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viernes, 20 de febrero de 2015

LA LEY Y EL BOSQUE

Cuenca del Río Magdalena, Colombia. Archivo personal del autor.
La constitución política colombiana, así como un gran número de leyes, decretos y otros acuerdos reglamentarios establecen un marco normativo bastante robusto y exhaustivo respecto al medio ambiente. En esta materia se puede considerar a Colombia como pionera, por lo menos en Latinoamérica; pues, el marco reglamentario es bastante atractivo en el papel. Y en este aspecto es importante resaltar el establecimiento del código de recursos naturales renovables desde hace 40 años, el cual es el mejor instrumento con el que cuentan las autoridades ambientales para proteger el patrimonio ambiental colombiano. Este fue el primer cuerpo normativo en lo que respecta al medio ambiente que se formuló en América latina y es un ejemplo de la confluencia de diferentes visiones y consensos entre sectores de interés nacional.

No cabe duda de que se han dado pasos importantes en materia de protección y regulación del medio ambiente, así como de clasificación y delimitación de zonas y áreas protegidas. Sin embargo, en la práctica todavía falta mucho trecho por recorrer para que se adopten y se instrumentalicen las medidas establecidas. La relación entre economía y medio ambiente aun no es lo suficientemente sana como para concluir que las normas han surtido el efecto esperado. La corrupción y el clientelismo administrativos sacan la cabeza en esta relación, pues el otorgamiento de licencias y demás permisos de corte ambiental aún se realiza por fuera de los cánones reglamentarios al mejor postor. El ejemplo más palpable de ello es la minería, la cual está dejando una gran estela de destrucción y contaminación hídrica y atmosférica además de un desbalance ecosistémico y destrucción boscosa.

Enfatizando en esto último, un aporte importante en materia de protección de bosques y masa forestales es el decreto ley 2811 de 1974 que contempla la ordenación, manejo y aprovechamiento forestal, además de otras disposiciones de carácter ambiental. La importancia de los bosques hoy es superlativa, especialmente en cuanto a la agitada carrera contra el calentamiento global y la protección de la biodiversidad. El que Colombia posea esta normativa es un avance para la salvaguarda de uno de los ecosistemas más críticos e importantes para el equilibrio climático del planeta, pero de no implementarlo en la práctica la reducción de su extensión en el país seguirá con su ritmo acelerado.

El gran servicio que prestan los bosques y las grandes masas forestales en general para el planeta es incalculable, desde el alojamiento de un gran número de especies, pasando por el aporte a los avances de la medicina, la regulación climática y la provisión maderera, hasta la fijación del dióxido de carbono, principal agente antrópico señalado, supuestamente, como determinante del incremento de temperatura global que nos asiste en la actualidad.
Deforestación en la selva Chocoana. Archivo Resista Semana

La deforestación a gran escala que sufren cuerpos forestales como la pluviselva amazónica o la selva chocoana atenta, además, con  la disponibilidad hídrica para comunidades que viven al interior de estos y ciudades enteras que se abastecen de ello. Los bosques juegan un papel fundamental en el ciclo hidrológico a través de la contención de las lluvias, la infiltración de agua en el suelo y la absorción por las raíces; así favorecen el control de la escorrentía superficial y blindan a poblaciones cercanas de inundaciones y deslizamientos. Incluso, en los dos ecosistemas mencionados la gran densidad forestal permite la generación de precipitaciones vía evapotranspiración. Por ejemplo, la selva amazónica produce aproximadamente el 50% de la precipitación caída en la cuenca, además del 20% del oxígeno de la tierra. Igualmente la influencia del bosque chocoano es determinante para que esa región del pacífico colombiano sea una de las más pluviométricas del mundo.

El sistema climático terrestre se encuentra en gran medida regulado por los bosques. Si la extensión de estos se sigue reduciendo posiblemente se darán cambios que impactaran negativamente el modo de vida confortable de muchos pobladores del planeta. 13 millones de hectáreas se pierden anualmente por deforestación en el mundo y mucho de esto es irrecuperable. Y Colombia hace, desafortunadamente, un aporte importante en esa problemática; la expansión urbanística, la extracción ilegal de madera, la minería, la expansión agrícola y de cultivos ilícitos, hacen mella en la extensión forestal del país bajo un desacato continuo de las leyes.

El que exista el decreto ley 2811 de 1974 en Colombia solo será significativo en la medida en que las disposiciones, reglamentaciones, recomendaciones y otros que allí se sustentan sean acatadas y respetadas. Algo que hoy brilla por su ausencia.

Nelson Vásquez Castellar 
metparatodos@gmail.com

domingo, 15 de febrero de 2015

Algo característico en las ciudades de hoy, la permanente bruma que acompaña al paisaje.

Bruma sobre la ciudad de Madrid, España.
Una atmósfera parda y opaca que se revela como señal inequívoca de la gran actividad industrial y doméstica, lo que algunos asimilarían como sinónimo de desarrollo, se ha hecho perenne en cualquier postal de cualquier gran ciudad en estos tiempos. Se podría considerar equivocadamente, por analogía, que a mayor contaminación mayor desarrollo. Y como desarrollo es sinónimo de bienestar, también se podría considerar absurdamente que habrá más bienestar cuanto mayor sea la contaminación. Esa es la gran ambigüedad en la que se mueve la humanidad: el desarrollo sustentado en la acumulación y el consumo.
Equivocadamente se ha creído en un desarrollo ligado a la maximización, ya sea del consumo, la riqueza, la rentabilidad, la producción, etc. Se constata hoy que ese no ha sido el camino correcto para encontrar el bienestar humano, ese que es inclusivo y que propende por la equidad. Los altos niveles de contaminación atmosférica, sin hacer mención de los demás, más que desarrollo, lo que suponen es un alto grado de derroche de recursos, miopía e indiferencia con el medio ambiente y la humanidad misma.
El modelo económico imperante en la actualidad de nada ayuda en la solución del problema. La contaminación del aire se acrecienta y se lleva cada vez más vidas sin que haya decisiones globales claras respecto al uso de los combustibles fósiles y el cambio hacia fuentes de energías renovables. Los adelantos son incipientes y requieren de más apoyo para paliar uno de los grandes problemas que tenemos en la actualidad.

Nelson Vásquez Castellar

jueves, 29 de enero de 2015

EL CALENTAMIENTO GLOBAL COMO PRETEXTO

Nevada producida por la tormenta de nieve Juno
a su paso  por el estado de Pensilvania EEUU.
Archivo personal de Carina Vásquez
Diferentes puntos de vista confluyen hoy en el reconocimiento del aumento de la temperatura media del planeta, fenómeno que se da a conocer como calentamiento global o, para algunos futuristas, cambio climático, dejando entrever con esta última denominación el carácter proyectivo y pesimista del término y la posición en torno al tema. Más allá de las discrepancias que existen en cuanto a la causa principal de este fenómeno, cada día se suman más posturas afines en derredor. Sin embargo, cabría preguntarse si en todas estas subyace el hilo conductor de la concientización u obedecen a otro tipo de intereses que requieren mimetizarse para esconder objetivos no tan transparentes o solidarios. ¿O es acaso una suerte de pescar en río revuelto? O más bien ¿este es el pretexto  oportunista para justificar la inercia ante las responsabilidades y la gestión que demandan temas de interés social prioritarios, o la negligencia para actuar ante problemáticas que requieren acción inmediata con el fin de garantizar el bienestar ciudadano a nivel local, regional o global? Este es un escenario variopinto, algo así como una miscelánea de intereses que no se caracterizan precisamente por tener en común como fundamento el convencimiento del problema.

Lo económico entra en juego de una manera determinante. En el trasfondo de todo, el rédito tiende a marcar la pauta, inclusive por encima de la escogencia de las mejores alternativas para paliar los efectos adversos que pueda tener el fenómeno en el bienestar de la sociedad; es decir, el riesgo económico supera al riesgo ambiental. Si la rentabilidad no se garantiza, la inversión no se genera, más allá de que la opción sea significativa en términos de mitigación o adaptabilidad. Esto es cierto a cualquier escala geográfica e independiente del origen de los fondos. Es la razón por la cual las voluntades no se encaminan de manera decidida y armónica hacia el apoyo a alternativas energéticas renovables para masificar su consumo reemplazando otras menos benéficas en términos climáticos y ambientales. Algo que se antoja lógico bajo la óptica  capitalista.

Pero el calentamiento global se ha convertido en una oportunidad de negocios y dado el carácter hegemónico del sistema económico y político imperante, su aprovechamiento está garantizado más allá de que los fines perseguidos por algunos actores del “mercado” vayan en contravía con la intención de dar pasos para desacelerar el ritmo de calentamiento y propender por la restitución y conservación ambiental. Aquellos que han sido y son agentes activos para propiciar el aumento de la problemática generando los que según la mayoría de estudios son sus factores desencadenantes, son los mismos que aprovechan el momento para presentarse como adalides de la conciencia ambiental y climática  utilizando eslóganes con terminología alusiva a la sostenibilidad. Situación que no sorprende, pues son los dueños de la chequera.

Los esfuerzos de los verdaderamente comprometidos con la causa se ven empañados por una telaraña de desinformación que induce a la población desprevenida y poco informada a tomar medidas erráticas o poco eficientes a la hora de generar un impacto positivo en la estabilización de los niveles de degradación de los sistemas vitales presentes en la naturaleza. Incluso algunos bien informados y con poder de decisión sucumben ante las dadivas y sobornos de esa mano invisible que se resiste a dar un viraje significativo acorde a lo que demanda el momento.

Tormenta sobre Barranquilla, Colombia.
Archivo personal del autor.
El calentamiento global se ha presentado como la tabla de salvación para gobernantes y líderes políticos en todo el orbe. Su ocurrencia ha propiciado la simplificación del discurso; pues ahora, todo es por culpa de dicho fenómeno. Todo se les ha facilitado al amparo de la nueva causa de todos los males. Las inquietudes sobre problemas de ejecución, control y malversación de fondos han encontrado la respuesta clave. La ineptitud y la corrupción han sumado al aliado que buscaban. Poco importa si los datos estadísticos y los análisis de series de tiempo de los elementos del clima no muestran anomalías significativas, si se da una afectación por algún fenómeno aislado de tipo meteorológico característico de la variabilidad natural del clima o si esta ocurre por la incidencia de un fenómeno natural de otra índole. No importa, la causa ya se conoce, la respuesta está servida: todo es culpa del calentamiento global, o mejor aún, del cambio climático.

Son comunes las declaraciones de los representantes de entidades competentes ante cualquier suceso natural adverso dar por hecho, en muchos casos, que la causa es el temido calentamiento del sistema climático sin antes evaluar antecedentes o verificar la naturaleza del fenómeno. Un ejemplo palpable se da en el caso de los deslizamientos de tierra (por lo menos en el caso colombiano), los cuales generalmente se producen porque ha tenido lugar previamente un proceso de deforestación no controlado, ilegal o no planificado que induce al movimiento del suelo por una pendiente de manera progresiva sobre todo cuando es permeado por la caída de la precipitación. Ante esta situación no se requieren cantidades de lluvia superiores a las normales para que dicho terreno en un momento dado pueda sucumbir; basta con que el peso del terreno por efecto de la infiltración y la falta de absorción y sostenimiento que brindan los arboles conspiren para que el evento ocurra. Cabe preguntar ¿será que la causa obedece a efectos del calentamiento global o es producto de la ausencia de controles para evitar una práctica tan nociva como la deforestación?

Algo similar se presenta cuando se permite la ubicación de asentamientos humanos en zonas de riesgo. Estos, por lo general, productos del déficit de planificación urbanística en los gobiernos locales se hacen invisibles o son poco tenidos en cuenta hasta que un día un evento meteorológico anómalo se los recuerda. Entonces, en dicho momento, se acusará al bendito calentamiento ocultando la realidad de una gestión administrativa y ambiental precaria.

Ejemplos de esta situación hay muchos, pero lo más preocupante es cuando son los supuestos entendidos del tema los que se acomodan al discurso del calentamiento en sus interpretaciones y explicaciones sobre las causas e implicaciones de eventos puntuales. Así, el análisis meteorológico pierde profundidad y la consecuencia directa de ello se refleja en la poca certeza de las predicciones.


El calentamiento del clima está siendo palpable con el paso del tiempo, así lo revelan los estudios. Sin embargo, es importante que las decisiones y las acciones producto de estas vayan encaminadas a combatir las causas reales del problema sin ambages y oportunismos.

Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com

martes, 9 de diciembre de 2014

LA AGITADA CARRERA CONTRA EL CALENTAMIENTO GLOBAL

Archivo fotográfico del autor. Cumbres nevadas, región
andina colombiana
Cada vez que surgen nuevos estudios relativos al comportamiento de las temperaturas en el planeta y de sus posibles efectos derivados, el panorama se torna más crítico y preocupante. Los hallazgos comprueban que el sistema climático, así como los diferentes ecosistemas del orbe, están respondiendo positivamente a un escenario global de progresivo calentamiento. Y en esta situación el hombre parece ser un actor principal incidiendo, de acuerdo a investigaciones, como nunca antes en la historia, en el derrotero del clima.

Es muy válido no estar de acuerdo con algunas posturas del IPCC en torno al análisis de los diferentes eventos de tipo climático, de la metodología empleada para abarcar el estudio de los diferentes elementos que lo caracterizan, de las conclusiones a las que llega luego de poner en marcha los estudios pertinentes e incluso de los factores que están propiciando la situación actual; pero más allá de posibles desacuerdos o posturas encontradas, el calentamiento del sistema climático es una realidad y en la medida en que las decisiones políticas no avancen, por lo menos, al mismo ritmo de este, el rezago se incrementará y las decisiones que se tomen poco impacto tendrán en la mitigación y en la adaptación a sus efectos.

Más allá de la influencia que puedan generar factores y mecanismos naturales, tanto internos como externos, en la configuración de ese conjunto de circunstancias en torno al clima actual y del panorama que se prevé, la aportación humana parecer ser decisiva; sobre todo en lo ateniente a las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio en el uso de la tierra, revistiendo especial importancia en esto último la expansión de la agricultura a expensas de la deforestación. A partir de aquí se desencadenan una serie de consecuencias que día a día se manifiestan generando impactos lamentables en la población a lo largo y ancho del planeta.

No es necesario exagerar, maquillar resultados para inducir decisiones o acuerdos o escenificar una catástrofe con el afán de predisponer a la comunidad para endilgar al calentamiento global la ocurrencia de cualquier tipo de fenómeno natural. Tampoco minimizar o dar por sentado que no está pasando nada, que todo sigue igual, que todo es mentira. Las evidencias saltan a la vista hoy y lo seguirán haciendo aun cuando intenten ocultarse o magnificarse. El calentamiento es inequívoco y a escala humana representa sin duda un gran desafío; por lo tanto, en la medida en que se demoran las decisiones la carrera por detenerlo o mitigarlo se pierde.

Por todo ello, urgen consensos, acuerdos racionales, principalmente entre aquellas sociedades que más contaminan, las que más consumen; pues en últimas, en el trasfondo de todo, el aporte humano a esta problemática se fundamenta en el consumo, tanto en forma como en cantidad. Aquellas sociedades que más demandan recursos deben asumir su responsabilidad.

Archivo fotográfico del autor. Un lugar de la costa
Caribe colombiana
Las conclusiones del quinto informe del IPCC acrecientan la preocupación y reafirman los hallazgos dados a conocer en informes anteriores. En este se sostiene que la influencia humana es clara y aumenta progresivamente y, además, sus impactos se observan en todos los continentes. El informe también expresa con una gran certidumbre, superior a informes anteriores, que las emisiones de gases de efecto invernadero y otros impulsores antropógenos han sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX. Thomas Stocker, Copresidente del Grupo de trabajo I del IPCC afirmó que la evaluación realizada concluye que la atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y las concentraciones de dióxido de carbono han aumentado hasta niveles sin precedentes desde hace, por lo menos, 800.000 años. 

El informe hace énfasis en que las emisiones continuadas de gases de efecto invernadero seguirán causando un mayor calentamiento y cambios perdurables en los diferentes componentes del sistema climático, con lo que inminentemente aumentará la probabilidad de impactos generalizados y profundos que afecten a todos los niveles de la sociedad y el mundo natural.

Esta información obliga a reevaluar el accionar en torno a la búsqueda por detener o minimizar los efectos del fenómeno en las condiciones de vida planetarias, no es posible obtener resultados contundentes si se sigue actuando por la misma vía. Si los gases de efecto invernadero son parte del problema, su emisión tiene que reducirse. Hay que dar marcha a procesos innovadores que propendan por este objetivo y que demuestren ser efectivos, no piezas de una estrategia en la que se amparen intereses egoístas de unos pocos gobiernos u organizaciones. Si la deforestación es otro factor que propicia esta problemática, se debe combatir de manera decidida creando mecanismos de control eficaces y ofreciendo planes alternativos a quienes viven de la agricultura para desincentivar su práctica.

Es necesario sensibilizar a la sociedad sobre la magnitud del problema para que tome acción en la carrera por desacelerar el ritmo de calentamiento, pero para ello es fundamental que se evidencien acciones transparentes y coherentes de parte de quienes ostentan el poder. Si ello no ocurre, si no existe un liderazgo que encause de manera veraz la lucha contra este fenómeno global, la actuación de la sociedad será dispersa y poco significativa.

No es cierto que el calentamiento global sea una mentira. Alrededor de este tema existen muchos intereses, principalmente económicos y políticos, que empañan la veracidad de su existencia. Intereses que navegan entre la negación y la exageración, que siembran la duda y obstaculizan la rápida respuesta para contrarrestar los efectos. Sin embargo, las evidencias seguirán saltando a la vista y por más que intenten maquillarse o negarse los impactos nos recordarán la realidad del problema.
                                       


Nelson Vásquez Castellar

Barranquilla, diciembre 9 de 2014.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Siguen aumentando las concentraciones de gas de efecto invernadero

La cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera alcanzó un nuevo máximo en 2010 desde la era preindustrial y el índice de aumento se ha acentuado, según el Boletín de la Organización Meteorológica Mundial sobre los gases de efecto invernadero. En él se hizo especial hincapié en el incremento de las concentraciones de óxido nitroso.

 Según el informe, entre 1990 y 2010 hubo un aumento del 29% en el forzamiento radiativo —el efecto calentamiento en nuestro sistema climático— provocado por los gases de efecto invernadero. El dióxido de carbono representó el 80% de este aumento.

“La carga atmosférica provocada por los gases de efecto invernadero debido al conjunto de actividades humanas ha alcanzado una vez más niveles sin precedentes desde la era preindustrial,” afirma Michel Jarraud, Secretario General de la OMM. “Aun si lográsemos hoy detener nuestras emisiones de gases de efecto invernadero —y esto dista mucho de ser una realidad— estas perdurarían en la atmósfera durante décadas por venir y, por lo tanto, seguirían afectando al equilibrio delicado de nuestro planeta vivo y nuestro clima.”

“Hoy más que nunca, debemos entender las interacciones complejas y, a veces, imprevistas entre los gases de efecto invernadero en la atmósfera, la biosfera terrestre y los océanos. Mediante su red de Vigilancia de la Atmósfera Global, la OMM seguirá reuniendo datos para ahondar en los conocimientos científicos en más de 50 países, en particular en las estaciones en altitud en los Andes o el Himalaya, las extensiones remotas de Alaska y el extremo sur del Pacífico,” afirmó.

Los gases de efecto invernadero atrapan las radiaciones en la atmósfera terrestre provocando el calentamiento de la misma. Las actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles y la agricultura, son emisores principales de gases de efecto invernadero, que son elementos impulsores del cambio climático. Después del vapor de agua, los tres principales gases de efecto invernadero de larga duración son el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.

El dióxido de carbono (CO2) es el gas de efecto invernadero presente en la atmósfera más importante provocado por la actividad humana y contribuye en un 64% al aumento total del forzamiento climático causado por los gases de efecto invernadero. Desde el inicio de la era industrial en 1750, su abundancia atmosférica ha aumentado en un 39% a 389 partes por millón (número de moléculas del gas por millón de moléculas de aire seco). Ello obedece principalmente a las emisiones de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y los cambios del uso de la tierra.

Entre 2009 y 2010, su abundancia atmosférica aumentó en 2,3 partes por millón, superior a la media en la década de los noventa (1,5 partes por millón) y en la pasada década (2,0 partes por millón).
Durante aproximadamente 10 000 años antes del inicio de la era industrial a mediados del siglo XVIII, el dióxido de carbono presente en la atmósfera se mantuvo prácticamente constante en aproximadamente 280 partes por millón.

Desde 1750, el metano (CH4) contribuye en un 18% al aumento general mundial del forzamiento radiativo y es el segundo gas de efecto invernadero más importante después del dióxido de carbono.
Antes del inicio de la era industrial, la concentración de metano en la atmósfera era de aproximadamente 700 partes por mil millones (número de moléculas del gas por mil millones de moléculas de aire seco). Desde 1750, ha aumentado el 158%, en gran parte debido a actividades tales como la cría de ganado, el cultivo de arroz, la explotación de combustibles fósiles y los vertederos. En la actualidad, el conjunto de actividades humanas representa el 60% de las emisiones de metano, y los recursos naturales, como los humedales, el 40% restante.

Tras un período de relativa estabilización temporal entre 1999 y 2006, el metano presente en la atmósfera ha vuelto a aumentar. Los científicos están investigando las razones de ello, en particular la posible función que cumple el deshielo del permafrost del hemisferio norte, rico en metano, y el incremento de las emisiones de los humedales tropicales.

Desde 1750, el óxido nitroso (N2O) contribuye en un 6% al aumento general mundial del forzamiento radiativo. El óxido nitroso se emite a la atmósfera desde fuentes naturales y artificiales, en particular los océanos, la combustión de biomasa, el uso de fertilizantes y distintos procesos industriales. Actualmente, es el tercer gas de efecto invernadero más importante.

En 2010, la carga atmosférica de óxido nitroso era 323,2 partes por mil millones, es decir, 20% más que en la era preindustrial. En los últimos diez años, la carga ha aumentado a una media de aproximadamente 0,75 partes por mil millones, principalmente debido al uso de fertilizantes que contienen nitrógeno, en particular el estiércol, lo que ha afectado marcadamente el ciclo global del nitrógeno.

En el transcurso de un período de 100 años, su impacto en el clima es 298 veces mayor a las emisiones equivalentes de dióxido de carbono. Además, cumple también una importante función en la destrucción de la capa de ozono de la estratosfera que nos protege de los rayos solares ultravioletas nocivos.

Otros gases de efecto invernadero. El forzamiento radiativo combinado causado por halocarbonos es del 12%. Algunos de estos halocarbonos, como los clorofluorocarbonos (CFC), que hace unos años se utilizaban como refrigerantes, propulsores de bombas de aerosol y solventes, están disminuyendo poco a poco gracias a las medidas adoptadas a escala internacional para preservar la capa de ozono que protege la Tierra.


Sin embargo, las concentraciones de otros gases, como los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) y los hidrofluorocarbonos (HFC), que se usan como sustitutos de los CFC ya que son menos dañinos para la capa de ozono, están aumentando rápidamente. Estos dos tipos de compuestos son gases de efecto invernadero muy potentes y permanecen mucho más tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono.

Programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global

Mediante su programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global, la OMM coordina las observaciones de los gases de efecto invernadero en la atmósfera a través de una red de estaciones ubicadas en más de 50 países. El Centro Mundial de Datos sobre Gases de Efecto Invernadero de la OMM, que alberga el Servicio Meteorológico de Japón (JMA), controla la calidad de los datos de medición, los archiva y los distribuye.

El Boletín de la OMM sobre los gases de efecto invernadero de 2010 es el séptimo número de una serie de boletines que comenzaron a publicarse en 2004. En el Boletín se comunican las cargas atmosféricas y los índices de los cambios de los gases de efecto invernadero de larga duración más importantes, a saber, el dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso, el CFC-12 y el CFC 11, y se ofrece un resumen de las contribuciones de gases menores.

Fuente: OMM

miércoles, 4 de mayo de 2011

Una carrera hacia el hambre


Por Bjørn Lomborg
Los biocombustibles suelen generar simpatía. Pero, ¿qué tan sensato es quemar millones de toneladas de comida para echar a andar los carros gringos?

El pasado febrero, los espectadores de la carrera Daytona 500, en Florida, recibieron banderas verdes a la entrada para que las agitaran durante la carrera, a manera de celebración porque los autos en competencia comenzarían a usar gasolina con un 15% de etanol a base de maíz.

Así comenzó una campaña televisiva que durará toda la temporada para promocionar las ventajas de los biocombustibles entre los norteamericanos.

Visto superficialmente, el autoproclamado “enverdecimiento de la Nascar” (Asociación Nacional de Carreras de Autos de Serie) es simplemente un ejercicio transparente (y, uno sospecha, desafortunado) de limpieza medioambiental para el deporte. Pero esta alianza entre un pasatiempo adorado por los estadounidenses y el lobby para los biocombustibles también marca el último intento por inclinar la opinión pública a favor de una política verdaderamente irresponsable.

Estados Unidos gasta unos 6.000 millones de dólares anuales en respaldo federal a la producción de etanol a través de créditos, aranceles y otros programas. Gracias a esta asistencia financiera, una sexta parte de la oferta de maíz del mundo se quema en autos norteamericanos. Es suficiente maíz para alimentar a 350 millones de personas durante un año entero.

El respaldo del gobierno al crecimiento de la producción de biocombustibles contribuyó a un desorden en la producción de alimentos. Como resultado de la política oficial de Estados Unidos y Europa, que incluye metas de producción agresivas, el biocombustible consumió más del 6.5% de la producción global de granos y el 8% del aceite vegetal del mundo en 2010, con respecto al 2% del suministro de granos y prácticamente ningún combustible vegetal en 2004.

Este año, después de una temporada de cosechas particularmente malas, vemos los resultados. Los precios globales de los alimentos son los más altos desde que la onu comenzó a llevar un registro en 1990, precisamente debido al aumento en el costo del maíz. A pesar de las medidas que se tomaron recientemente contra la desnutrición, las cifras de personas mal alimentadas superarán por varios millones a las que se habrían presentado en ausencia del respaldo oficial a los biocombustibles.

Ya habíamos pasado por esto. En 2007 y 2008, el rápido aumento de la producción de biocombustibles causó una crisis de alimentos que trajo consigo inestabilidad política y fomentó la desnutrición. Los países desarrollados no aprendieron la lección. Desde 2008, la producción de etanol aumentó el 33%.

Los biocombustibles inicialmente fueron defendidos por los activistas medioambientales como una solución inmediata contra el calentamiento global. Pero empezaron a cambiar de opinión cuando un grupo de investigadores demostró que los biocombustibles obtenidos a partir de la mayoría de los cultivos de alimentos no reducían significativamente las emisiones de gases de invernadero –y, en muchos casos, causaban la destrucción de bosques para abrir más terrenos cultivables, generando así más emisiones netas de dióxido de carbono que los combustibles fósiles–.

Algunos activistas verdes respaldaron los mandatos a favor de los biocombustibles, con la esperanza de que abrirían el camino para el etanol de próxima generación, que utilizaría plantas no alimenticias. Esto no sucedió.

Hoy, es difícil encontrar un solo ambientalista que siga respaldando la política. Hasta el ex vicepresidente de Estados Unidos y Premio Nobel, Al Gore –que alguna vez hizo alarde de haber emitido el voto decisivo para el respaldo del etanol–, dice que la política es “un error”. Ahora admite que la respaldó porque “tenía cierto afecto por los productores de maíz del estado de Iowa” –que, no por casualidad, fueron cruciales para su candidatura presidencial de 2000–.

Es reconfortante que Gore haya cambiado de opinión dada la evidencia. Pero existe una lección más amplia. Un coro de voces de izquierda y derecha se pronuncia en contra del respaldo gubernamental a los biocombustibles. El problema, como ha dicho Gore, es que “resulta difícil, una vez que se implementa un programa de esta naturaleza, lidiar con los grupos interesados que lo mantienen en pie”.

Los políticos no pueden frenar este tipo de comportamiento ávido de regalías. Pero pueden diseñar políticas bien pensadas que maximicen el bienestar social. Desafortunadamente, cuando logran hacer ver estas políticas como un freno al calentamiento global, como protección del medio ambiente o generación de “empleos verdes”, existe una tendencia a tomar decisiones apresuradas.

El respaldo del gobierno a los biocombustibles es solo un ejemplo de una política “verde” de reacción automática que crea oportunidades lucrativas para un grupo de empresas en defensa de sus propios intereses, pero que hace muy poco para ayudar al planeta. Consideremos el respaldo financiero que se les brindó a las empresas de energía renovable de primera generación. Alemania estuvo a la cabeza a la hora de instalar páneles solares, financiados por 75.000 millones de dólares en subsidios. ¿El resultado? Una tecnología solar ineficiente y poco competitiva instalada en los techos de un país que suele estar bastante nublado, que suplió un irrisorio 0.1% de la demanda total de energía de Alemania y que pospuso siete horas los efectos del calentamiento global en 2010.

Dadas las apuestas financieras, no sorprende que las empresas de energía alternativa, las firmas de inversión “verde” y los productores de biocombustibles estén respaldando fuertemente las peticiones de una mayor generosidad gubernamental, y que estén presentando su causa directamente ante la población, al resaltar sus supuestos beneficios para el medio ambiente, la seguridad energética y hasta el empleo –ninguno de los cuales resiste un escrutinio–. “El acuerdo con Nascar llevará el etanol estadounidense a la estratosfera”, declaró Tom Buis, máximo responsable ejecutivo de Growth Energy, la asociación de comercio de etanol.

Al menos la decisión de un grupo ya está tomada: los contendientes presidenciales. En Iowa, el posible candidato republicano Newt Gingrich se mofó de los “ataques de las grandes ciudades” por los subsidios al etanol. Y, en lo que debe ser música para los oídos de la industria, un funcionario de la administración Obama declaró que, incluso en medio de los precios más altos de los alimentos que el mundo haya visto hasta la fecha, “no existe ninguna razón para levantar el pie del acelerador” en cuanto a los biocombustibles.

En realidad, existen millones de razones –todas ellas sufriendo innecesariamente– por quienes se deberían aplicar los frenos.

Fuente: El Malpensante.com

domingo, 28 de marzo de 2010

Sistema transgénico y monocultivo: Un pobre sistema que enriquece a pocos


A la luz de los acontecimientos, tanto históricos como actuales, relatados en infinidad de documentos disponibles y dados a conocer a través de la información suministrada por instituciones y organismos dedicados a la investigación del tema, el sistema transgénico de producción agraria no ha sido del todo benigno ni ha aportado los beneficios prometidos para satisfacer las necesidades crecientes de alimentación de la población mundial en la medida en que se requiere; sin que el costo ambiental y humano supere sus cuestionables bondades.

Más allá de la composición y de los atributos científicos de los cultivos transgénicos, sus bondades o defectos, creo que el principal problema anexo a este sistema estriba en el uso y abuso por parte de los grandes conglomerados empresariales, que anteponen sus intereses monetarios desmedidos en detrimento del bienestar social y del derecho de la gente de gozar de un medio ambiente que le permita su desarrollo integral como parte activa de este mismo.

Los beneficios monetarios que representan para los grandes terratenientes el monocultivo de soja o maíz, destinados principalmente para la exportación, se anteponen a las necesidades alimentarias de países como los latinoamericanos, que teniendo gran capacidad de producción de variedades agrícolas constituyentes de la dieta básica y tradicional de sus habitantes, entran en el espiral de escasez y de empobrecimiento casi generalizado de la población.

La deforestación, la degradación de la capacidad productiva de los suelos, el hambre, la desnutrición infantil, el creciente índice de malformaciones en los recién nacidos, la contaminación hídrica de fuentes de consumo domestico, la contaminación atmosférica de zonas aledañas a los monocultivos transgénicos, son algunas de las más puntuales evidencias y consecuencias de la practica sistemática y extendida de fumigación con herbicidas y plaguicidas de alto poder para garantizar el máximo aprovechamiento de la especie cultivada.

La concentración de la propiedad y de la capacidad de producción en pocas organizaciones (o pocas manos) socava la posibilidad de acceso de la población más necesitada y de escasos ingresos, a los beneficios de una adecuada alimentación, en primera instancia, por los altos costos de los alimentos básicos propiciados por su disminuida producción ante el repunte de los monocultivos de soja y maíz, y en segunda instancia por el bajo contenido nutricional de los alimentos a los cuales pueden acceder, ya sea por las características propias de los mismos o por la pérdida progresiva de la capacidad productiva de los suelos en los que se cultivan.

La creciente expansión de las áreas de monocultivos transgénicos ha generado el desplazamiento de la población rural hacia los centros urbanos en busca de mejores alternativas para subsistir, objetivo utópico dada la creciente proporción de miseria y de pobreza como consecuencias del alto índice de desocupación y subempleo que agobia a las grandes ciudades de esta parte del planeta. La presión que ejerce en los sectores rurales la creciente expansión de la frontera productiva de cultivos transgénicos, desarticula la endeble estructura social de la población latinoamericana transfiriendo problemas del campo a la ciudad y acrecentándolos en la medida en que las soluciones no aparecen.

Con el actual modelo agroalimentario no se va a lograr el objetivo de alcanzar la seguridad alimentaria para la creciente población mundial. No es más que un modelo dominado por grandes conglomerados empresariales transnacionales que controlan las tecnologías y todos los eslabones relacionados con la cadena de suministros, desde el capital financiero hasta la distribución final.

Se requiere un nuevo modelo incluyente, equitativo en la distribución de los beneficios y soportado sobre bases sustentables que permita el desarrollo de las generaciones actuales y futuras.

Nelson Vásquez Castellar

sábado, 5 de diciembre de 2009

La variabilidad, una constante en nuestro clima


Siguiendo con la temática referente a identidades conceptuales como tiempo y clima, y a fenómenos (o tendencias de las variables atmosféricas o climatológicas) como el calentamiento global y el cambio climático, resulta interesante esta vez adentrarnos en la concepción de lo que se conoce como variabilidad climática, sus escalas temporales y los fenómenos que se le asocian. Esto con el fin de hacer un aporte a la comprensión de la situación actual, en la que somos agentes activos en la determinación de condiciones de vida propicias o no para el afianzamiento de las generaciones actuales y su continuidad en las generaciones futuras. Y cuando hablo de condiciones, hago referencia al entorno ambiental que envuelve o rodea al ser humano para permitir su desarrollo como especie viva, lógicamente haciendo hincapié en el clima, objeto principal de este escrito.

Desde tiempos remotos, o más bien desde su aparición, la vida del hombre ha estado ligada por completo a las condiciones climáticas de su entorno físico. Estas, han moldeado sus hábitos, sus rasgos culturales, han sido determinantes en la expansión o contracción de la población en determinados momentos de nuestra historia, en la escasez o abundancia de alimentos (y a su vez en la práctica del nomadismo o el sedentarismo), en las estructuras jerárquicas de sus sociedades, y en sus creencias. Tal como son determinantes hoy, aunque generalmente omitimos esa realidad creyendo en la perpetuidad de las condiciones de equilibrio climático que conocemos y en las cuales hemos vivido por mucho tiempo..

Ese continúo cambio de las condiciones climáticas a través de la historia, estudiado y conocido gracias a los métodos directos e indirectos de estudio de los climas del pasado propios de la Paleoclimatología, y generados por diversidad de factores naturales internos o astronómicos, a pequeña o gran escala temporal, ayudan a configurar, a través de su conocimiento, lo que constituye variabilidad climática y cambio climático; y a salir un poco de las confusiones y ambigüedades en las que se cae cuando se tratan estos temas. Sobre lo primero trataremos a continuación.

Si ahondamos un poco en la Paleoclimatología podemos conocer a grandes rasgos la continua sucesión de cambios climáticos que ha experimentado nuestro planeta; caracterizados por la superposición progresiva de unas condiciones de equilibrio sobre otras, manifestados en la intercalación entre épocas cálidas y glaciaciones (cuando nos remitimos a períodos más remotos en donde la unidad de medida es el millón de años e incluso cientos y miles de millones de años), o como a partir de períodos más recientes (los tres millones de años atrás cuando se acentuó el enfriamiento, donde a lo sumo hablamos de de miles de años), entre períodos glaciares e interglaciares.

Esas condiciones de equilibrio a las que se hace referencia y que han sido relativamente constantes en el tiempo y en el espacio durante períodos apreciables, es lo que conocemos como clima. Claro está que su definición teórica es más sofisticada. Pero lo pertinente es resaltar que el clima está relacionado con el concepto de permanencia y que tiene como objeto el análisis de procesos atmosféricos en torno a sus valores promedios, los cuales son producto de de la evaluación continua de observaciones en largos períodos de tiempo, y que son conocidos como Normales climatológicas. Estas son fundamentales para definirlo y compararlo.

Ahora, cabe señalar que el clima de la tierra depende del balance radiativo; es decir, del equilibrio en que se encuentra al emitir tanta energía como la que recibe. Este balance radiativo está controlado a su vez por factores forzantes, factores determinantes y por la interacción entre los subsistemas constituyentes del sistema climático.

Los factores forzantes por excelencia son la energía electromagnética proveniente del sol, que es la fuente de energía que acciona los procesos atmosféricos, y el efecto invernadero propiciado por la presencia de gases como el vapor de agua, el dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso, etc., en la atmósfera. Los factores determinantes son las condiciones físicas y geográficas que influyen en aspectos relacionados con la transferencia de energía y calor. Entre las cuales podemos mencionar la latitud, la elevación, la distancia al mar, la composición del relieve, la hidrografía, y la vegetación como los más significativos. El sistema climático está constituido por la porción del planeta en la cual se producen las interacciones físicas que condicionan el clima de la superficie, a saber: la atmósfera, la hidrosfera, la criosfera, la litosfera y, por supuesto, la biosfera, de la que hacemos parte. Estos subsistemas son altamente interactivos dada la gran superficie de contacto entre sí y sus dimensiones, especialmente la horizontal.

Teniendo en cuenta lo anterior y dada su característica estabilidad (consecuencia de las estadísticas calculadas en períodos más largos que los propios de la variación de tiempo meteorológico), el clima presenta fluctuaciones a escalas relativamente cortas que es lo que se conoce como variabilidad climática, la cual está asociada con el registro de datos por encima o por debajo de las normales climatológicas. La diferencia registrada entre la variable analizada con respecto a la normal climatológica se conoce como anomalía.

Entonces, la determinación de la variabilidad climática se logra mediante la determinación de las anomalías, las cuales se hacen evidentes cuando los valores de las variables climatológicas (temperatura, presión atmosférica, humedad, precipitación, etc.) fluctúan por encima o por debajo de sus valores promedios.

Las escalas temporales más significativas en que se presenta este tipo de variación están dadas en orden mensual, estacional, anual y décadal (también se pueden dar en intervalos temporales más largos), presentando fenómenos asociados para cada uno.

Por ejemplo, la variación estacional, a la que corresponde la fluctuación del clima a escala mensual y la determinación del ciclo anual de los elementos climáticos, está asociada a la secuencia de las estaciones de invierno, primavera, verano y otoño en latitudes medias; y a la alternancia de temporadas lluviosas y temporadas secas en latitudes tropicales, producto, principalmente, de la migración de la zona de confluencia intertropical (ZCIT), que es una de las más importantes fluctuaciones climáticas asociadas a esta escala.

Existe una variabilidad intraestacional que es de las menos estudiadas y está fundamentada en las evidencias que existen de oscilaciones que dentro de las estaciones determinan condiciones de tiempo durante decenas de días o de uno a dos meses. Dentro de estas oscilaciones se destaca una señal de tipo ondulatorio denominada de 30 – 60 días u oscilación de Madden-Julian (OMJ). Esta oscilación se distingue por los amplios sistemas de precipitación que se desplazan por los trópicos, sobretodo sobre los océanos Indico y Pacífico, aunque también tiene incidencia en el atlántico tropical. Su pronóstico es fundamental, ya que está asociada a la formación o inhibición de los ciclones tropicales; además, afecta también el tiempo en latitudes medias durante el invierno.

La variabilidad interanual acopla las variaciones climatológicas que hacen presencia de año en año, y puede estar relacionada con el balance global de radiación. Uno de los fenómenos enmarcados dentro de este tipo de variabilidad es el tan estudiado y conocido Niño – Niña (ENSO). Un fenómeno océano-atmosférico de escala planetaria que se presenta desde tiempos remotos (en el siglo XIII ya era conocido por los incas. Le llamaban “Timpu Llato”: tiempo caliente) y que tiene como principal escenario de actuación el océano pacífico tropical. Su presentación es tan irregular como sus consecuencias, pero definitivamente está ligado a la variabilidad del clima a corto plazo.

Los fenómenos asociados a las escalas temporales señaladas están caracterizados, a su vez, por fenómenos de tiempo atmosféricos de diferentes dimensiones espaciales y grados de intensidad que impactan de forma significativa el desarrollo de las actividades del ser humano en diferentes lugares o regiones donde son característicos. Hacen parte de la fluctuación normal del clima y por si solos no constituyen, por muy extremos que sean, fundamento valido para hablar de cambio climático. Solo cuando las anomalías obedecen a una tendencia de largo plazo (30 años o más) y se modifican los patrones normales, podemos hablar en estos términos, aunque a veces con cierto maquillaje propagandístico, y en diferentes vías, se nos intenta confundir.

Sobre el calentamiento actual y su tendencia no existe discusión, hay suficiente consenso. Está documentado hasta la saciedad que a partir de 1860 con la finalización de la pequeña edad de hielo, entramos en un período de calentamiento (aunque han existido períodos cortos de enfriamiento) que aún hoy persiste y probablemente se extenderá. Donde no existe total consenso científico es en cuáles son los factores forzantes de ese incremento progresivo de la temperatura media global. ¿Natural, antrópico o ambos a la vez? De ser los dos ¿Cuál tiene mayor incidencia? Son algunas de las preguntas más frecuentes y a las que se busca responder con más certezas.

Pero independientemente de las respuestas, tenemos que hacer nuestra parte.


Nelson Vásquez Castellar
www.cambioclimatico.com

Fuente: Atlas climatológico de Colombia - IDEAM
El cambio climático global - Vicente Barros
El largo verano - Brian Fagan
Imagen: Desde la optica de un niño.

martes, 27 de octubre de 2009

Temática: Efecto invernadero, Calentamiento global y Cambio climático


A la luz del devenir cotidiano relativo a la preocupación que existe en torno al incremento progresivo de la temperatura media global del planeta durante los últimos 100 años aproximadamente; así como de las manifestaciones asociadas a este fenómeno, palpables en algunas regiones en mayor medida que en otras, es considerable hacer claridad en cuanto a la real concepción de cierta terminología de la que se hace uso cuando nos referimos a la dinámica climática de nuestros días.

Se habla del Efecto invernadero como si fuera algo nuevo, una amenaza que nos acecha por los pecados cometidos contra el planeta, dejando de lado o desconociendo su importancia en la configuración de la Tierra como un planeta habitable. Se hace referencia a los términos calentamiento global y cambio climático indistintamente, especialmente cuando hay manifestaciones meteorológicas que se salen de los promedios, pero incluso también cuando ocurren sucesos relacionados más con las deficiencias de infraestructura de los lugares en donde tienen ocurrencia que a evidencias puntuales de una variación inusual de tiempo atmosférico que pueda ser asociada al calentamiento global, tales como inundaciones, desbordamientos o deslizamientos de terrenos. La lista es amplia y la real dimensión del problema relacionado con el aumento de la temperatura global es opacada por la ambigüedad con la que es tratado por algunos medios de comunicación al informar a la opinión pública, o cuando con cierto cálculo político el tema es utilizado por algunos personajes, especialmente gobernantes, para desviar la atención sobre otros temas.

Como el uso de estos términos se ha hecho tan común, en ocasiones sin saber si a lo que nos referimos guarda relación o no con estos, se intentará hacer claridad en torno a lo que son los fenómenos de Efecto invernadero, Calentamiento global y cambio climático. (Previamente se recomienda la lectura del artículo Clima, tiempo y calentamiento global como base para el afianzamiento de los conceptos reseñados).

Sus características fundamentales y sus distinciones se esquematizan a continuación:

La tierra recibe radiación electromagnética proveniente del sol, la cual es transportada en bandas de longitudes de onda comprendidas entre 0.15 y 4.0 micrones. De esta radiación, el 9%, aproximadamente, pertenece al ultravioleta, el 45% al espectro visible y el 46% al infrarrojo. Por esto, algunas veces se dice que la radiación solar es una radiación de onda corta. Solamente el 43% de esta radiación es realmente absorbido por la superficie terrestre, el resto lo absorbe la atmósfera en cantidades mínimas o es reflejado y difundido por el suelo y la atmósfera.

La radiación ultravioleta es absorbida, en su mayor parte, por el ozono estratosférico. El vapor de agua es el gas que absorbe la radiación visible en cantidades importantes, aunque también lo hacen en menor medida, las nubes y los polvos de acuerdo al momento. Las nubes reflejan gran parte de la radiación cuando están presentes, mientras que otros gases y partículas atmosféricas la difunden en diferentes direcciones, parte de esa radiación llega al suelo como radiación difusa. De tal manera que la radiación que llega al suelo es la suma de la radiación directa y de la difusa, suma que recibe el nombre de radiación solar global.

La energía de onda corta emitida por el sol se convierte en calor. La tierra remite a la atmósfera esta energía como radiación infrarroja en la banda de 4.0 y 80 micrones que es radiación de gran longitud de onda, y constituye la que comúnmente se le llama radiación terrestre. Una parte de esta radiación terrestre sale hacia el espacio, mientras que otra parte es absorbida por algunos gases que minoritariamente están presentes en la atmósfera, tales como vapor de agua (H2O), dióxido de carbono (CO2), ozono (O3), metano (CH4), oxido nitroso (N2O) y algunos aerosoles, entre otros. Estos gases tienen la particularidad de permitir la penetración de la energía solar hasta la superficie terrestre pero atrapan selectivamente el flujo ascendente de radiación infrarroja emitido por la Tierra. Generando así un efecto protector denominado “efecto invernadero”.

Este efecto produce un calentamiento general de la atmósfera baja y de la superficie terrestre. Gracias a su existencia, la temperatura media del planeta se eleva a +15°C, es decir, 33°C más que la que esta tendría si estos gases no estuvieran presentes en la atmósfera.

Desde la revolución industrial, en el siglo XVIII, las actividades humanas (industriales, domesticas y comerciales), han sido capaces de modificar el beneficioso efecto natural que proporcionan los gases atmosféricos mencionados. Así, la combustión de combustibles fósiles, la destrucción de las selvas tropicales y otras actividades llevadas a cabo por el hombre han contribuido con el incremento de la presencia de CO2 en un orden aproximado del 25% desde 1860, así como del metano y el oxido nitroso. Esto ha conllevado a un efecto invernadero repotenciado, es decir, mayor que el originado por procesos naturales.

El calentamiento progresivo de la tierra debido a dichas actividades es el fenómeno al cual se le denomina Calentamiento global. Los registros de mediciones indican un aumento de aproximadamente 0.6°C en la temperatura media mundial desde fines del siglo XIX, teniendo repercusiones en la elevación del nivel medio del mar, en la disminución de la capa de nieve en las latitudes medias y altas del hemisferio norte, en el retroceso de casi todos los glaciares montañosos presentes en regiones no polares y en el incremento sostenido de las precipitaciones en algunas regiones del mundo y sequías en otras. Es el fenómeno de rigor al que nos enfrentamos hoy, un calentamiento global que ciertamente entraña importantes variaciones, no solo en la temperatura, sino en otras variables climáticas importantes para la vida y para las actividades productivas como la humedad, la precipitación y los vientos.

El término cambio climático hace referencia a las modificaciones del clima por causas naturales, ya sean cambios astronómicos, modificaciones en la cantidad de energía emitida por el sol, erupciones volcánicas o modificaciones en la vegetación, los cuales se han presentado alternadamente durante la historia del planeta.

El cambio climático se puede entender como la transición, debido a algunas de las causas mencionadas, a un nuevo estado de equilibrio, pero con nuevos valores promedios para algunas de sus variables. Cambios climáticos han ocurrido en el pasado y seguramente ocurrirán en el futuro, por diversas causas y no solo por cambios en la concentración de lo gases de efecto invernadero; pues el clima es un sistema dinámico que evoluciona con el tiempo. La geología aporta evidencias indicativas de que el clima de la tierra ha cambiado en el pasado en diferentes escalas de tiempo (millones, miles, cientos, decenas de años) en virtud de causas naturales; su existencia y la supervivencia de las especies han estado estrechamente ligadas a los cambios de clima.

Pero hoy, de continuar la tendencia que desde 1976 sigue el calentamiento global, la configuración de nuevas condiciones climáticas, aunque no precisamente de equilibrio, no se harán esperar y podría tener lugar un acontecimiento completamente inédito: un cambio climático cuyo principal forzante tendría como origen causas antropogénicas.

En orden de ideas podríamos considerar la siguiente secuencia: Un aumento en la concentración de gases de efecto invernadero (H2O, CO2, O3, CH4, N2O y algunos aerosoles), sobretodo dióxido de carbono (CO2), potencia dicho efecto, repercutiendo en el aumento progresivo de la temperatura media global de la baja atmósfera y de la superficie terrestre (calentamiento global), lo que paulatinamente, y de manera sostenida en el tiempo, conlleva la modificación de las condiciones climáticas iniciales a un nuevo estado (cambio climático).

Seguiremos con la temática.


Nelson Vásquez Castellar.

Fuente: LA TADEO, Calentamiento global más ciencia, mejores políticas.

martes, 13 de octubre de 2009

La gran pregunta: ¿Ha comenzado ya el cambio climático?


He aquí algunas consideraciones a tener en cuenta.

• El clima de la tierra ya se está ajustando a las emisiones pasadas de gases de invernadero. El sistema climático debe ajustarse a las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) a fin de mantener equilibrado el balance de energía mundial. Ello significa que el clima está cambiando y ha de seguir cambiando a medida que los niveles de gases de invernadero sigan subiendo. Los científicos en la actualidad están persuadidos de que en conjunto el volumen de pruebas ofrece un panorama del calentamiento del mundo y otros cambios en el sistema climático.

• Los registros de mediciones indican un aumento de 0.6ºC a 0.8ºC en la temperatura media mundial desde finales del siglo XIX. Estas observaciones son coherentes con las proyecciones de los modelos acerca de la envergadura del calentamiento hasta la fecha, en particular cuando se incluye el efecto refrigerante de los aerosoles. En gran parte, el calentamiento se produjo de 1910 a 1940 y de 1976 hasta la actualidad. En el hemisferio norte es probable que la velocidad y duración del calentamiento del siglo XX haya sido mayor que en cualquier otro período durante los últimos mil años. Además, es probable que el decenio de 1990 haya sido la década más cálida del milenio, y 1998, el año más caluroso.

• El nivel medio del mar se ha elevado de 10 a 20 cm. A medida que las capas superiores de los acéanos se calientan, el agua se expande y aumenta el nivel del mar. Los modelos indican que un calentamiento de 0.6ºC en efecto deberían dar como resultado el aumento del nivel del mar hasta la fecha. Pero otros cambios más difíciles de predecir, también afectan el nivel del mar real y aparente, en particular las caídas de nieve y el derretimiento de los casquetes polares de Groenlandia y la Antártica y el lento resurgimiento de los continentes septentrionales liberados del peso de los glaciares de la era de nieve.

• La capa de nieve ha disminuido un 10% desde finales del decenio de 1960 en las latitudes medias y elevadas del Hemisferio Norte. Es también muy probable que durante el siglo XX la duración anual de la capa de hielo de los lagos y los ríos se haya acortado en cerca de dos semanas. Durante este tiempo han retrocedido también casi todos los glaciares montañosos registrados en regiones no polares. En las últimas décadas la extensión del hielo del Mar Ártico en primavera y en verano ha diminuido en cerca de 10 – 15%, y el hielo probablemente ha adelgazado en un 40% durante fines del verano y principio del otoño.

• Hay más precipitaciones en muchas regiones del mundo. Se ha medido un aumento de 0.5-1% por década en la mayoría de las zonas de latitudes medias y elevadas en los continentes del Hemisferio Norte, acompañado por una expansión del 2% de la capa de nubes. Las precipitaciones de tierras tropicales (10ºN – 10ºS) parecen haber aumentado en un 0.2 – 0.3% por decenio. Por otra parte, durante el siglo XX se ha observado en las zonas terrestres subtropicales del Hemisferio Norte (10-30ºN) una disminución de cerca del 0.3% por década. En algunas partes de Asia África parecen haberse agravado la frecuencia e intensidad de las sequías.

• La manera en que el clima ha cambiado durante el siglo XX es coherente con lo que se había previsto a raíz de los aumentos en los gases de efecto invernadero y los aerosoles. Las pautas de calentamiento resultantes de observaciones espaciales son coherentes con las previsiones de los modelos. Por ejemplo, las mediciones realizadas en la superficie desde globos y satélites muestran que bien si la superficie de la Tierra se ha estado calentando, la Estratosfera se ha enfriado. Además, la Tierra se calienta más lentamente por encima de los océanos que sobre la tierra, en particular en las regiones oceánicas en que el agua de la superficie se mezcla hacia abajo, distribuyendo el calentamiento hacia las profundidades de los océanos. Otro ejemplo es la reducción del calentamiento en las zonas afectadas por los aerosoles.

En general hay pruebas nuevas y más concluyentes de que en gran parte el calentamiento observado en los últimos 50 años puede atribuirse a las actividades humanas.

Tú ¿Qué opinas?

Fuente: Carpeta de información sobre el cambio climático. PNUMA, OMM, OMS Y UNFCCC
Imagen: reta.eu
www.cambioclimatico.com

martes, 14 de julio de 2009

Calentamiento global, ¿A que tememos?


Asociado a la teoría del calentamiento global encontramos el miedo a la catástrofe, a lo que está por venir, a las consecuencias derivadas del aumento progresivo de la temperatura global del planeta si la tendencia actual continúa su curso y las predicciones se concretan; o lo que es peor, si no se sigue haciendo nada para intentar revertir esa tendencia.

Tememos básicamente a que el clima cambie y con el se vea afectado el rendimiento agrícola en diferentes regiones del planeta y consecuentemente disminuya la producción de alimentos, a que se reduzcan los aportes de agua dulce, a que suba el nivel del mar y aumenten los desastres, a la proliferación de enfermedades fruto de la destrucción y el caos cuando se conjugan con pobreza y desatención; entre otras consecuencias más que disminuyen en su grado de priorización.

Pero cabe resaltar que esas circunstancias a las que les tememos gran parte de la población hoy, las han venido padeciendo durante mucho tiempo millones de personas en el mundo cuyo número en la actualidad antes que disminuir aumenta, quienes no han tenido que padecer los efectos de un cambio climático abrupto para hacerse a la herencia de la exclusión y la precariedad con sus más afamados caracterizadores: Insalubridad, desnutrición, desempleo, analfabetismo, etc. A estas masas desatendidas poco le interesan los efectos que se puedan originar del temido calentamiento global, pues ellos ya lo han padecido casi todo, ya saben de antemano que en la lucha contra este fenómeno ellos son los primeros en la línea de batalla aún cuando su contribución al problema haya sido casi nula; otros, sabemos que el problema no es tomado con la seriedad que se merece, sino, que es utilizado como comodín por muchos gobiernos para seguir desatendiendo problemas estructurales que golpean a la sociedad tanto como lo podría hacer en un futuro el calentamiento global; o, como justificación para no incorporarlos al desarrollo y seguir manteniendo los privilegios de las minorías en las cuales se concentra la riqueza.

¿Acaso el hambre no es el principal flagelo que asota a gran parte de los países africanos e innumerables regiones de Asia y América latina cuando en otros lugares hay abundancia de alimentos? ¿No son hoy los pobladores de zonas subnormales asentadas en la ribera de los ríos, en sitios aledaños al mar y las faldas de montañas las principales victimas de inundaciones, deslizamientos y otro tipo de desastres asociados a fenómenos meteorológicos? ¿No son victimas los pobladores de estas zonas de múltiples enfermedades curables que causan su muerte por falta de recursos y atención médica? ¿No son también victimas del no suministro de agua potable por falta de acueductos o por contaminación de fuentes naturales por parte de la industria? El calentamiento global es una realidad, una amenaza para las futuras generaciones, un problema que debe ser enfrentado con estrategias coherentes; pero no una excusa para desviar y derrochar recursos que podrían ser invertidos para mejorar realmente las condiciones de vida de muchos que hoy carecen de los medios más básicos de subsistencia.

Pero en el trasfondo de todo, por lo que realmente se teme es ir en dirección a la desposesión de los privilegios, excentricidades y comodidades con que cuentan los habitantes de países que por su grado de desarrollo hacen parte de las esferas de poder. Existe un miedo por ser despojados de su derrochadora forma de vivir que es, entre todas, la principal de las causas del daño ecológico y la contaminación en nuestro planeta, que en ultimas repercute como una amenaza tanto para los unos como para los otros. Existe la preocupación de que se esfumen los innumerables beneficios que han sido proporcionados por el tipo de desarrollo escogido, un desarrollo que se fundamenta en un absolutamente insostenible consumo de recursos.

En realidad quienes más tienen que perder son los países ricos, los llamados desarrollados, no solo porque son los que más ven amenazada su forma de vida; sino, por el gran impacto que tienen sus acciones en la vida del planeta. Por Ello son a quienes más corresponde actuar para conocer mejor el problema y para combatir sus efectos negativos.

Las estrategias a llevar a cabo para combatir el calentamiento global no eximen de la responsabilidad de instaurar y llevar a cabo políticas de inclusión de los más necesitados al desarrollo, un desarrollo que se fundamente en garantizar un nivel de vida digno para todos sin victimizar el medio ambiente, la sostenibilidad y el dinamismo de la vida en nuestro planeta.

Sea cual sea la fuente o la causa principal, el calentamiento global sigue progresando, pero no así el compromiso, salvo de unos pocos, de hacer lo posible por intentar revertir la tendencia hacia un nivel de incremento de la temperatura global que ocasione un cambio climático de considerables proporciones.

Si los temores fueran los que normalmente se esgrimen, entonces hoy, más allá de la simple retórica, lucharíamos conjuntamente contra la pobreza, el hambre y un mejor hábitat para todos.

Entonces, sería bueno preguntarnos ¿A que tememos realmente?



Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com

miércoles, 25 de marzo de 2009

CLIMA, TIEMPO Y CALENTAMIENTO GLOBAL



El progresivo incremento de la temperatura media global impulsado principalmente, según estudios realizados y de acuerdo a los registros, por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero se constituye como uno de los desafíos que debe enfrentar la humanidad en el presente siglo dada la tendencia hacia un posible cambio climático. Aunque difieren las apreciaciones y los puntos de vista en cuanto al tiempo estimado en que se podría pasar la línea de no retorno hacia la percepción de condiciones totalmente diferentes a las actuales, y con relación a la posibilidad de que estas se den, un punto coincidente de la discusión es el calentamiento del sistema climático a un ritmo acelerado en los últimos 35 años.

Las manifestaciones de dicho calentamiento son claras. Al margen de las noticias llamativas con tintes catastrofistas, no se puede negar que el sistema climático está respondiendo positiva y sistemáticamente a ese incremento de temperatura; así lo deja ver el último informe del IPCC. Sin embargo, aún son muchas las cosas que ignoramos sobre todo cuando intentamos abordar un concepto tan complejo como el cambio climático, o lo intentamos simplificar a la simple explicación de las evidencias actuales o imputándole la ocurrencia de cualquier evento meteorológico. Es normal hoy ser presa del boom informativo que ha despertado este tema, abundante en noticias a medias y sin el rigor educativo con el cual debe ser comunicado. Aun así el calentamiento global es una realidad.

Los cambios climáticos han estado presentes durante la vida del planeta y han sido determinantes a la hora de establecer las diferentes etapas por las cuales este ha pasado, desde los eones hasta las épocas en que está dividida la historia de la tierra, pero han sido incubados durante el paso de miles de años, pasando de etapas muy frías a otras muy cálidas. En esa alternancia, además de otras características, se ha mantenido el funcionamiento de las condiciones climáticas del planeta, tan diferentes ayer como hoy.

Para la muestra, el último período de clima favorable, casi parecido al actual (se llama Eemiense), duró entre 130.000 y 115.000 años atrás, antes del inicio de la última de las grandes glaciaciones del Cuaternario (llamada Würm); etapa en la que se presentó el último máximo glacial, en la que la temperatura media debió de ser 10 grados menor que la actual. La temperatura de las zonas cercanas a los polos estuvo alrededor de 15 grados menos que ahora y en las zonas ecuatoriales el enfriamiento fue tal vez solo 5 grados por debajo. El nivel del mar bajó a casi 150 metros menos respecto al de hoy y el Sahara, se estima que se extendía, no solo por gran parte de África, sino hacia todo Oriente Próximo y buena parte de Asia. Según los estudios, esto terminó hace aproximadamente 18.000 años y a partir de allí las temperaturas comenzaron a templarse; no sin antes presentar dos períodos de retrocesos hacia el frío, uno con un mínimo hace 15.000 años (Dryas antiguo) y otro con un mínimo hace 12.000 años (Dryas reciente). Después nuevamente se reanudó el progresivo aumento de la temperatura hasta alcanzar niveles parecidos a los de nuestros días hace unos 10.000 años. A partir de allí empieza la más reciente de las épocas, la cual conocemos como Holoceno.

Pero a pesar de la antigüedad del cambio climático es relativamente poco lo que se sabe al respecto, incluso no existe gran certeza con relación a las causas que desencadenaron su ocurrencia en algunas etapas del pasado remoto (algo lógico). Lo que se ha logrado conocer se le debe fundamentalmente a ciencias como la Geología y a la Paleoclimatología, las cuales, a través del estudio de restos fósiles, la corteza de los árboles y los testigos de hielo, han brindado información histórica a grandes rasgos en el tiempo, generalmente de millones de años en adelante, pero sin ser estrictamente precisos en etapas tan cortas como cientos e incluso miles de años. Por esta razón a la hora de dar a conocer apreciaciones u opiniones se debe ser muy cuidadoso.

Algunos de los errores más comunes, sobretodo en los medios de comunicación, es utilizar indistintamente los términos Calentamiento global y Cambio climático, y confundir que es tiempo y que es clima, además de sus cambios asociados y sus escalas temporales. Al respecto intentaré hacer claridad.

El calentamiento global es el incremento progresivo de la temperatura media del planeta propiciado hoy, fundamentalmente, por el incremento acelerado de los gases de efecto invernadero en la atmosfera, producto de las crecientes emisiones por parte de las actividades desarrolladas por la humanidad, sobretodo en lo que atañe a la industria, el desperdicio de recursos naturales y el cambio en los usos de la tierra.

Según el ultimo informe del IPCC, el aumento total de la temperatura desde 1850 hasta 2005 es de 0.76 grados Celsius, dato que es congruente con el aumento del contenido de vapor de agua (el gas de efecto invernadero más significativo y más potente como acumulador de calor) en la atmosfera, al menos desde el decenio de 1980, tanto en tierra como en los océanos, así como en la troposfera superior. Igualmente con las desviaciones que muestran que la temperatura media de los océanos ha aumentado hasta profundidades de más de 3000 metros, que los glaciares de montaña y la cubierta de nieve han disminuido como promedio en ambos hemisferios, que el nivel medio del mar se elevó a un ritmo medio de 1.8 milímetros anual desde 1961 a 2003 entre otros. Esta información es coherente con el comportamiento evidenciado y medido del nivel de gases de efecto invernadero, especialmente el Dióxido de carbono (CO2), presentes en la atmosfera.

El IPCC hace claridad en cuanto al aumento de las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso mundiales. El dióxido de carbono es el gas de efecto invernadero antropogénico más importante, su concentración ha pasado de un valor preindustrial de aproximadamente 280 ppm (partes por millón) a 381 ppm en 2006. El metano (CH4) ha pasado de una concentración de 715 ppb (partes por billón), en la época preindustrial, a 1732 ppb a principios de la década de los noventa, y su valor en 2005 era de 1774 ppb. El óxido nitroso pasó de un valor en la era preindustrial de 270 ppb a 319 ppb en 2005. Sin embargo cabe resaltar que no todo el aumento de la temperatura debe ser imputable a los gases de efecto invernadero.

Cambio climático es un concepto mucho más amplio, se concibe como el resultado ultimo de un proceso acumulativo, ya sea de calentamiento o enfriamiento, y que se sustenta en el cambio sostenido de los promedios de las variables climáticas durante un período de tiempo significativo. Se habla de cambio climático cuando más allá de las anomalías que caracterizan la variabilidad climática secuencial y periódica que ya se conoce, cambian las condiciones que caracterizan el sistema climático para dar paso a otras con fenómenos diferentes en clases, intensidades o frecuencias. Si mirásemos la clasificación climática mundial según Kôppen, podríamos conocer los aspectos que caracterizan cada clase de clima, y desde este punto cabría considerar que a nivel regional un cambio climático ocurriría cuando se pase de un tipo a otro.

Cuando se hace referencia a los cambios climáticos del pasado remoto, se entiende la sucesión de eventos cataclísticos que generaron cambios radicales en el planeta, desde su constitución morfológica hasta los componentes químicos de su atmósfera, pasando de etapas de excesivo calentamiento a glaciaciones por espacio de millones de años e incluso de miles de millones. En el período actual, el cambio climático que se prevé está influenciado por el calentamiento global del sistema atmosférico, sustentado en una serie de evidencias que indican que si continúa la tendencia actual llegaremos a un punto en donde habría condiciones climáticas radicalmente diferentes a las actuales en todo el planeta.

Los próximos cuatro años son cruciales, se cumplirán 35 años de calentamiento global sostenido, el más largo período calido desde la edad media (900 a 100 DC), tiempo en que se produjo el llamado “Pequeño Óptimo Climático”, que llevó a lo que se conoce como la “Pequeña Glaciación”, lo que nos pone de manifiesto la alternancia periódica entre ciclos de calentamiento y enfriamiento, con una gran diferencia en el momento actual: el hombre y su capacidad de incidir en la dinámica del sistema climático a través de su modelo de desarrollo.
En cuanto a la conceptualización de lo que es tiempo y clima también cabe hacer énfasis. Hoy es normal confundirlos y allí estriba la gran dificultad al momento de referirse a que constituye o no cambio climático.

Cuando se habla de tiempo, se hace referencia a las condiciones atmosféricas reinantes en un lugar y en un momento determinados, es decir, cual es el comportamiento de las variables meteorológicas en un momento preciso y cuales son los fenómenos meteorológicos (meteoros) asociados a ese estado específico. Se puede medir cada uno de las variables o parámetros con instrumentos o por observación a simple vista, y se pueden acumular datos referidos a muchos lugares y a muchos momentos. Este es el campo de estudio de la meteorología.
El clima, en cambio, no se puede medir, sino estimar con base en las mediciones acumuladas durante un período de tiempo no inferior a 30 años, y hace referencia a las condiciones normalizadas que caracterizan determinada región o lugar, amparadas en los promedios estadísticos de todas las mediciones acumuladas correspondientes a los diferentes estados del tiempo atmosférico. El clima es un concepto mucho más complejo que el de tiempo atmosférico por su escala temporal y porque entran en juego aspectos más allá de las variables estrictamente meteorológicas para determinarlo, tales como latitud, altitud, continentalidad, orografía, entre otras. Es una especie de radiografía a largo plazo del tiempo de todos los días, un promedio del tiempo que elimina los datos extremos proporcionando un medida de normalidad del tiempo. Por ello es que no podemos asociar a cambios de clima la ocurrencia de cualquier evento meteorológico por más alejado que esté de los promedios sino obedece a una tendencia o a un proceso seguido por un cambio en los patrones que sustentan las condiciones climáticas de una región o en este caso del planeta.

Confundir estos dos conceptos puede llevarnos a malas interpretaciones, pues, no es igual la predicción del tiempo que la predicción climática, y cuando se habla de cambio climático estamos hablando de períodos de tiempo apreciables como ya se ha comentado en anteriores líneas.
Sin embargo la tendencia actual de calentamiento causa inquietud dadas las evidencias que existen y que sustentan la teoría de que nos aproximamos a un posible cambio climático que puede ser nefasto para la humanidad, aunque al respecto falta bastante por conocer.

No nos queda otra que hacer los esfuerzos necesarios que estén a nuestro alcance porque el calentamiento global es una realidad y sea poca o mucha la incidencia antropogénica en la tendencia a un posible cambio climático, tenemos que hacer nuestra parte.

Nelson Vásquez Castellar
metparatodos@gmail.com