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miércoles, 4 de mayo de 2011

Una carrera hacia el hambre


Por Bjørn Lomborg
Los biocombustibles suelen generar simpatía. Pero, ¿qué tan sensato es quemar millones de toneladas de comida para echar a andar los carros gringos?

El pasado febrero, los espectadores de la carrera Daytona 500, en Florida, recibieron banderas verdes a la entrada para que las agitaran durante la carrera, a manera de celebración porque los autos en competencia comenzarían a usar gasolina con un 15% de etanol a base de maíz.

Así comenzó una campaña televisiva que durará toda la temporada para promocionar las ventajas de los biocombustibles entre los norteamericanos.

Visto superficialmente, el autoproclamado “enverdecimiento de la Nascar” (Asociación Nacional de Carreras de Autos de Serie) es simplemente un ejercicio transparente (y, uno sospecha, desafortunado) de limpieza medioambiental para el deporte. Pero esta alianza entre un pasatiempo adorado por los estadounidenses y el lobby para los biocombustibles también marca el último intento por inclinar la opinión pública a favor de una política verdaderamente irresponsable.

Estados Unidos gasta unos 6.000 millones de dólares anuales en respaldo federal a la producción de etanol a través de créditos, aranceles y otros programas. Gracias a esta asistencia financiera, una sexta parte de la oferta de maíz del mundo se quema en autos norteamericanos. Es suficiente maíz para alimentar a 350 millones de personas durante un año entero.

El respaldo del gobierno al crecimiento de la producción de biocombustibles contribuyó a un desorden en la producción de alimentos. Como resultado de la política oficial de Estados Unidos y Europa, que incluye metas de producción agresivas, el biocombustible consumió más del 6.5% de la producción global de granos y el 8% del aceite vegetal del mundo en 2010, con respecto al 2% del suministro de granos y prácticamente ningún combustible vegetal en 2004.

Este año, después de una temporada de cosechas particularmente malas, vemos los resultados. Los precios globales de los alimentos son los más altos desde que la onu comenzó a llevar un registro en 1990, precisamente debido al aumento en el costo del maíz. A pesar de las medidas que se tomaron recientemente contra la desnutrición, las cifras de personas mal alimentadas superarán por varios millones a las que se habrían presentado en ausencia del respaldo oficial a los biocombustibles.

Ya habíamos pasado por esto. En 2007 y 2008, el rápido aumento de la producción de biocombustibles causó una crisis de alimentos que trajo consigo inestabilidad política y fomentó la desnutrición. Los países desarrollados no aprendieron la lección. Desde 2008, la producción de etanol aumentó el 33%.

Los biocombustibles inicialmente fueron defendidos por los activistas medioambientales como una solución inmediata contra el calentamiento global. Pero empezaron a cambiar de opinión cuando un grupo de investigadores demostró que los biocombustibles obtenidos a partir de la mayoría de los cultivos de alimentos no reducían significativamente las emisiones de gases de invernadero –y, en muchos casos, causaban la destrucción de bosques para abrir más terrenos cultivables, generando así más emisiones netas de dióxido de carbono que los combustibles fósiles–.

Algunos activistas verdes respaldaron los mandatos a favor de los biocombustibles, con la esperanza de que abrirían el camino para el etanol de próxima generación, que utilizaría plantas no alimenticias. Esto no sucedió.

Hoy, es difícil encontrar un solo ambientalista que siga respaldando la política. Hasta el ex vicepresidente de Estados Unidos y Premio Nobel, Al Gore –que alguna vez hizo alarde de haber emitido el voto decisivo para el respaldo del etanol–, dice que la política es “un error”. Ahora admite que la respaldó porque “tenía cierto afecto por los productores de maíz del estado de Iowa” –que, no por casualidad, fueron cruciales para su candidatura presidencial de 2000–.

Es reconfortante que Gore haya cambiado de opinión dada la evidencia. Pero existe una lección más amplia. Un coro de voces de izquierda y derecha se pronuncia en contra del respaldo gubernamental a los biocombustibles. El problema, como ha dicho Gore, es que “resulta difícil, una vez que se implementa un programa de esta naturaleza, lidiar con los grupos interesados que lo mantienen en pie”.

Los políticos no pueden frenar este tipo de comportamiento ávido de regalías. Pero pueden diseñar políticas bien pensadas que maximicen el bienestar social. Desafortunadamente, cuando logran hacer ver estas políticas como un freno al calentamiento global, como protección del medio ambiente o generación de “empleos verdes”, existe una tendencia a tomar decisiones apresuradas.

El respaldo del gobierno a los biocombustibles es solo un ejemplo de una política “verde” de reacción automática que crea oportunidades lucrativas para un grupo de empresas en defensa de sus propios intereses, pero que hace muy poco para ayudar al planeta. Consideremos el respaldo financiero que se les brindó a las empresas de energía renovable de primera generación. Alemania estuvo a la cabeza a la hora de instalar páneles solares, financiados por 75.000 millones de dólares en subsidios. ¿El resultado? Una tecnología solar ineficiente y poco competitiva instalada en los techos de un país que suele estar bastante nublado, que suplió un irrisorio 0.1% de la demanda total de energía de Alemania y que pospuso siete horas los efectos del calentamiento global en 2010.

Dadas las apuestas financieras, no sorprende que las empresas de energía alternativa, las firmas de inversión “verde” y los productores de biocombustibles estén respaldando fuertemente las peticiones de una mayor generosidad gubernamental, y que estén presentando su causa directamente ante la población, al resaltar sus supuestos beneficios para el medio ambiente, la seguridad energética y hasta el empleo –ninguno de los cuales resiste un escrutinio–. “El acuerdo con Nascar llevará el etanol estadounidense a la estratosfera”, declaró Tom Buis, máximo responsable ejecutivo de Growth Energy, la asociación de comercio de etanol.

Al menos la decisión de un grupo ya está tomada: los contendientes presidenciales. En Iowa, el posible candidato republicano Newt Gingrich se mofó de los “ataques de las grandes ciudades” por los subsidios al etanol. Y, en lo que debe ser música para los oídos de la industria, un funcionario de la administración Obama declaró que, incluso en medio de los precios más altos de los alimentos que el mundo haya visto hasta la fecha, “no existe ninguna razón para levantar el pie del acelerador” en cuanto a los biocombustibles.

En realidad, existen millones de razones –todas ellas sufriendo innecesariamente– por quienes se deberían aplicar los frenos.

Fuente: El Malpensante.com

domingo, 28 de marzo de 2010

Sistema transgénico y monocultivo: Un pobre sistema que enriquece a pocos


A la luz de los acontecimientos, tanto históricos como actuales, relatados en infinidad de documentos disponibles y dados a conocer a través de la información suministrada por instituciones y organismos dedicados a la investigación del tema, el sistema transgénico de producción agraria no ha sido del todo benigno ni ha aportado los beneficios prometidos para satisfacer las necesidades crecientes de alimentación de la población mundial en la medida en que se requiere; sin que el costo ambiental y humano supere sus cuestionables bondades.

Más allá de la composición y de los atributos científicos de los cultivos transgénicos, sus bondades o defectos, creo que el principal problema anexo a este sistema estriba en el uso y abuso por parte de los grandes conglomerados empresariales, que anteponen sus intereses monetarios desmedidos en detrimento del bienestar social y del derecho de la gente de gozar de un medio ambiente que le permita su desarrollo integral como parte activa de este mismo.

Los beneficios monetarios que representan para los grandes terratenientes el monocultivo de soja o maíz, destinados principalmente para la exportación, se anteponen a las necesidades alimentarias de países como los latinoamericanos, que teniendo gran capacidad de producción de variedades agrícolas constituyentes de la dieta básica y tradicional de sus habitantes, entran en el espiral de escasez y de empobrecimiento casi generalizado de la población.

La deforestación, la degradación de la capacidad productiva de los suelos, el hambre, la desnutrición infantil, el creciente índice de malformaciones en los recién nacidos, la contaminación hídrica de fuentes de consumo domestico, la contaminación atmosférica de zonas aledañas a los monocultivos transgénicos, son algunas de las más puntuales evidencias y consecuencias de la practica sistemática y extendida de fumigación con herbicidas y plaguicidas de alto poder para garantizar el máximo aprovechamiento de la especie cultivada.

La concentración de la propiedad y de la capacidad de producción en pocas organizaciones (o pocas manos) socava la posibilidad de acceso de la población más necesitada y de escasos ingresos, a los beneficios de una adecuada alimentación, en primera instancia, por los altos costos de los alimentos básicos propiciados por su disminuida producción ante el repunte de los monocultivos de soja y maíz, y en segunda instancia por el bajo contenido nutricional de los alimentos a los cuales pueden acceder, ya sea por las características propias de los mismos o por la pérdida progresiva de la capacidad productiva de los suelos en los que se cultivan.

La creciente expansión de las áreas de monocultivos transgénicos ha generado el desplazamiento de la población rural hacia los centros urbanos en busca de mejores alternativas para subsistir, objetivo utópico dada la creciente proporción de miseria y de pobreza como consecuencias del alto índice de desocupación y subempleo que agobia a las grandes ciudades de esta parte del planeta. La presión que ejerce en los sectores rurales la creciente expansión de la frontera productiva de cultivos transgénicos, desarticula la endeble estructura social de la población latinoamericana transfiriendo problemas del campo a la ciudad y acrecentándolos en la medida en que las soluciones no aparecen.

Con el actual modelo agroalimentario no se va a lograr el objetivo de alcanzar la seguridad alimentaria para la creciente población mundial. No es más que un modelo dominado por grandes conglomerados empresariales transnacionales que controlan las tecnologías y todos los eslabones relacionados con la cadena de suministros, desde el capital financiero hasta la distribución final.

Se requiere un nuevo modelo incluyente, equitativo en la distribución de los beneficios y soportado sobre bases sustentables que permita el desarrollo de las generaciones actuales y futuras.

Nelson Vásquez Castellar

martes, 13 de octubre de 2009

La gran pregunta: ¿Ha comenzado ya el cambio climático?


He aquí algunas consideraciones a tener en cuenta.

• El clima de la tierra ya se está ajustando a las emisiones pasadas de gases de invernadero. El sistema climático debe ajustarse a las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) a fin de mantener equilibrado el balance de energía mundial. Ello significa que el clima está cambiando y ha de seguir cambiando a medida que los niveles de gases de invernadero sigan subiendo. Los científicos en la actualidad están persuadidos de que en conjunto el volumen de pruebas ofrece un panorama del calentamiento del mundo y otros cambios en el sistema climático.

• Los registros de mediciones indican un aumento de 0.6ºC a 0.8ºC en la temperatura media mundial desde finales del siglo XIX. Estas observaciones son coherentes con las proyecciones de los modelos acerca de la envergadura del calentamiento hasta la fecha, en particular cuando se incluye el efecto refrigerante de los aerosoles. En gran parte, el calentamiento se produjo de 1910 a 1940 y de 1976 hasta la actualidad. En el hemisferio norte es probable que la velocidad y duración del calentamiento del siglo XX haya sido mayor que en cualquier otro período durante los últimos mil años. Además, es probable que el decenio de 1990 haya sido la década más cálida del milenio, y 1998, el año más caluroso.

• El nivel medio del mar se ha elevado de 10 a 20 cm. A medida que las capas superiores de los acéanos se calientan, el agua se expande y aumenta el nivel del mar. Los modelos indican que un calentamiento de 0.6ºC en efecto deberían dar como resultado el aumento del nivel del mar hasta la fecha. Pero otros cambios más difíciles de predecir, también afectan el nivel del mar real y aparente, en particular las caídas de nieve y el derretimiento de los casquetes polares de Groenlandia y la Antártica y el lento resurgimiento de los continentes septentrionales liberados del peso de los glaciares de la era de nieve.

• La capa de nieve ha disminuido un 10% desde finales del decenio de 1960 en las latitudes medias y elevadas del Hemisferio Norte. Es también muy probable que durante el siglo XX la duración anual de la capa de hielo de los lagos y los ríos se haya acortado en cerca de dos semanas. Durante este tiempo han retrocedido también casi todos los glaciares montañosos registrados en regiones no polares. En las últimas décadas la extensión del hielo del Mar Ártico en primavera y en verano ha diminuido en cerca de 10 – 15%, y el hielo probablemente ha adelgazado en un 40% durante fines del verano y principio del otoño.

• Hay más precipitaciones en muchas regiones del mundo. Se ha medido un aumento de 0.5-1% por década en la mayoría de las zonas de latitudes medias y elevadas en los continentes del Hemisferio Norte, acompañado por una expansión del 2% de la capa de nubes. Las precipitaciones de tierras tropicales (10ºN – 10ºS) parecen haber aumentado en un 0.2 – 0.3% por decenio. Por otra parte, durante el siglo XX se ha observado en las zonas terrestres subtropicales del Hemisferio Norte (10-30ºN) una disminución de cerca del 0.3% por década. En algunas partes de Asia África parecen haberse agravado la frecuencia e intensidad de las sequías.

• La manera en que el clima ha cambiado durante el siglo XX es coherente con lo que se había previsto a raíz de los aumentos en los gases de efecto invernadero y los aerosoles. Las pautas de calentamiento resultantes de observaciones espaciales son coherentes con las previsiones de los modelos. Por ejemplo, las mediciones realizadas en la superficie desde globos y satélites muestran que bien si la superficie de la Tierra se ha estado calentando, la Estratosfera se ha enfriado. Además, la Tierra se calienta más lentamente por encima de los océanos que sobre la tierra, en particular en las regiones oceánicas en que el agua de la superficie se mezcla hacia abajo, distribuyendo el calentamiento hacia las profundidades de los océanos. Otro ejemplo es la reducción del calentamiento en las zonas afectadas por los aerosoles.

En general hay pruebas nuevas y más concluyentes de que en gran parte el calentamiento observado en los últimos 50 años puede atribuirse a las actividades humanas.

Tú ¿Qué opinas?

Fuente: Carpeta de información sobre el cambio climático. PNUMA, OMM, OMS Y UNFCCC
Imagen: reta.eu
www.cambioclimatico.com

martes, 14 de julio de 2009

Calentamiento global, ¿A que tememos?


Asociado a la teoría del calentamiento global encontramos el miedo a la catástrofe, a lo que está por venir, a las consecuencias derivadas del aumento progresivo de la temperatura global del planeta si la tendencia actual continúa su curso y las predicciones se concretan; o lo que es peor, si no se sigue haciendo nada para intentar revertir esa tendencia.

Tememos básicamente a que el clima cambie y con el se vea afectado el rendimiento agrícola en diferentes regiones del planeta y consecuentemente disminuya la producción de alimentos, a que se reduzcan los aportes de agua dulce, a que suba el nivel del mar y aumenten los desastres, a la proliferación de enfermedades fruto de la destrucción y el caos cuando se conjugan con pobreza y desatención; entre otras consecuencias más que disminuyen en su grado de priorización.

Pero cabe resaltar que esas circunstancias a las que les tememos gran parte de la población hoy, las han venido padeciendo durante mucho tiempo millones de personas en el mundo cuyo número en la actualidad antes que disminuir aumenta, quienes no han tenido que padecer los efectos de un cambio climático abrupto para hacerse a la herencia de la exclusión y la precariedad con sus más afamados caracterizadores: Insalubridad, desnutrición, desempleo, analfabetismo, etc. A estas masas desatendidas poco le interesan los efectos que se puedan originar del temido calentamiento global, pues ellos ya lo han padecido casi todo, ya saben de antemano que en la lucha contra este fenómeno ellos son los primeros en la línea de batalla aún cuando su contribución al problema haya sido casi nula; otros, sabemos que el problema no es tomado con la seriedad que se merece, sino, que es utilizado como comodín por muchos gobiernos para seguir desatendiendo problemas estructurales que golpean a la sociedad tanto como lo podría hacer en un futuro el calentamiento global; o, como justificación para no incorporarlos al desarrollo y seguir manteniendo los privilegios de las minorías en las cuales se concentra la riqueza.

¿Acaso el hambre no es el principal flagelo que asota a gran parte de los países africanos e innumerables regiones de Asia y América latina cuando en otros lugares hay abundancia de alimentos? ¿No son hoy los pobladores de zonas subnormales asentadas en la ribera de los ríos, en sitios aledaños al mar y las faldas de montañas las principales victimas de inundaciones, deslizamientos y otro tipo de desastres asociados a fenómenos meteorológicos? ¿No son victimas los pobladores de estas zonas de múltiples enfermedades curables que causan su muerte por falta de recursos y atención médica? ¿No son también victimas del no suministro de agua potable por falta de acueductos o por contaminación de fuentes naturales por parte de la industria? El calentamiento global es una realidad, una amenaza para las futuras generaciones, un problema que debe ser enfrentado con estrategias coherentes; pero no una excusa para desviar y derrochar recursos que podrían ser invertidos para mejorar realmente las condiciones de vida de muchos que hoy carecen de los medios más básicos de subsistencia.

Pero en el trasfondo de todo, por lo que realmente se teme es ir en dirección a la desposesión de los privilegios, excentricidades y comodidades con que cuentan los habitantes de países que por su grado de desarrollo hacen parte de las esferas de poder. Existe un miedo por ser despojados de su derrochadora forma de vivir que es, entre todas, la principal de las causas del daño ecológico y la contaminación en nuestro planeta, que en ultimas repercute como una amenaza tanto para los unos como para los otros. Existe la preocupación de que se esfumen los innumerables beneficios que han sido proporcionados por el tipo de desarrollo escogido, un desarrollo que se fundamenta en un absolutamente insostenible consumo de recursos.

En realidad quienes más tienen que perder son los países ricos, los llamados desarrollados, no solo porque son los que más ven amenazada su forma de vida; sino, por el gran impacto que tienen sus acciones en la vida del planeta. Por Ello son a quienes más corresponde actuar para conocer mejor el problema y para combatir sus efectos negativos.

Las estrategias a llevar a cabo para combatir el calentamiento global no eximen de la responsabilidad de instaurar y llevar a cabo políticas de inclusión de los más necesitados al desarrollo, un desarrollo que se fundamente en garantizar un nivel de vida digno para todos sin victimizar el medio ambiente, la sostenibilidad y el dinamismo de la vida en nuestro planeta.

Sea cual sea la fuente o la causa principal, el calentamiento global sigue progresando, pero no así el compromiso, salvo de unos pocos, de hacer lo posible por intentar revertir la tendencia hacia un nivel de incremento de la temperatura global que ocasione un cambio climático de considerables proporciones.

Si los temores fueran los que normalmente se esgrimen, entonces hoy, más allá de la simple retórica, lucharíamos conjuntamente contra la pobreza, el hambre y un mejor hábitat para todos.

Entonces, sería bueno preguntarnos ¿A que tememos realmente?



Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com

miércoles, 25 de marzo de 2009

CLIMA, TIEMPO Y CALENTAMIENTO GLOBAL



El progresivo incremento de la temperatura media global impulsado principalmente, según estudios realizados y de acuerdo a los registros, por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero se constituye como uno de los desafíos que debe enfrentar la humanidad en el presente siglo dada la tendencia hacia un posible cambio climático. Aunque difieren las apreciaciones y los puntos de vista en cuanto al tiempo estimado en que se podría pasar la línea de no retorno hacia la percepción de condiciones totalmente diferentes a las actuales, y con relación a la posibilidad de que estas se den, un punto coincidente de la discusión es el calentamiento del sistema climático a un ritmo acelerado en los últimos 35 años.

Las manifestaciones de dicho calentamiento son claras. Al margen de las noticias llamativas con tintes catastrofistas, no se puede negar que el sistema climático está respondiendo positiva y sistemáticamente a ese incremento de temperatura; así lo deja ver el último informe del IPCC. Sin embargo, aún son muchas las cosas que ignoramos sobre todo cuando intentamos abordar un concepto tan complejo como el cambio climático, o lo intentamos simplificar a la simple explicación de las evidencias actuales o imputándole la ocurrencia de cualquier evento meteorológico. Es normal hoy ser presa del boom informativo que ha despertado este tema, abundante en noticias a medias y sin el rigor educativo con el cual debe ser comunicado. Aun así el calentamiento global es una realidad.

Los cambios climáticos han estado presentes durante la vida del planeta y han sido determinantes a la hora de establecer las diferentes etapas por las cuales este ha pasado, desde los eones hasta las épocas en que está dividida la historia de la tierra, pero han sido incubados durante el paso de miles de años, pasando de etapas muy frías a otras muy cálidas. En esa alternancia, además de otras características, se ha mantenido el funcionamiento de las condiciones climáticas del planeta, tan diferentes ayer como hoy.

Para la muestra, el último período de clima favorable, casi parecido al actual (se llama Eemiense), duró entre 130.000 y 115.000 años atrás, antes del inicio de la última de las grandes glaciaciones del Cuaternario (llamada Würm); etapa en la que se presentó el último máximo glacial, en la que la temperatura media debió de ser 10 grados menor que la actual. La temperatura de las zonas cercanas a los polos estuvo alrededor de 15 grados menos que ahora y en las zonas ecuatoriales el enfriamiento fue tal vez solo 5 grados por debajo. El nivel del mar bajó a casi 150 metros menos respecto al de hoy y el Sahara, se estima que se extendía, no solo por gran parte de África, sino hacia todo Oriente Próximo y buena parte de Asia. Según los estudios, esto terminó hace aproximadamente 18.000 años y a partir de allí las temperaturas comenzaron a templarse; no sin antes presentar dos períodos de retrocesos hacia el frío, uno con un mínimo hace 15.000 años (Dryas antiguo) y otro con un mínimo hace 12.000 años (Dryas reciente). Después nuevamente se reanudó el progresivo aumento de la temperatura hasta alcanzar niveles parecidos a los de nuestros días hace unos 10.000 años. A partir de allí empieza la más reciente de las épocas, la cual conocemos como Holoceno.

Pero a pesar de la antigüedad del cambio climático es relativamente poco lo que se sabe al respecto, incluso no existe gran certeza con relación a las causas que desencadenaron su ocurrencia en algunas etapas del pasado remoto (algo lógico). Lo que se ha logrado conocer se le debe fundamentalmente a ciencias como la Geología y a la Paleoclimatología, las cuales, a través del estudio de restos fósiles, la corteza de los árboles y los testigos de hielo, han brindado información histórica a grandes rasgos en el tiempo, generalmente de millones de años en adelante, pero sin ser estrictamente precisos en etapas tan cortas como cientos e incluso miles de años. Por esta razón a la hora de dar a conocer apreciaciones u opiniones se debe ser muy cuidadoso.

Algunos de los errores más comunes, sobretodo en los medios de comunicación, es utilizar indistintamente los términos Calentamiento global y Cambio climático, y confundir que es tiempo y que es clima, además de sus cambios asociados y sus escalas temporales. Al respecto intentaré hacer claridad.

El calentamiento global es el incremento progresivo de la temperatura media del planeta propiciado hoy, fundamentalmente, por el incremento acelerado de los gases de efecto invernadero en la atmosfera, producto de las crecientes emisiones por parte de las actividades desarrolladas por la humanidad, sobretodo en lo que atañe a la industria, el desperdicio de recursos naturales y el cambio en los usos de la tierra.

Según el ultimo informe del IPCC, el aumento total de la temperatura desde 1850 hasta 2005 es de 0.76 grados Celsius, dato que es congruente con el aumento del contenido de vapor de agua (el gas de efecto invernadero más significativo y más potente como acumulador de calor) en la atmosfera, al menos desde el decenio de 1980, tanto en tierra como en los océanos, así como en la troposfera superior. Igualmente con las desviaciones que muestran que la temperatura media de los océanos ha aumentado hasta profundidades de más de 3000 metros, que los glaciares de montaña y la cubierta de nieve han disminuido como promedio en ambos hemisferios, que el nivel medio del mar se elevó a un ritmo medio de 1.8 milímetros anual desde 1961 a 2003 entre otros. Esta información es coherente con el comportamiento evidenciado y medido del nivel de gases de efecto invernadero, especialmente el Dióxido de carbono (CO2), presentes en la atmosfera.

El IPCC hace claridad en cuanto al aumento de las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso mundiales. El dióxido de carbono es el gas de efecto invernadero antropogénico más importante, su concentración ha pasado de un valor preindustrial de aproximadamente 280 ppm (partes por millón) a 381 ppm en 2006. El metano (CH4) ha pasado de una concentración de 715 ppb (partes por billón), en la época preindustrial, a 1732 ppb a principios de la década de los noventa, y su valor en 2005 era de 1774 ppb. El óxido nitroso pasó de un valor en la era preindustrial de 270 ppb a 319 ppb en 2005. Sin embargo cabe resaltar que no todo el aumento de la temperatura debe ser imputable a los gases de efecto invernadero.

Cambio climático es un concepto mucho más amplio, se concibe como el resultado ultimo de un proceso acumulativo, ya sea de calentamiento o enfriamiento, y que se sustenta en el cambio sostenido de los promedios de las variables climáticas durante un período de tiempo significativo. Se habla de cambio climático cuando más allá de las anomalías que caracterizan la variabilidad climática secuencial y periódica que ya se conoce, cambian las condiciones que caracterizan el sistema climático para dar paso a otras con fenómenos diferentes en clases, intensidades o frecuencias. Si mirásemos la clasificación climática mundial según Kôppen, podríamos conocer los aspectos que caracterizan cada clase de clima, y desde este punto cabría considerar que a nivel regional un cambio climático ocurriría cuando se pase de un tipo a otro.

Cuando se hace referencia a los cambios climáticos del pasado remoto, se entiende la sucesión de eventos cataclísticos que generaron cambios radicales en el planeta, desde su constitución morfológica hasta los componentes químicos de su atmósfera, pasando de etapas de excesivo calentamiento a glaciaciones por espacio de millones de años e incluso de miles de millones. En el período actual, el cambio climático que se prevé está influenciado por el calentamiento global del sistema atmosférico, sustentado en una serie de evidencias que indican que si continúa la tendencia actual llegaremos a un punto en donde habría condiciones climáticas radicalmente diferentes a las actuales en todo el planeta.

Los próximos cuatro años son cruciales, se cumplirán 35 años de calentamiento global sostenido, el más largo período calido desde la edad media (900 a 100 DC), tiempo en que se produjo el llamado “Pequeño Óptimo Climático”, que llevó a lo que se conoce como la “Pequeña Glaciación”, lo que nos pone de manifiesto la alternancia periódica entre ciclos de calentamiento y enfriamiento, con una gran diferencia en el momento actual: el hombre y su capacidad de incidir en la dinámica del sistema climático a través de su modelo de desarrollo.
En cuanto a la conceptualización de lo que es tiempo y clima también cabe hacer énfasis. Hoy es normal confundirlos y allí estriba la gran dificultad al momento de referirse a que constituye o no cambio climático.

Cuando se habla de tiempo, se hace referencia a las condiciones atmosféricas reinantes en un lugar y en un momento determinados, es decir, cual es el comportamiento de las variables meteorológicas en un momento preciso y cuales son los fenómenos meteorológicos (meteoros) asociados a ese estado específico. Se puede medir cada uno de las variables o parámetros con instrumentos o por observación a simple vista, y se pueden acumular datos referidos a muchos lugares y a muchos momentos. Este es el campo de estudio de la meteorología.
El clima, en cambio, no se puede medir, sino estimar con base en las mediciones acumuladas durante un período de tiempo no inferior a 30 años, y hace referencia a las condiciones normalizadas que caracterizan determinada región o lugar, amparadas en los promedios estadísticos de todas las mediciones acumuladas correspondientes a los diferentes estados del tiempo atmosférico. El clima es un concepto mucho más complejo que el de tiempo atmosférico por su escala temporal y porque entran en juego aspectos más allá de las variables estrictamente meteorológicas para determinarlo, tales como latitud, altitud, continentalidad, orografía, entre otras. Es una especie de radiografía a largo plazo del tiempo de todos los días, un promedio del tiempo que elimina los datos extremos proporcionando un medida de normalidad del tiempo. Por ello es que no podemos asociar a cambios de clima la ocurrencia de cualquier evento meteorológico por más alejado que esté de los promedios sino obedece a una tendencia o a un proceso seguido por un cambio en los patrones que sustentan las condiciones climáticas de una región o en este caso del planeta.

Confundir estos dos conceptos puede llevarnos a malas interpretaciones, pues, no es igual la predicción del tiempo que la predicción climática, y cuando se habla de cambio climático estamos hablando de períodos de tiempo apreciables como ya se ha comentado en anteriores líneas.
Sin embargo la tendencia actual de calentamiento causa inquietud dadas las evidencias que existen y que sustentan la teoría de que nos aproximamos a un posible cambio climático que puede ser nefasto para la humanidad, aunque al respecto falta bastante por conocer.

No nos queda otra que hacer los esfuerzos necesarios que estén a nuestro alcance porque el calentamiento global es una realidad y sea poca o mucha la incidencia antropogénica en la tendencia a un posible cambio climático, tenemos que hacer nuestra parte.

Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com


miércoles, 25 de febrero de 2009

El cambio climático en el contexto del desarrollo humano

En un mundo dividido como el nuestro, principalmente en torno al factor riqueza, no es difícil establecer hacia que lado encontramos los menores índices de desarrollo humano y cuales, además de la pobreza, son las causas de esa situación. Causas que realmente son derivadas de aquella, aunque no siempre.

Entonces, en medio de esa realidad, también resulta fácil añadir una causa más sin ningún tipo de responsabilidad, o lo que es peor, intentar explicar todos los males a través de una sola, ocultando los verdaderos orígenes del problema.

La mención llega por el uso indiscriminado de las palabras cambio climático para explicar un sinnúmero de aspectos sociales cuyos orígenes son completamente diferentes, y más aún cuando las evidencias científicas apuntan a que nos encontramos en una etapa de desarrollo incipiente, aunque muy significativa, de lo que podría llegar a ser este fenómeno. Las administraciones públicas y los gobiernos han encontrado en el cambio climático el comodín para ocultar la real contribución de sus ineficiencias y mal uso de los recursos, a las dificultades que padece la población más pobre, especialmente en los países con niveles de desarrollo inferior. Desde el raquitismo de algunos sectores agrícolas que por falta de inversión y el establecimiento de programas pertinentes serios no avanzan, hasta las inundaciones de zonas subnormales que podrían evitarse con el simple hecho de implantar planes de vivienda social, reubicaciones permanentes o mejoramientos de infraestructuras. Hay para todos los gustos.

Y aún a pesar de lo útil del término (cambio climático) como excusa para tantos males, es poco lo que se hace en términos efectivos para contrarrestar la probabilidad de que antes de terminar este siglo podamos ser testigos de cambios significativos en las condiciones climáticas que puedan impactar negativamente a la población mundial; algo que resulta hasta lógico si se tiene en cuenta el desconocimiento de las reales implicaciones que un posible cambio climático traería para la humanidad, y la falta de voluntad para mirarlo más allá de un instrumento político para atraer la atención y darle la importancia que merece.

El cambio climático es un factor que puede llegar a ser determinante en el desarrollo humano de esta y las futuras generaciones, sin embargo, es poco lo que se ha avanzado a pesar del conocimiento que se tiene de los factores que podrían acelerarlo y de los mecanismos que deberían implementarse para desestimular el incremento progresivo del calentamiento global; ni siquiera los países firmantes del protocolo de Kioto han cumplido con las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a las que se habían comprometido, un ejemplo lo constituye España que está emitiendo aproximadamente un 53% de dióxido de carbono por encima de lo que emitía en 1990, y un 38% más de lo que se había comprometido a emitir en el 2012.

El desarrollo visto desde la perspectiva de ampliar las oportunidades de la gente y la de ofrecer alternativas de inclusión dignas para mejorar los niveles de vida de la población mundial se ve amenazado por las manifestaciones de cambio en las variables climáticas que marcan una tendencia a un cambio climático de gran relevancia. Hoy ya muchas personas están sufriendo los efectos de sistemas meteorológicos severos, que si bien algunos no tienen una relación directa con el previsible cambio climático, no se puede desconocer que en un escenario con cambios de mayor magnitud producidos por el calentamiento global, dichos efectos pueden ser catastróficos.

Por ello, cuando se tienen metas como las condensadas en los objetivos de desarrollo del milenio, que atañen al progreso y al alcance de un mundo menos asimétrico en cuanto a desarrollo humano se refiere, no se puede dejar de lado la consideración de un fenómeno como este, que puede causar efectos contrarios al alcance de esos objetivos. Porque erradicar la pobreza extrema y el hambre, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, y garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; si bien es cierto que se combaten con la unión de esfuerzos de cooperación internacional y de programas específicos dirigidos al alcance puntual de cada objetivo, no se puede desconocer que las condiciones climáticas juegan un papel fundamental para el alcance de los mismos. Porque la incidencia del aumento progresivo de la temperatura sobre las zonas tropicales puede disminuir en gran medida la productividad de cultivos vitales para la alimentación y el sustento económico de la población que se asienta en estos lugares, aumentar el riesgo de que enfermedades propias de la zonas tropicales se puedan presentar en latitudes medias, y producir desequilibrios en el medio ambiente que indirectamente acentúen la problemática que se desea combatir.

De aquí se deduce que la lucha contra el calentamiento global debe estar contemplada dentro del marco de la lucha para el desarrollo de la humanidad. Y a partir de allí establecer un nuevo acuerdo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que incluya a China e India que ya emiten en una proporción considerable y lo seguirán haciendo en mayor cuantía en los próximos años, y que además obligue a los Estados Unidos a firmarlo, y al igual que a los demás países emisores, a cumplir con lo pactado.

Todavía queda mucho por hacer, estamos siendo testigos, apenas de manifestaciones iniciales de un fenómeno que se prevé de grandes dimensiones si se continúa en la dirección equivocada. Según el IPCC, si se mantienen las emisiones de gases de efecto invernadero al ritmo actual o a uno superior causarían un calentamiento mayor e inducirían muchos cambios en el sistema climático mundial durante el siglo XXI, que muy probablemente superarían a los observados durante el siglo XX. Causa preocupación que comenzando este siglo la energía que utiliza el mundo procede en más de tres cuartas partes del consumo de fuentes combustibles fósiles, y este consumo supone una creciente emisión de gases invernadero – Dióxido de carbono, vapor de agua, metano, etc. -; y más cuando existe una gama de países que se encuentran en plena transición hacia una mayor industrialización de sus economías basadas en las mismas fuentes energéticas y que ostentan poblaciones de tamaño descomunal y en pleno crecimiento – India, China, Brasil, México, entre otros -.

Pero se puede hacer mucho todavía, es posible que con medidas coherentes hacía la búsqueda de un medio ambiente sustentable que posibilite el logro de los objetivos propuestos en materia de desarrollo humano y con el desarrollo de nuevas fuentes de energía “limpias”, se logren estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero de origen antrópico y por ende la temperatura media global a niveles tolerables para la vida humana y para la adaptación de las demás especies. Aunque nos llevaría mucho tiempo llegar a ese punto por el daño que quizá ya hemos producido, vale la pena el esfuerzo. Ojala los lideres mundiales lo vean de esa forma.

El calentamiento producido por causas antropogénicas posiblemente continuará durante siglos debido a las escalas de tiempo asociadas con los procesos climáticos y los retroefectos, incluso si la concentración de gases de efecto invernadero se estabilizase, según el IPCC. Pero aún está por comprobarse, el cambio climático sigue estando en nuestras manos, así como la lucha por un desarrollo que nos incluya a todos.

Fuente: IV Informe IPCC.
Fotografía: www.fao.org

Nelson Vásquez Castellar
www.cambioclimatico.org

lunes, 15 de diciembre de 2008

Sin sentido y sin razón: consideraciones acerca del cambio climático


Vivimos en un mundo de asimetrías y divisiones, al vaivén de las leyes del mercado que obstaculizan el desarrollo de muchos e incrementan el de unos pocos. Un mundo donde predomina la civilización del desperdicio, donde los recursos con los que contamos – naturales, humanos, económicos, en fin – son manejados como inventarios ilimitados destinados al consumo desmedido y a la venta al mejor postor.

Somos un planeta que se mueve a la par del discurso económico de las grandes potencias. Ese mismo que resuena de cumbre en cumbre, de foro en foro, adornado por actos protocolarios solemnes y dotados de gran riqueza léxica y emotiva, pero estéril a la hora de materializarse en soluciones efectivas a los problemas estructurales de los que adolecen las mayorías.

Ha sido así durante mucho tiempo y sigue siéndolo en nuestros días sin importar el tema a tratar, ya sea la ayuda humanitaria a los miles de desplazados y refugiados por culpa de los enfrentamientos tribales o de las sequías severas del África subsahariana, la finalización de las guerras que se libran en Irak y Afganistán por ocupación de tropas occidentales, la actual crisis financiera que nos asiste por la laxitud de los controles de los organismos pertinentes y el desenfreno especulativo y rentabilistico de los defensores del neoliberalismo y su hijo el “libre mercado”, o el cambio climático actual impulsado en gran parte por la derrochadora forma de vivir de aquellos que tienen como vivir y como derrochar – los mismos del discurso -.

La característica básica a la hora de tomar decisiones trascendentales para el destino de muchos -los afganos, los iraquíes, los africanos, el planeta entero- es la lentitud. Lentitud que prolonga el hambre de muchos y condena a otros al zumbido de las balas, lentitud tal vez incentivada por beneficios económicos –el petróleo de Irak, el opio de Afganistán o la continuación prolongada de la excesiva explotación de combustibles fósiles como motor de crecimiento económico-, lentitud que nos conduce, en últimas, al desastre –económico, social, político, climático-. Los mismos intereses que predominan a la hora de tomar decisiones a escala global, son los mismos que, a escala regional, limitan el desarrollo, incentivan la concentración antes que la distribución y agudizan las asimetrías expandiendo la brecha que separa a los que tienen mucho de los que tienen demasiado poco.

Es hora de cambiar de dirección, no se pueden seguir priorizando los intereses desmedidos de una parte en detrimento del derecho libre y digno de muchos de forjarse su propio desarrollo y vivir en condiciones adecuadas. Y es aquí, en este marco, donde se debe resaltar la importancia de la lucha contra el acelerado cambio climático que nos asiste hoy.

Las observaciones directas recientes aportan evidencias de que el calentamiento del sistema climático es inequívoco:

 Once de los últimos catorce años se encuentran entre los doce años más calurosos de los registros instrumentales de la temperatura global en superficie.
 Nuevos análisis de las mediciones con globos meteorológicos y satélites de la temperatura de la troposfera inferior y media muestran ritmos de calentamiento similares a los del registro de temperatura en superficie.
 Observaciones realizadas desde 1961 muestran que la temperatura media de los océanos del mundo ha aumentado hasta profundidades de, al menos 3000 metros y que el océano está absorbiendo más del 80% del calor añadido al sistema climático.
 El nivel medio del mar en el mundo se elevó a un ritmo de 1.8 milímetros anuales desde 1961 a 2003.
 Las temperaturas medias árticas aumentaron casi el doble que la media mundial durante los últimos 100 años.
 Los datos satelitales desde 1978 muestran que la extensión media anual del hielo marino ártico ha disminuido un 2.7% por decenio.
 Se han observado sequías más prolongadas y más intensas en áreas más extensas desde el decenio de 1970, particularmente en los trópicos y en los subtrópicos.
 La frecuencia de fenómenos de precipitaciones fuertes se ha incrementado en la mayoría de las áreas terrestres, en concordancia con el calentamiento y los aumentos observados en el vapor de agua atmosféricos.

El cambio climático es, sin duda, un factor decisivo que determinará el desarrollo humano de esta y las futuras generaciones. La manera en que lo enfrentemos hoy tendrá un efecto directo en las perspectivas de desarrollo de un gran segmento de la humanidad mañana.

No tiene sentido seguir esperando. Las medidas para combatirlo no pueden quedarse en la simple retórica a la que nos hemos acostumbrados. No hay razón para seguir persistiendo en las mismas prácticas de desarrollo que han venido minando la capacidad de muchos sistemas físicos y biológicos de autosostenerse, no hay razón para cortar los esfuerzos de muchos a costa del beneficio de pocos.

Las medidas que tomen los países en desarrollo, que contribuyen en menor medida a la problemática, para contrarrestar las consecuencias del cambio climático no surtirán efectos sino lo hacen los países desarrollados que son los principales actores. El cambio climático nos inmiscuye a todos y como tal, la lucha para contrarrestarlo se debe dar mediante el consenso general de todos.

Ojala las nuevas medidas tomadas por la Unión Europea para hacerle frente al fenómeno se lleven a la práctica y surtan efectos. Ojala no sean presa del incumplimiento injustificado que por experiencia conocemos.


Fuente: Cuarto informe de evaluación sobre cambio climático. Grupo De trabajo I. IPCC

Nelson Vásquez Castellar
http://www.cambioclimatico.org/blog/4