jueves, 5 de febrero de 2009

Cambio climático: entre inercia y temor



Son muchos los argumentos que se esgrimen alrededor del cambio climático, desde el papel a la red, desde los más pesimistas hasta los más realistas, algunos muy coherentes, otros no mucho; pero sin duda este es un tema que cobra cada día más importancia en el panorama mundial, ya sea por el deseo real de hacer frente al problema y a las implicaciones que tendría en el desarrollo de la humanidad el seguir actuando de la misma manera, o simplemente por la búsqueda de protagonismos políticos, justificación de restricciones para los menos desarrollados o la continuación de la retórica estéril de siempre.


Los escépticos tal vez hoy son menos, los catastrofistas muchos más, y alrededor de estas dos corrientes de pensamiento (si es que acaso se pueden llamar así) están aquellos que se aprovechan de ello de una u otra forma para proteger sus propios intereses y generar confusión. En esos dos extremos están los que niegan por completo la existencia de una tendencia hacia un cambio climático que puede impactar a largo plazo la estabilidad y supervivencia del hombre, y aquellos que dan por hecho que ya no se puede hacer nada, que lo único es sentarse a esperar y contemplar el caos, y que además atribuyen cualquier manifestación de la naturaleza al cambio climático como si nunca antes hubiese acontecido. De un lado, los que quieren seguir despilfarrando recursos, contaminando, emitiendo gases dañinos a la atmósfera por el afán rentabilistico, viviendo sin ningún grado de responsabilidad con el ambiente; del otro, los que quieren volver a las cavernas, a la edad de piedra, los que quieren hacerse famosos presumiendo ser salvadores del planeta cuando nunca, siquiera, han volteado la mirada hacia los problemas que aquejan a la población mundial menos favorecida (el hambre, la insalubridad, la falta de educación, entre otras más).


Afortunadamente en medio de todo, están aquellos que levantan su voz y ponen de manifiesto la real dimensión del problema: La evidencia de un calentamiento progresivo del planeta que está siendo acelerado por el tipo de desarrollo que ha escogido la humanidad, por el derroche descontrolado de recursos y por la irresponsable forma de vivir del hombre; pero que aún es susceptible de frenar o por lo menos desacelerar, y que es precisamente en el hombre en quien recae esa responsabilidad.


Hoy no existen dudas acerca de la realidad del calentamiento global y la transición hacia la determinación de condiciones climáticas que en un largo plazo pueden ser radicalmente diferentes, y que al paso que vamos no será posible la adaptación de muchas especies de seres vivos por la rapidez con la que todo puede suceder; pero la forma en que deben darse a conocer los cambios y las evidencias que sustentan esa realidad debe ser objetiva y, valga la redundancia, realista, tal como debe ser, sin alarmismo, con ánimos exhortativos pero sin el fin de infundir temores.


La respuesta de la población mundial ante el desafío del cambio climático dependerá del tipo de información que reciba. Si se intenta obtener una respuesta positiva la mejor forma no es la infusión de temor, ya que ello conduce a la toma de decisiones apresuradas que pueden ser incoherentes y poco objetivas de cara a una posible solución o mitigación del cambio. Antes de todo lo que se debe buscar es concientizar a la humanidad de las verdaderas implicaciones del problema, buscar una respuesta sustentada en el pensamiento razonable de conservación y cuidado del ambiente, y poner en marcha conjuntamente los planes y mecanismos necesarios para sustituir las fuentes de energía contaminantes por fuentes renovables en un lapso de tiempo que permita estabilizar en un grado tolerable, el nivel de gases de efecto invernadero en la atmósfera y por consiguiente la temperatura media global.


Sobre este proceso de progresivo calentamiento y posible cambio climático es, relativamente, poco lo que se conoce, es mucho más lo que falta por conocer; sin embargo, cada día se avanza más. Aquí va un recorderis de algunos aspectos de los que se tiene evidencia, de lo que se conoce y sobre los cuales se sustenta el contenido de este escrito:


  • Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso mundiales han aumentado como resultado de las actividades humanas desde 1750, y en la actualidad han superado los valores preindustriales determinados en muestras de testigos de hielo que abarcan cientos de años.

  • El aumento global de la concentración de dióxido de carbono se debe fundamentalmente al uso de combustibles fósiles y a los cambios del uso del suelo, mientras que el del metano y óxido nitroso se deben principalmente a la agricultura.

  • La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera mundial ha pasado de un valor preindustrial de aproximadamente 280 ppm (partes por millón) a 379 ppm en 2005.

  • Nuevos análisis de las mediciones con globos meteorológicos y satélites de la temperatura de la troposfera inferior y de la media muestran ritmos de calentamiento similares a los del registro de la temperatura en superficie.

  • El promedio del contenido de vapor de agua en la atmósfera ha aumentado, al menos desde el decenio de 1980, tanto en tierra como en el océano, así como en la troposfera superior.

  • Observaciones realizadas desde 1961 muestran que la temperatura media de los océanos del mundo ha aumentado hasta profundidades de, al menos, 3000 metros y que el océano está absorbiendo más de 80% del calor añadido al sistema climático. Dicho calentamiento hace que el agua de mar se expanda, lo cual contribuye a elevar el nivel del mar.

  • Los glaciares de montaña y la cubierta de nieve han disminuido como promedio en ambos hemisferios.

  • Nuevos datos muestran que es muy probable que las pérdidas de los mantos de hielo de Groenlandia hayan contribuido a elevar el nivel del mar desde 1993 a 2003. La velocidad de la corriente ha aumentado en algunos glaciares de valle de Groenlandia y la Antártida, que drenan del interior de los mantos de hielo.

  • El nivel medio del mar en el mundo se elevó a un ritmo de 1.8 milímetros anual desde 1961 a 2003. El aumento total estimado del siglo XX es 0.17 metros.

  • Las temperaturas medias árticas aumentaron casi el doble que la media mundial durante los últimos 100 años. Las temperaturas árticas presentan una alta variabilidad por década, y también se observó un período de calor desde 1925 a 1945.

  • Los datos satelitales desde 1978 muestran que la extensión anual del hielo marino ártico ha disminuido un 2.7% por decenio, con las mayores disminuciones de 7.4% por decenio durante el verano.

  • Las temperaturas en la parte superior de la capa de permafrost han aumentado, por lo general, desde la década de 1980 en el ártico hasta 3ºC.

  • La extensión del hielo marino antártico continúa mostrando variabilidad interanual y cambios localizados, pero no existen tendencias estadísticamente significativas de los promedios, en concordancia con la falta de calentamiento reflejado en las temperaturas atmosféricas promediadas a lo largo de la región.

  • No hay suficiente evidencia para determinar la existencia de tendencias en la circulación meridional de retorno (CRM) de los océanos mundiales o de fenómenos a pequeña escala, tales como, tornados, granizo, relámpagos y tormentas de polvo. Entre otras más.

Como se puede notar, estos son algunos de los cambios observados sustentados por una serie de datos de muchos años en estaciones meteorológicas y climatológicas localizadas en diferentes puntos del planeta, así como de radares y satélites que apoyan la labor de muchas personas y centros de estudios dedicados al monitoreo de las variables climáticas y sus repercusiones en la cotidianidad del hombre.


A partir del conocimiento de los cambios de estas variables a lo largo del tiempo así como de sus tendencias a largo plazo es que se predicen los escenarios futuros y las probabilidades de ocurrencia de determinados eventos y la localización de las zonas que pueden ser afectadas. Sin embargo; son muchas las especulaciones de personas y hasta organizaciones que sin ningún rigor científico intentan hacerse notar generando confusión acerca de las características del problema.


Una de las principales fallas al hacer afirmaciones sobre el tema radica en querer analizar el clima como si se tratara del tiempo atmosférico, del día a día; se quiere inferir sobre los aspectos climáticos como si se tratara de aspectos meteorológicos. La diferencia es mucha; esta generación no tiene experiencia en cambios de clima, conocemos la variabilidad de tiempo pero sabemos poco del cambio climático, salvo lo que la paleoclimatología y la geología han suministrado, que aunque significativo, comparado con el tiempo de vida del planeta es poco. Se tiene información a grandes rasgos del pasado remoto, pero no muy específica en cuanto al clima se refiere.


Otra falla común es atribuirle al cambio climático todo tipo de fenómenos naturales sin importar su origen, ya sean tsunamis, terremotos o erupciones volcánicas. Algunos fenómenos que por mucho tiempo han caracterizado a determinadas regiones hoy se quieren explicar bajo la concepción del cambio climático, ya sea un período de sequía o una temporada lluviosa, un huracán o el fenómeno del niño, sin más escrúpulos; e incluso la erosión de tierras que han sido previamente taladas indiscriminadamente o el derrumbe de casas mal ubicadas en las laderas de montañas o a las orillas de ríos y zonas de peligro. El cambio climático se ha vuelto la excusa de las administraciones públicas para disfrazar su ineficiencia y la mala atención a las esferas sociales desprotegidas.


Para establecer políticas y metas claras para contrarrestar y atenuar el cambio climático es necesario tener claridad acerca de sus características, sus causas y consecuencias. Y en ello ya existe un significativo avance; entonces ¿por qué tanta inercia? El conocimiento parcial no debe ser motivo para seguir mirando los toros desde la barrera, las premoniciones catastróficas no pueden llevar a la humanidad a tomar decisiones sin fundamentos que puedan acrecentar el problema, tampoco el escepticismo de muchos puede ocasionar desinterés por nuestro propio rumbo.


Los principales causantes del problema conocen la realidad, pero la negativa a despojarse de las comodidades y de derrochadora forma de vivir que les brinda el desarrollo industrial actual, les impide actuar con rapidez.


Seguiremos observando.


Fuente: IV Informe de evaluación. Panel intergubernamental de expertos sobre cambio climático.


Nelson Vásquez Castellar


Publicar un comentario