve, etc., y de los ingentes beneficios que suponen estos fenómenos meteorológicos para la biodiversidad y su subsistencia. Las nubes también son importantes por su función en el balance térmico del planeta dado su papel como reflectantes y absorbentes de la radiación solar y terrestre. Son importantes en la transferencia de energía térmica en forma de calor latente y humedad a nivel atmosférico tanto vertical como horizontalmente. Son fundamentales en la circulación atmosférica a nivel general como regional y local mediante su capacidad de liberación de calor latente en su proceso formativo. Pero además, a través de sus mecanismos de formación, permiten la remoción constante de partículas atmosféricas que pueden ser perjudiciales para el desarrollo normal de actividades y salud humanas.  

Al verlas se subestima su valor, la fascinación por su apariencia física supera la apreciación funcional que su papel delata. Solo en momentos y épocas cuando el voraz apetito térmico de la atmósfera permite su crecimiento desmesurado para luego ensañarse contra la superficie de manera violenta, entonces, ahí, en ese preciso instante, captan el nivel de atención que un actor de su talante merece. La puesta en escena es completa, la acompañan truenos y rayos, precipitaciones intensas, continuas e intermitentes. Un enfriamiento repentino invade el entorno, el viento arrecia de manera errática, la luminosidad del sol se opaca y, entre veces, un estruendo inicial hace las veces de toque de campana para que la fiesta comience. He aquí que el cumulonimbus ha dicho presente. 

Sus variadas formas dan una señal, cada estado del tiempo conlleva una combinación particular y única de su tipología. Inestabilidad o estabilidad, convección o advección, posibilidades de precipitaciones o presagio de tiempo seco, agua o cristales de hielo ¿Cuáles son las características asociadas a los diferentes tipos de nubes? ¿Qué nos quieren comunicar con su presencia? He aquí dos preguntas que requieren una acertada respuesta. Identificarlas y conocer sus comportamientos y condiciones de formación son terreno abonado para análisis de mayor calado. Su omnipresencia evidencia su importancia en el derrotero climático del planeta, es inimaginable la vida sin nubes.  

Los estudios actuales sobre el progresivo calentamiento del planeta intentan cuantificar su papel en la contribución u oposición a dicho fenómeno pero los resultados no son claros; se conocen los mecanismos por medio de los cuales intervienen en el balance térmico y en otros procesos atmosféricos, pero cuantificar su incidencia en el calentamiento global es una tarea pendiente sobre la cual se tendrá que trabajar. A futuro es uno de los temas de estudio prioritarios; pues, en un escenario más cálido se asume una mayor cantidad de vapor de agua en la atmósfera disponible para la formación de nubes y el papel que jueguen estas, como hasta ahora, seguirá siendo determinante. 

Su importancia no admite dudas, acompañan el día a día de la existencia humana aportando beneficios para su subsistencia, muchas veces calladas, pasando de incognito; entre veces haciéndose sentir más allá de lo soportable, pero siempre en pos de una tarea regulatoria, de balance.
Que las nubes sigan danzando en el agitado mar de aire atmosférico.


 
Nelson Vásquez Castellar

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Siguen aumentando las concentraciones de gas de efecto invernadero

La cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera alcanzó un nuevo máximo en 2010 desde la era preindustrial y el índice de aumento se ha acentuado, según el Boletín de la Organización Meteorológica Mundial sobre los gases de efecto invernadero. En él se hizo especial hincapié en el incremento de las concentraciones de óxido nitroso.

 Según el informe, entre 1990 y 2010 hubo un aumento del 29% en el forzamiento radiativo —el efecto calentamiento en nuestro sistema climático— provocado por los gases de efecto invernadero. El dióxido de carbono representó el 80% de este aumento.

“La carga atmosférica provocada por los gases de efecto invernadero debido al conjunto de actividades humanas ha alcanzado una vez más niveles sin precedentes desde la era preindustrial,” afirma Michel Jarraud, Secretario General de la OMM. “Aun si lográsemos hoy detener nuestras emisiones de gases de efecto invernadero —y esto dista mucho de ser una realidad— estas perdurarían en la atmósfera durante décadas por venir y, por lo tanto, seguirían afectando al equilibrio delicado de nuestro planeta vivo y nuestro clima.”

“Hoy más que nunca, debemos entender las interacciones complejas y, a veces, imprevistas entre los gases de efecto invernadero en la atmósfera, la biosfera terrestre y los océanos. Mediante su red de Vigilancia de la Atmósfera Global, la OMM seguirá reuniendo datos para ahondar en los conocimientos científicos en más de 50 países, en particular en las estaciones en altitud en los Andes o el Himalaya, las extensiones remotas de Alaska y el extremo sur del Pacífico,” afirmó.

Los gases de efecto invernadero atrapan las radiaciones en la atmósfera terrestre provocando el calentamiento de la misma. Las actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles y la agricultura, son emisores principales de gases de efecto invernadero, que son elementos impulsores del cambio climático. Después del vapor de agua, los tres principales gases de efecto invernadero de larga duración son el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.

El dióxido de carbono (CO2) es el gas de efecto invernadero presente en la atmósfera más importante provocado por la actividad humana y contribuye en un 64% al aumento total del forzamiento climático causado por los gases de efecto invernadero. Desde el inicio de la era industrial en 1750, su abundancia atmosférica ha aumentado en un 39% a 389 partes por millón (número de moléculas del gas por millón de moléculas de aire seco). Ello obedece principalmente a las emisiones de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y los cambios del uso de la tierra.

Entre 2009 y 2010, su abundancia atmosférica aumentó en 2,3 partes por millón, superior a la media en la década de los noventa (1,5 partes por millón) y en la pasada década (2,0 partes por millón).
Durante aproximadamente 10 000 años antes del inicio de la era industrial a mediados del siglo XVIII, el dióxido de carbono presente en la atmósfera se mantuvo prácticamente constante en aproximadamente 280 partes por millón.

Desde 1750, el metano (CH4) contribuye en un 18% al aumento general mundial del forzamiento radiativo y es el segundo gas de efecto invernadero más importante después del dióxido de carbono.
Antes del inicio de la era industrial, la concentración de metano en la atmósfera era de aproximadamente 700 partes por mil millones (número de moléculas del gas por mil millones de moléculas de aire seco). Desde 1750, ha aumentado el 158%, en gran parte debido a actividades tales como la cría de ganado, el cultivo de arroz, la explotación de combustibles fósiles y los vertederos. En la actualidad, el conjunto de actividades humanas representa el 60% de las emisiones de metano, y los recursos naturales, como los humedales, el 40% restante.

Tras un período de relativa estabilización temporal entre 1999 y 2006, el metano presente en la atmósfera ha vuelto a aumentar. Los científicos están investigando las razones de ello, en particular la posible función que cumple el deshielo del permafrost del hemisferio norte, rico en metano, y el incremento de las emisiones de los humedales tropicales.

Desde 1750, el óxido nitroso (N2O) contribuye en un 6% al aumento general mundial del forzamiento radiativo. El óxido nitroso se emite a la atmósfera desde fuentes naturales y artificiales, en particular los océanos, la combustión de biomasa, el uso de fertilizantes y distintos procesos industriales. Actualmente, es el tercer gas de efecto invernadero más importante.

En 2010, la carga atmosférica de óxido nitroso era 323,2 partes por mil millones, es decir, 20% más que en la era preindustrial. En los últimos diez años, la carga ha aumentado a una media de aproximadamente 0,75 partes por mil millones, principalmente debido al uso de fertilizantes que contienen nitrógeno, en particular el estiércol, lo que ha afectado marcadamente el ciclo global del nitrógeno.

En el transcurso de un período de 100 años, su impacto en el clima es 298 veces mayor a las emisiones equivalentes de dióxido de carbono. Además, cumple también una importante función en la destrucción de la capa de ozono de la estratosfera que nos protege de los rayos solares ultravioletas nocivos.

Otros gases de efecto invernadero. El forzamiento radiativo combinado causado por halocarbonos es del 12%. Algunos de estos halocarbonos, como los clorofluorocarbonos (CFC), que hace unos años se utilizaban como refrigerantes, propulsores de bombas de aerosol y solventes, están disminuyendo poco a poco gracias a las medidas adoptadas a escala internacional para preservar la capa de ozono que protege la Tierra.


Sin embargo, las concentraciones de otros gases, como los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) y los hidrofluorocarbonos (HFC), que se usan como sustitutos de los CFC ya que son menos dañinos para la capa de ozono, están aumentando rápidamente. Estos dos tipos de compuestos son gases de efecto invernadero muy potentes y permanecen mucho más tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono.

Programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global

Mediante su programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global, la OMM coordina las observaciones de los gases de efecto invernadero en la atmósfera a través de una red de estaciones ubicadas en más de 50 países. El Centro Mundial de Datos sobre Gases de Efecto Invernadero de la OMM, que alberga el Servicio Meteorológico de Japón (JMA), controla la calidad de los datos de medición, los archiva y los distribuye.

El Boletín de la OMM sobre los gases de efecto invernadero de 2010 es el séptimo número de una serie de boletines que comenzaron a publicarse en 2004. En el Boletín se comunican las cargas atmosféricas y los índices de los cambios de los gases de efecto invernadero de larga duración más importantes, a saber, el dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso, el CFC-12 y el CFC 11, y se ofrece un resumen de las contribuciones de gases menores.

Fuente: OMM