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martes, 24 de febrero de 2015

LOS MERCADOS ENERGÉTICOS Y EL RETO DE MASIFICAR LAS ENERGÍAS RENOVABLES

Una gran demanda de energía para calefacción existe por estos
días en Norteamérica debido a las bajas temperaturas que registran
los termómetros. Fotografía de Carina Vásquez
La carrera por los recursos naturales se hará más frenética en la medida en que se aplace la apuesta decidida hacia la masificación del uso de las energías renovables en detrimento de la energía fósil, ya en declive y altamente contaminante. Mientras más se tarde en dar este paso, la posibilidad de confrontaciones y sus flagelos derivados por el apropiamiento de los recursos naturales escasos será más palpable, por no hablar de las catástrofes ambientales, un tema ya bastante trillado, y sus impactos en las poblaciones más vulnerables. Los mercados energéticos deben reaccionar ante este desafío, el afán rentístico debe dar paso a la conciencia.

De acuerdo a la opinión de muchos analistas los recursos energéticos mundiales resultan suficientes para satisfacer la demanda actual y prevista en las próximas décadas, pero la disponibilidad de los mismos se prevé que será cada vez más costosa. Básicamente entran en juego factores como las tecnologías disponibles, la capacidad de almacenamiento, los canales de distribución, la democratización, la regulación para un acceso equitativo de agentes y sectores interesados, voluntad política y sobretodo, liderazgo. Un liderazgo apropiado para los momentos actuales y venideros; es decir, transparente y razonable, coherente con la ingente necesidad de dar un vuelco a esta carrera frenética hacia el abismo al que conducen el despilfarro energético y su estela de contaminación y degradación ambiental.

La comodidad provista por las fuentes fósiles introdujo a la humanidad en un gran letargo del que aún no logra escapar. El hecho de perforar extraer y quemar se arraigó tanto en la cultura industrial de la época que se convirtió en un símbolo característico del siglo XX y aún del XXI, en el motor del desarrollo, el impulso para superar los límites de la escasez, la movilidad, el hambre y la comunicación. El confort ha sido la obsesión perseguida desde que el acceso a las fuentes fósiles se convirtió en una actividad masiva y a la orden del día para los grandes inversores. La dependencia de la energía derivada de estás ha llegado a tales límites que no se visualiza aún la vida sin su fácil disponibilidad. Todavía la humanidad se aferra a su omnipresencia, no se resigna a su creciente escasez y a tener que abandonar su uso para volver a las fuentes renovables primarias. Lo paradójico es que todo ello ha llevado a un gran deterioro ambiental y al impulso, de acuerdo al IPCC, de un calentamiento atmosférico acelerado que pone en riesgo la estabilidad social y política mundial.

Es claro que es el momento propicio para dejar atrás progresiva y oportunamente la energía proveniente de las fuentes fósiles, de no hacerlo ahora las posibilidades de recuperar o restablecer ecosistemas en deterioro, especies en vía de extinción y desacelerar el ritmo del calentamiento, se reducen considerablemente; sin embargo, es necesario que para ello se establezcan acuerdos pertinentes sobre la base del bien común y de la integración. Además, se debe tener en cuenta que la oferta directa o indirecta de la energía solar, el viento y las mareas no son coincidentes con los tiempos de demanda del hombre, esta es variable con la latitud, con la estación, con el día y la noche; por lo tanto, el reto es como se integran, como se almacenan, como se hacen sistemas más baratos y ubicuos, económicamente alcanzables para todo el mundo.

El enfoque en la  generación de energías renovables debe superar el escollo de la desigualdad, propiciar el acceso libre de todos a un consumo mínimo sustentable sin dejar de lado que hoy en día el medio ambiente debe ser el condicionante principal de la tecnología energética.


Los mercados energéticos y sus subsectores son muy heterogéneos y las características de naturaleza geológica, técnica, geopolítica, de mercado, fiscal y de regulación, varían según el combustible, según la etapa de la cadena del combustible y según la región. Integrarlos para acudir al llamado del planeta y a la preservación y restauración ambiental es un reto que se debe acometer antes de que sea demasiado tarde.

Referencias:

Scarpellini, S., Aranda Usón, J. A., & Zabalza Bribián, I. (2008). Introducción a los mercados energéticos. Zaragoza, España: Universidad de Zaragoza.

Vásquez Castellar, N. (22 de Febrero de 2015). Biocombustibles, el remedio puede resultar peor que la enfermedad. Obtenido de El observador: http://elobservadorm.blogspot.com/

Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Siguen aumentando las concentraciones de gas de efecto invernadero

La cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera alcanzó un nuevo máximo en 2010 desde la era preindustrial y el índice de aumento se ha acentuado, según el Boletín de la Organización Meteorológica Mundial sobre los gases de efecto invernadero. En él se hizo especial hincapié en el incremento de las concentraciones de óxido nitroso.

 Según el informe, entre 1990 y 2010 hubo un aumento del 29% en el forzamiento radiativo —el efecto calentamiento en nuestro sistema climático— provocado por los gases de efecto invernadero. El dióxido de carbono representó el 80% de este aumento.

“La carga atmosférica provocada por los gases de efecto invernadero debido al conjunto de actividades humanas ha alcanzado una vez más niveles sin precedentes desde la era preindustrial,” afirma Michel Jarraud, Secretario General de la OMM. “Aun si lográsemos hoy detener nuestras emisiones de gases de efecto invernadero —y esto dista mucho de ser una realidad— estas perdurarían en la atmósfera durante décadas por venir y, por lo tanto, seguirían afectando al equilibrio delicado de nuestro planeta vivo y nuestro clima.”

“Hoy más que nunca, debemos entender las interacciones complejas y, a veces, imprevistas entre los gases de efecto invernadero en la atmósfera, la biosfera terrestre y los océanos. Mediante su red de Vigilancia de la Atmósfera Global, la OMM seguirá reuniendo datos para ahondar en los conocimientos científicos en más de 50 países, en particular en las estaciones en altitud en los Andes o el Himalaya, las extensiones remotas de Alaska y el extremo sur del Pacífico,” afirmó.

Los gases de efecto invernadero atrapan las radiaciones en la atmósfera terrestre provocando el calentamiento de la misma. Las actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles y la agricultura, son emisores principales de gases de efecto invernadero, que son elementos impulsores del cambio climático. Después del vapor de agua, los tres principales gases de efecto invernadero de larga duración son el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.

El dióxido de carbono (CO2) es el gas de efecto invernadero presente en la atmósfera más importante provocado por la actividad humana y contribuye en un 64% al aumento total del forzamiento climático causado por los gases de efecto invernadero. Desde el inicio de la era industrial en 1750, su abundancia atmosférica ha aumentado en un 39% a 389 partes por millón (número de moléculas del gas por millón de moléculas de aire seco). Ello obedece principalmente a las emisiones de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y los cambios del uso de la tierra.

Entre 2009 y 2010, su abundancia atmosférica aumentó en 2,3 partes por millón, superior a la media en la década de los noventa (1,5 partes por millón) y en la pasada década (2,0 partes por millón).
Durante aproximadamente 10 000 años antes del inicio de la era industrial a mediados del siglo XVIII, el dióxido de carbono presente en la atmósfera se mantuvo prácticamente constante en aproximadamente 280 partes por millón.

Desde 1750, el metano (CH4) contribuye en un 18% al aumento general mundial del forzamiento radiativo y es el segundo gas de efecto invernadero más importante después del dióxido de carbono.
Antes del inicio de la era industrial, la concentración de metano en la atmósfera era de aproximadamente 700 partes por mil millones (número de moléculas del gas por mil millones de moléculas de aire seco). Desde 1750, ha aumentado el 158%, en gran parte debido a actividades tales como la cría de ganado, el cultivo de arroz, la explotación de combustibles fósiles y los vertederos. En la actualidad, el conjunto de actividades humanas representa el 60% de las emisiones de metano, y los recursos naturales, como los humedales, el 40% restante.

Tras un período de relativa estabilización temporal entre 1999 y 2006, el metano presente en la atmósfera ha vuelto a aumentar. Los científicos están investigando las razones de ello, en particular la posible función que cumple el deshielo del permafrost del hemisferio norte, rico en metano, y el incremento de las emisiones de los humedales tropicales.

Desde 1750, el óxido nitroso (N2O) contribuye en un 6% al aumento general mundial del forzamiento radiativo. El óxido nitroso se emite a la atmósfera desde fuentes naturales y artificiales, en particular los océanos, la combustión de biomasa, el uso de fertilizantes y distintos procesos industriales. Actualmente, es el tercer gas de efecto invernadero más importante.

En 2010, la carga atmosférica de óxido nitroso era 323,2 partes por mil millones, es decir, 20% más que en la era preindustrial. En los últimos diez años, la carga ha aumentado a una media de aproximadamente 0,75 partes por mil millones, principalmente debido al uso de fertilizantes que contienen nitrógeno, en particular el estiércol, lo que ha afectado marcadamente el ciclo global del nitrógeno.

En el transcurso de un período de 100 años, su impacto en el clima es 298 veces mayor a las emisiones equivalentes de dióxido de carbono. Además, cumple también una importante función en la destrucción de la capa de ozono de la estratosfera que nos protege de los rayos solares ultravioletas nocivos.

Otros gases de efecto invernadero. El forzamiento radiativo combinado causado por halocarbonos es del 12%. Algunos de estos halocarbonos, como los clorofluorocarbonos (CFC), que hace unos años se utilizaban como refrigerantes, propulsores de bombas de aerosol y solventes, están disminuyendo poco a poco gracias a las medidas adoptadas a escala internacional para preservar la capa de ozono que protege la Tierra.


Sin embargo, las concentraciones de otros gases, como los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) y los hidrofluorocarbonos (HFC), que se usan como sustitutos de los CFC ya que son menos dañinos para la capa de ozono, están aumentando rápidamente. Estos dos tipos de compuestos son gases de efecto invernadero muy potentes y permanecen mucho más tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono.

Programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global

Mediante su programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global, la OMM coordina las observaciones de los gases de efecto invernadero en la atmósfera a través de una red de estaciones ubicadas en más de 50 países. El Centro Mundial de Datos sobre Gases de Efecto Invernadero de la OMM, que alberga el Servicio Meteorológico de Japón (JMA), controla la calidad de los datos de medición, los archiva y los distribuye.

El Boletín de la OMM sobre los gases de efecto invernadero de 2010 es el séptimo número de una serie de boletines que comenzaron a publicarse en 2004. En el Boletín se comunican las cargas atmosféricas y los índices de los cambios de los gases de efecto invernadero de larga duración más importantes, a saber, el dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso, el CFC-12 y el CFC 11, y se ofrece un resumen de las contribuciones de gases menores.

Fuente: OMM

miércoles, 4 de mayo de 2011

Una carrera hacia el hambre


Por Bjørn Lomborg
Los biocombustibles suelen generar simpatía. Pero, ¿qué tan sensato es quemar millones de toneladas de comida para echar a andar los carros gringos?

El pasado febrero, los espectadores de la carrera Daytona 500, en Florida, recibieron banderas verdes a la entrada para que las agitaran durante la carrera, a manera de celebración porque los autos en competencia comenzarían a usar gasolina con un 15% de etanol a base de maíz.

Así comenzó una campaña televisiva que durará toda la temporada para promocionar las ventajas de los biocombustibles entre los norteamericanos.

Visto superficialmente, el autoproclamado “enverdecimiento de la Nascar” (Asociación Nacional de Carreras de Autos de Serie) es simplemente un ejercicio transparente (y, uno sospecha, desafortunado) de limpieza medioambiental para el deporte. Pero esta alianza entre un pasatiempo adorado por los estadounidenses y el lobby para los biocombustibles también marca el último intento por inclinar la opinión pública a favor de una política verdaderamente irresponsable.

Estados Unidos gasta unos 6.000 millones de dólares anuales en respaldo federal a la producción de etanol a través de créditos, aranceles y otros programas. Gracias a esta asistencia financiera, una sexta parte de la oferta de maíz del mundo se quema en autos norteamericanos. Es suficiente maíz para alimentar a 350 millones de personas durante un año entero.

El respaldo del gobierno al crecimiento de la producción de biocombustibles contribuyó a un desorden en la producción de alimentos. Como resultado de la política oficial de Estados Unidos y Europa, que incluye metas de producción agresivas, el biocombustible consumió más del 6.5% de la producción global de granos y el 8% del aceite vegetal del mundo en 2010, con respecto al 2% del suministro de granos y prácticamente ningún combustible vegetal en 2004.

Este año, después de una temporada de cosechas particularmente malas, vemos los resultados. Los precios globales de los alimentos son los más altos desde que la onu comenzó a llevar un registro en 1990, precisamente debido al aumento en el costo del maíz. A pesar de las medidas que se tomaron recientemente contra la desnutrición, las cifras de personas mal alimentadas superarán por varios millones a las que se habrían presentado en ausencia del respaldo oficial a los biocombustibles.

Ya habíamos pasado por esto. En 2007 y 2008, el rápido aumento de la producción de biocombustibles causó una crisis de alimentos que trajo consigo inestabilidad política y fomentó la desnutrición. Los países desarrollados no aprendieron la lección. Desde 2008, la producción de etanol aumentó el 33%.

Los biocombustibles inicialmente fueron defendidos por los activistas medioambientales como una solución inmediata contra el calentamiento global. Pero empezaron a cambiar de opinión cuando un grupo de investigadores demostró que los biocombustibles obtenidos a partir de la mayoría de los cultivos de alimentos no reducían significativamente las emisiones de gases de invernadero –y, en muchos casos, causaban la destrucción de bosques para abrir más terrenos cultivables, generando así más emisiones netas de dióxido de carbono que los combustibles fósiles–.

Algunos activistas verdes respaldaron los mandatos a favor de los biocombustibles, con la esperanza de que abrirían el camino para el etanol de próxima generación, que utilizaría plantas no alimenticias. Esto no sucedió.

Hoy, es difícil encontrar un solo ambientalista que siga respaldando la política. Hasta el ex vicepresidente de Estados Unidos y Premio Nobel, Al Gore –que alguna vez hizo alarde de haber emitido el voto decisivo para el respaldo del etanol–, dice que la política es “un error”. Ahora admite que la respaldó porque “tenía cierto afecto por los productores de maíz del estado de Iowa” –que, no por casualidad, fueron cruciales para su candidatura presidencial de 2000–.

Es reconfortante que Gore haya cambiado de opinión dada la evidencia. Pero existe una lección más amplia. Un coro de voces de izquierda y derecha se pronuncia en contra del respaldo gubernamental a los biocombustibles. El problema, como ha dicho Gore, es que “resulta difícil, una vez que se implementa un programa de esta naturaleza, lidiar con los grupos interesados que lo mantienen en pie”.

Los políticos no pueden frenar este tipo de comportamiento ávido de regalías. Pero pueden diseñar políticas bien pensadas que maximicen el bienestar social. Desafortunadamente, cuando logran hacer ver estas políticas como un freno al calentamiento global, como protección del medio ambiente o generación de “empleos verdes”, existe una tendencia a tomar decisiones apresuradas.

El respaldo del gobierno a los biocombustibles es solo un ejemplo de una política “verde” de reacción automática que crea oportunidades lucrativas para un grupo de empresas en defensa de sus propios intereses, pero que hace muy poco para ayudar al planeta. Consideremos el respaldo financiero que se les brindó a las empresas de energía renovable de primera generación. Alemania estuvo a la cabeza a la hora de instalar páneles solares, financiados por 75.000 millones de dólares en subsidios. ¿El resultado? Una tecnología solar ineficiente y poco competitiva instalada en los techos de un país que suele estar bastante nublado, que suplió un irrisorio 0.1% de la demanda total de energía de Alemania y que pospuso siete horas los efectos del calentamiento global en 2010.

Dadas las apuestas financieras, no sorprende que las empresas de energía alternativa, las firmas de inversión “verde” y los productores de biocombustibles estén respaldando fuertemente las peticiones de una mayor generosidad gubernamental, y que estén presentando su causa directamente ante la población, al resaltar sus supuestos beneficios para el medio ambiente, la seguridad energética y hasta el empleo –ninguno de los cuales resiste un escrutinio–. “El acuerdo con Nascar llevará el etanol estadounidense a la estratosfera”, declaró Tom Buis, máximo responsable ejecutivo de Growth Energy, la asociación de comercio de etanol.

Al menos la decisión de un grupo ya está tomada: los contendientes presidenciales. En Iowa, el posible candidato republicano Newt Gingrich se mofó de los “ataques de las grandes ciudades” por los subsidios al etanol. Y, en lo que debe ser música para los oídos de la industria, un funcionario de la administración Obama declaró que, incluso en medio de los precios más altos de los alimentos que el mundo haya visto hasta la fecha, “no existe ninguna razón para levantar el pie del acelerador” en cuanto a los biocombustibles.

En realidad, existen millones de razones –todas ellas sufriendo innecesariamente– por quienes se deberían aplicar los frenos.

Fuente: El Malpensante.com

domingo, 28 de marzo de 2010

Sistema transgénico y monocultivo: Un pobre sistema que enriquece a pocos


A la luz de los acontecimientos, tanto históricos como actuales, relatados en infinidad de documentos disponibles y dados a conocer a través de la información suministrada por instituciones y organismos dedicados a la investigación del tema, el sistema transgénico de producción agraria no ha sido del todo benigno ni ha aportado los beneficios prometidos para satisfacer las necesidades crecientes de alimentación de la población mundial en la medida en que se requiere; sin que el costo ambiental y humano supere sus cuestionables bondades.

Más allá de la composición y de los atributos científicos de los cultivos transgénicos, sus bondades o defectos, creo que el principal problema anexo a este sistema estriba en el uso y abuso por parte de los grandes conglomerados empresariales, que anteponen sus intereses monetarios desmedidos en detrimento del bienestar social y del derecho de la gente de gozar de un medio ambiente que le permita su desarrollo integral como parte activa de este mismo.

Los beneficios monetarios que representan para los grandes terratenientes el monocultivo de soja o maíz, destinados principalmente para la exportación, se anteponen a las necesidades alimentarias de países como los latinoamericanos, que teniendo gran capacidad de producción de variedades agrícolas constituyentes de la dieta básica y tradicional de sus habitantes, entran en el espiral de escasez y de empobrecimiento casi generalizado de la población.

La deforestación, la degradación de la capacidad productiva de los suelos, el hambre, la desnutrición infantil, el creciente índice de malformaciones en los recién nacidos, la contaminación hídrica de fuentes de consumo domestico, la contaminación atmosférica de zonas aledañas a los monocultivos transgénicos, son algunas de las más puntuales evidencias y consecuencias de la practica sistemática y extendida de fumigación con herbicidas y plaguicidas de alto poder para garantizar el máximo aprovechamiento de la especie cultivada.

La concentración de la propiedad y de la capacidad de producción en pocas organizaciones (o pocas manos) socava la posibilidad de acceso de la población más necesitada y de escasos ingresos, a los beneficios de una adecuada alimentación, en primera instancia, por los altos costos de los alimentos básicos propiciados por su disminuida producción ante el repunte de los monocultivos de soja y maíz, y en segunda instancia por el bajo contenido nutricional de los alimentos a los cuales pueden acceder, ya sea por las características propias de los mismos o por la pérdida progresiva de la capacidad productiva de los suelos en los que se cultivan.

La creciente expansión de las áreas de monocultivos transgénicos ha generado el desplazamiento de la población rural hacia los centros urbanos en busca de mejores alternativas para subsistir, objetivo utópico dada la creciente proporción de miseria y de pobreza como consecuencias del alto índice de desocupación y subempleo que agobia a las grandes ciudades de esta parte del planeta. La presión que ejerce en los sectores rurales la creciente expansión de la frontera productiva de cultivos transgénicos, desarticula la endeble estructura social de la población latinoamericana transfiriendo problemas del campo a la ciudad y acrecentándolos en la medida en que las soluciones no aparecen.

Con el actual modelo agroalimentario no se va a lograr el objetivo de alcanzar la seguridad alimentaria para la creciente población mundial. No es más que un modelo dominado por grandes conglomerados empresariales transnacionales que controlan las tecnologías y todos los eslabones relacionados con la cadena de suministros, desde el capital financiero hasta la distribución final.

Se requiere un nuevo modelo incluyente, equitativo en la distribución de los beneficios y soportado sobre bases sustentables que permita el desarrollo de las generaciones actuales y futuras.

Nelson Vásquez Castellar

martes, 13 de octubre de 2009

La gran pregunta: ¿Ha comenzado ya el cambio climático?


He aquí algunas consideraciones a tener en cuenta.

El clima de la tierra ya se está ajustando a las emisiones pasadas de gases de invernadero. El sistema climático debe ajustarse a las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) a fin de mantener equilibrado el balance de energía mundial. Ello significa que el clima está cambiando y ha de seguir cambiando a medida que los niveles de gases de invernadero sigan subiendo. Los científicos en la actualidad están persuadidos de que en conjunto el volumen de pruebas ofrece un panorama del calentamiento del mundo y otros cambios en el sistema climático.

Los registros de mediciones indican un aumento de 0.6ºC a 0.8ºC en la temperatura media mundial desde finales del siglo XIX. Estas observaciones son coherentes con las proyecciones de los modelos acerca de la envergadura del calentamiento hasta la fecha, en particular cuando se incluye el efecto refrigerante de los aerosoles. En gran parte, el calentamiento se produjo de 1910 a 1940 y de 1976 hasta la actualidad. En el hemisferio norte es probable que la velocidad y duración del calentamiento del siglo XX haya sido mayor que en cualquier otro período durante los últimos mil años. Además, es probable que el decenio de 1990 haya sido la década más cálida del milenio, y 1998, el año más caluroso.

El nivel medio del mar se ha elevado de 10 a 20 cm. A medida que las capas superiores de los acéanos se calientan, el agua se expande y aumenta el nivel del mar. Los modelos indican que un calentamiento de 0.6ºC en efecto deberían dar como resultado el aumento del nivel del mar hasta la fecha. Pero otros cambios más difíciles de predecir, también afectan el nivel del mar real y aparente, en particular las caídas de nieve y el derretimiento de los casquetes polares de Groenlandia y la Antártica y el lento resurgimiento de los continentes septentrionales liberados del peso de los glaciares de la era de nieve.

La capa de nieve ha disminuido un 10% desde finales del decenio de 1960 en las latitudes medias y elevadas del Hemisferio Norte. Es también muy probable que durante el siglo XX la duración anual de la capa de hielo de los lagos y los ríos se haya acortado en cerca de dos semanas. Durante este tiempo han retrocedido también casi todos los glaciares montañosos registrados en regiones no polares. En las últimas décadas la extensión del hielo del Mar Ártico en primavera y en verano ha diminuido en cerca de 10 – 15%, y el hielo probablemente ha adelgazado en un 40% durante fines del verano y principio del otoño.

Hay más precipitaciones en muchas regiones del mundo. Se ha medido un aumento de 0.5-1% por década en la mayoría de las zonas de latitudes medias y elevadas en los continentes del Hemisferio Norte, acompañado por una expansión del 2% de la capa de nubes. Las precipitaciones de tierras tropicales (10ºN – 10ºS) parecen haber aumentado en un 0.2 – 0.3% por decenio. Por otra parte, durante el siglo XX se ha observado en las zonas terrestres subtropicales del Hemisferio Norte (10-30ºN) una disminución de cerca del 0.3% por década. En algunas partes de Asia África parecen haberse agravado la frecuencia e intensidad de las sequías.

La manera en que el clima ha cambiado durante el siglo XX es coherente con lo que se había previsto a raíz de los aumentos en los gases de efecto invernadero y los aerosoles. Las pautas de calentamiento resultantes de observaciones espaciales son coherentes con las previsiones de los modelos. Por ejemplo, las mediciones realizadas en la superficie desde globos y satélites muestran que bien si la superficie de la Tierra se ha estado calentando, la Estratosfera se ha enfriado. Además, la Tierra se calienta más lentamente por encima de los océanos que sobre la tierra, en particular en las regiones oceánicas en que el agua de la superficie se mezcla hacia abajo, distribuyendo el calentamiento hacia las profundidades de los océanos. Otro ejemplo es la reducción del calentamiento en las zonas afectadas por los aerosoles.

En general hay pruebas nuevas y más concluyentes de que en gran parte el calentamiento observado en los últimos 50 años puede atribuirse a las actividades humanas.

Tú ¿Qué opinas?

Fuente: Carpeta de información sobre el cambio climático. PNUMA, OMM, OMS Y UNFCCC
Imagen: reta.eu
www.cambioclimatico.com

martes, 14 de julio de 2009

Calentamiento global, ¿A que tememos?


Asociado a la teoría del calentamiento global encontramos el miedo a la catástrofe, a lo que está por venir, a las consecuencias derivadas del aumento progresivo de la temperatura global del planeta si la tendencia actual continúa su curso y las predicciones se concretan; o lo que es peor, si no se sigue haciendo nada para intentar revertir esa tendencia.

Tememos básicamente a que el clima cambie y con el se vea afectado el rendimiento agrícola en diferentes regiones del planeta y consecuentemente disminuya la producción de alimentos, a que se reduzcan los aportes de agua dulce, a que suba el nivel del mar y aumenten los desastres, a la proliferación de enfermedades fruto de la destrucción y el caos cuando se conjugan con pobreza y desatención; entre otras consecuencias más que disminuyen en su grado de priorización.

Pero cabe resaltar que esas circunstancias a las que les tememos gran parte de la población hoy, las han venido padeciendo durante mucho tiempo millones de personas en el mundo cuyo número en la actualidad antes que disminuir aumenta, quienes no han tenido que padecer los efectos de un cambio climático abrupto para hacerse a la herencia de la exclusión y la precariedad con sus más afamados caracterizadores: Insalubridad, desnutrición, desempleo, analfabetismo, etc. A estas masas desatendidas poco le interesan los efectos que se puedan originar del temido calentamiento global, pues ellos ya lo han padecido casi todo, ya saben de antemano que en la lucha contra este fenómeno ellos son los primeros en la línea de batalla aún cuando su contribución al problema haya sido casi nula; otros, sabemos que el problema no es tomado con la seriedad que se merece, sino, que es utilizado como comodín por muchos gobiernos para seguir desatendiendo problemas estructurales que golpean a la sociedad tanto como lo podría hacer en un futuro el calentamiento global; o, como justificación para no incorporarlos al desarrollo y seguir manteniendo los privilegios de las minorías en las cuales se concentra la riqueza.

¿Acaso el hambre no es el principal flagelo que asota a gran parte de los países africanos e innumerables regiones de Asia y América latina cuando en otros lugares hay abundancia de alimentos? ¿No son hoy los pobladores de zonas subnormales asentadas en la ribera de los ríos, en sitios aledaños al mar y las faldas de montañas las principales victimas de inundaciones, deslizamientos y otro tipo de desastres asociados a fenómenos meteorológicos? ¿No son victimas los pobladores de estas zonas de múltiples enfermedades curables que causan su muerte por falta de recursos y atención médica? ¿No son también victimas del no suministro de agua potable por falta de acueductos o por contaminación de fuentes naturales por parte de la industria? El calentamiento global es una realidad, una amenaza para las futuras generaciones, un problema que debe ser enfrentado con estrategias coherentes; pero no una excusa para desviar y derrochar recursos que podrían ser invertidos para mejorar realmente las condiciones de vida de muchos que hoy carecen de los medios más básicos de subsistencia.

Pero en el trasfondo de todo, por lo que realmente se teme es ir en dirección a la desposesión de los privilegios, excentricidades y comodidades con que cuentan los habitantes de países que por su grado de desarrollo hacen parte de las esferas de poder. Existe un miedo por ser despojados de su derrochadora forma de vivir que es, entre todas, la principal de las causas del daño ecológico y la contaminación en nuestro planeta, que en ultimas repercute como una amenaza tanto para los unos como para los otros. Existe la preocupación de que se esfumen los innumerables beneficios que han sido proporcionados por el tipo de desarrollo escogido, un desarrollo que se fundamenta en un absolutamente insostenible consumo de recursos.

En realidad quienes más tienen que perder son los países ricos, los llamados desarrollados, no solo porque son los que más ven amenazada su forma de vida; sino, por el gran impacto que tienen sus acciones en la vida del planeta. Por Ello son a quienes más corresponde actuar para conocer mejor el problema y para combatir sus efectos negativos.

Las estrategias a llevar a cabo para combatir el calentamiento global no eximen de la responsabilidad de instaurar y llevar a cabo políticas de inclusión de los más necesitados al desarrollo, un desarrollo que se fundamente en garantizar un nivel de vida digno para todos sin victimizar el medio ambiente, la sostenibilidad y el dinamismo de la vida en nuestro planeta.

Sea cual sea la fuente o la causa principal, el calentamiento global sigue progresando, pero no así el compromiso, salvo de unos pocos, de hacer lo posible por intentar revertir la tendencia hacia un nivel de incremento de la temperatura global que ocasione un cambio climático de considerables proporciones.

Si los temores fueran los que normalmente se esgrimen, entonces hoy, más allá de la simple retórica, lucharíamos conjuntamente contra la pobreza, el hambre y un mejor hábitat para todos.

Entonces, sería bueno preguntarnos ¿A que tememos realmente?



Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com

miércoles, 25 de febrero de 2009

El cambio climático en el contexto del desarrollo humano

En un mundo dividido como el nuestro, principalmente en torno al factor riqueza, no es difícil establecer hacia que lado encontramos los menores índices de desarrollo humano y cuales, además de la pobreza, son las causas de esa situación. Causas que realmente son derivadas de aquella, aunque no siempre.

Entonces, en medio de esa realidad, también resulta fácil añadir una causa más sin ningún tipo de responsabilidad, o lo que es peor, intentar explicar todos los males a través de una sola, ocultando los verdaderos orígenes del problema.

La mención llega por el uso indiscriminado de las palabras cambio climático para explicar un sinnúmero de aspectos sociales cuyos orígenes son completamente diferentes, y más aún cuando las evidencias científicas apuntan a que nos encontramos en una etapa de desarrollo incipiente, aunque muy significativa, de lo que podría llegar a ser este fenómeno. Las administraciones públicas y los gobiernos han encontrado en el cambio climático el comodín para ocultar la real contribución de sus ineficiencias y mal uso de los recursos, a las dificultades que padece la población más pobre, especialmente en los países con niveles de desarrollo inferior. Desde el raquitismo de algunos sectores agrícolas que por falta de inversión y el establecimiento de programas pertinentes serios no avanzan, hasta las inundaciones de zonas subnormales que podrían evitarse con el simple hecho de implantar planes de vivienda social, reubicaciones permanentes o mejoramientos de infraestructuras. Hay para todos los gustos.

Y aún a pesar de lo útil del término (cambio climático) como excusa para tantos males, es poco lo que se hace en términos efectivos para contrarrestar la probabilidad de que antes de terminar este siglo podamos ser testigos de cambios significativos en las condiciones climáticas que puedan impactar negativamente a la población mundial; algo que resulta hasta lógico si se tiene en cuenta el desconocimiento de las reales implicaciones que un posible cambio climático traería para la humanidad, y la falta de voluntad para mirarlo más allá de un instrumento político para atraer la atención y darle la importancia que merece.

El cambio climático es un factor que puede llegar a ser determinante en el desarrollo humano de esta y las futuras generaciones, sin embargo, es poco lo que se ha avanzado a pesar del conocimiento que se tiene de los factores que podrían acelerarlo y de los mecanismos que deberían implementarse para desestimular el incremento progresivo del calentamiento global; ni siquiera los países firmantes del protocolo de Kioto han cumplido con las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a las que se habían comprometido, un ejemplo lo constituye España que está emitiendo aproximadamente un 53% de dióxido de carbono por encima de lo que emitía en 1990, y un 38% más de lo que se había comprometido a emitir en el 2012.

El desarrollo visto desde la perspectiva de ampliar las oportunidades de la gente y la de ofrecer alternativas de inclusión dignas para mejorar los niveles de vida de la población mundial se ve amenazado por las manifestaciones de cambio en las variables climáticas que marcan una tendencia a un cambio climático de gran relevancia. Hoy ya muchas personas están sufriendo los efectos de sistemas meteorológicos severos, que si bien algunos no tienen una relación directa con el previsible cambio climático, no se puede desconocer que en un escenario con cambios de mayor magnitud producidos por el calentamiento global, dichos efectos pueden ser catastróficos.

Por ello, cuando se tienen metas como las condensadas en los objetivos de desarrollo del milenio, que atañen al progreso y al alcance de un mundo menos asimétrico en cuanto a desarrollo humano se refiere, no se puede dejar de lado la consideración de un fenómeno como este, que puede causar efectos contrarios al alcance de esos objetivos. Porque erradicar la pobreza extrema y el hambre, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, y garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; si bien es cierto que se combaten con la unión de esfuerzos de cooperación internacional y de programas específicos dirigidos al alcance puntual de cada objetivo, no se puede desconocer que las condiciones climáticas juegan un papel fundamental para el alcance de los mismos. Porque la incidencia del aumento progresivo de la temperatura sobre las zonas tropicales puede disminuir en gran medida la productividad de cultivos vitales para la alimentación y el sustento económico de la población que se asienta en estos lugares, aumentar el riesgo de que enfermedades propias de la zonas tropicales se puedan presentar en latitudes medias, y producir desequilibrios en el medio ambiente que indirectamente acentúen la problemática que se desea combatir.

De aquí se deduce que la lucha contra el calentamiento global debe estar contemplada dentro del marco de la lucha para el desarrollo de la humanidad. Y a partir de allí establecer un nuevo acuerdo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que incluya a China e India que ya emiten en una proporción considerable y lo seguirán haciendo en mayor cuantía en los próximos años, y que además obligue a los Estados Unidos a firmarlo, y al igual que a los demás países emisores, a cumplir con lo pactado.

Todavía queda mucho por hacer, estamos siendo testigos, apenas de manifestaciones iniciales de un fenómeno que se prevé de grandes dimensiones si se continúa en la dirección equivocada. Según el IPCC, si se mantienen las emisiones de gases de efecto invernadero al ritmo actual o a uno superior causarían un calentamiento mayor e inducirían muchos cambios en el sistema climático mundial durante el siglo XXI, que muy probablemente superarían a los observados durante el siglo XX. Causa preocupación que comenzando este siglo la energía que utiliza el mundo procede en más de tres cuartas partes del consumo de fuentes combustibles fósiles, y este consumo supone una creciente emisión de gases invernadero – Dióxido de carbono, vapor de agua, metano, etc. -; y más cuando existe una gama de países que se encuentran en plena transición hacia una mayor industrialización de sus economías basadas en las mismas fuentes energéticas y que ostentan poblaciones de tamaño descomunal y en pleno crecimiento – India, China, Brasil, México, entre otros -.

Pero se puede hacer mucho todavía, es posible que con medidas coherentes hacía la búsqueda de un medio ambiente sustentable que posibilite el logro de los objetivos propuestos en materia de desarrollo humano y con el desarrollo de nuevas fuentes de energía “limpias”, se logren estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero de origen antrópico y por ende la temperatura media global a niveles tolerables para la vida humana y para la adaptación de las demás especies. Aunque nos llevaría mucho tiempo llegar a ese punto por el daño que quizá ya hemos producido, vale la pena el esfuerzo. Ojala los lideres mundiales lo vean de esa forma.

El calentamiento producido por causas antropogénicas posiblemente continuará durante siglos debido a las escalas de tiempo asociadas con los procesos climáticos y los retroefectos, incluso si la concentración de gases de efecto invernadero se estabilizase, según el IPCC. Pero aún está por comprobarse, el cambio climático sigue estando en nuestras manos, así como la lucha por un desarrollo que nos incluya a todos.

Fuente: IV Informe IPCC.
Fotografía: www.fao.org

Nelson Vásquez Castellar
www.cambioclimatico.org