miércoles, 8 de octubre de 2008

El reto del cambio climático


Todavía la gran mayoría de la población mundial no alcanza a comprender el gran desafío que representa para esta y las generaciones futuras el hecho de que progresivamente se incremente la temperatura media del planeta. Todavía no se dimensionan, excepto para algunos entendidos y organizaciones que dejan oír su voz de alerta, los alcances e impactos de un cambio climático como el que se está gestando, en el modo de vida, las costumbres y la estabilidad económica y social de las diferentes culturas y naciones que hoy subsisten. Todavía no lo comprendemos porque aún no hay conciencia acerca de nuestra responsabilidad en el actual panorama climático y en el inminente cambio venidero.

El cambio climático proyectado es producto del creciente calentamiento global, que a la vez encuentra su origen en el incremento de la temperatura media del planeta como consecuencia, principalmente, de la emisión descontrolada de gases como el Dióxido de carbono (CO2), Metano (CH4), Oxido nitroso (N2O) hidrofluorocarbonos (HFC) y Clorofluorocarbonos (CFC), que crean un efecto invernadero impidiendo el normal equilibrio radiactivo entre la tierra y la atmósfera. Estos se alojan en las partes bajas de nuestra envoltura gaseosa creando el efecto de una tapadera que obstruye la radiación terrestre hacia el exterior pero que es transparente a la radiación solar. El reto está en, por lo menos, disminuir considerablemente la emisión de estos compuestos y encontrar otros tipos de energías que puedan sustituir en un tiempo no superior a 20 años, las derivadas de los combustibles fósiles que son la fuente principal de gases de invernadero.

A medida que el tiempo pasa y no se logran consensos acerca de las medidas y estrategias a adoptar para hacerle frente a este desafío, se sigue poniendo en riesgo de manera prolongada, la supervivencia de muchas especies de la flora y de la fauna; así como la del hombre mismo, si se tiene en cuenta que las posibles consecuencias que se pueden desatar por el progresivo calentamiento, tales como el deshielo de los polos, el aumento significativo del nivel de los océanos, sequías mas extensivas y duraderas, incremento de fenómenos naturales violentos, aumento de lluvias torrenciales, entre otras, repercute directamente en los modos de vida, hábitat y medios de subsistencia de millones de personas ubicadas en zonas de alto riesgo. Aún así, y a pesar de los creíbles estudios que han abordado el tema y han puesto en evidencia las implicaciones que conlleva el persistir en las actuales practicas industriales y de desarrollo económico basado en la explotación del carbono y sus derivados, no ha sido posible que los gobernantes de las principales potencias industriales del planeta adopten medidas agresivas y coherentes con el objetivo de reducir a niveles significativos las emisiones de los señalados gases, que vayan más allá de lo contemplado en el protocolo de Kyoto. La velocidad del cambio es tal que los objetivos planteados en dicho protocolo resultan irrelevantes.

Desarrollar fuentes alternativas de energía y hacerlas extensivas a nivel global puede ser una solución a largo plazo, pero esta puede ser tardía o insuficiente si primero no se atiende el problema concientizando a cada persona, desde gobernantes hasta habitantes del común, sobre la necesidad de incurrir en prácticas que desestimulen el aumento de las concentraciones de gases de invernadero en la atmósfera. Para ello se requiere mayor voluntad, compromiso y la determinación de mirar el desastre a la cara, aceptar la culpabilidad y enfrentarlo con medidas practicas.

El reto no es fácil si se observa que aproximadamente el 90% de la energía producida en el mundo se obtiene a través de la explotación del carbono, especialmente el alojado en los combustibles fósiles; caldo de cultivo del CO2 atmosférico. La sustitución tendría que ser paulatina, lo que conllevaría décadas si se encontrara un sustituto apropiado y si se tomara la decisión de hacerlo. El nivel actual de este gas es de 379 partes por millón (ppm) y según las predicciones, al ritmo que vamos antes de terminar este siglo podríamos estar alrededor de 800 ppm, nivel suficiente para asistir a la degradación de la pluviselva amazónica.

A todas estas, la insuficiencia que representan las medidas adoptadas en el protocolo de Kyoto, subyace una gran pregunta: ¿Qué opciones recomendáis para sustituirlo y como lograr un gran acuerdo internacional para dicha alternativa? Al día de hoy no existen respuestas. El protocolo de Kyoto es el único tratado internacional para combatir el cambio climático. ¡Que consuelo!
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